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Carrigaline sorprende al campeón y abre nuevas posibilidades

La campaña apenas llevaba una hora de vida y ya parecía una noche de septiembre. En Ballinhassig, Carrigaline no solo derrotó al campeón del condado. Le cambió el mapa al grupo, quizá a toda su temporada.

Con este golpe, el camino hacia los cruces se despeja: ahora les basta una sola victoria más, no las dos que marcaba el guion previo. Y si en las próximas semanas logran tumbar también a Mallow y Douglas, el premio puede ser todavía mayor: primer puesto de grupo y billete directo a semifinales. Es pronto, sí. Pero cuando llegas al feudo del campeón y lo dejas en solo tres anotaciones durante la última media hora, te has ganado el derecho a mirar el calendario con ambición.

Carrigaline ya puede pensar, como mínimo, en un segundo cuarto de final consecutivo. Con un arranque así, resulta casi imposible que no vuelvan a la fase decisiva.

El campeón manda… hasta que se apaga

Con un viento notable a favor, St Finbarr’s se marchó al descanso por delante, 1-10 a 1-7. Parecía el libreto esperado: el campeón imponiendo jerarquía, manejando el ritmo, castigando cada error rival.

Nada más reanudarse, un mark de Rickey Barrett y un libre lejano de Steven Sherlock, solo interrumpidos por un punto de Éanna Desmond, estiraron la renta de tres a cinco puntos. 1-13 a 1-8 a los 34 minutos. El partido pedía sentencia azulgrana.

Pudo llegar. De hecho, casi llegó. Barrett tuvo el gol en la mano tras otro balón ganado por Brian Hayes en el saque inicial del segundo tiempo, pero su disparo fue sacado sobre la línea por Bríain Murphy. Esa intervención mantuvo con vida a Carrigaline. A partir de ahí, la noche giró.

St Finbarr’s se adelantó hasta ese 1-13 a 1-8… y después se quedó clavado. Desmond recortó a cuatro, Sherlock falló un libre de dos puntos muy dentro de su rango y Cillian Myers Murray acumuló dos tiros más desviados. En lugar de doblar la ventaja, el campeón se quedó seco: quince minutos sin anotar en un duelo que se le escurría entre los dedos.

El asedio blanco

Carrigaline olió sangre y no dudó. Ganó el cielo y ganó el suelo. Hizo con el saque de Darragh Newman lo mismo que St Finbarr’s había hecho con el de Sean Mellet en la primera parte: presión alta, lectura perfecta de trayectorias, segundas jugadas propias.

Tres libres convertidos voltearon el marcador hasta el 1-14 a 1-13 en el 43, dos de ellos transformados por un frío Niall Coakley. Newman intentó entonces cambiar el guion con un saque corto hacia Sam Ryan en el borde del arco. Los campeones progresaron con paciencia, moviendo el balón línea a línea, pero el intento final de punto de Brian Hayes se quedó corto. Otro aviso de que el viento del partido ya soplaba hacia el lado blanco.

St Finbarr’s necesitaba insistir en el juego corto para respirar. No lo hizo lo suficiente. Carrigaline cerró las líneas de pase cercanas con una presión coordinada, inteligente, que dejó al campeón hambriento de posesión y sin capacidad de imponer su habitual autoridad.

En ese contexto, Brian O’Driscoll y Éanna Desmond se movieron como si el campo fuera suyo. Atacaron espacios, se ofrecieron entre líneas, arrastraron defensores. Sus incursiones encadenadas se tradujeron en dos puntos seguidos y un 1-16 a 1-14 en el minuto 52 que ya olía a sorpresa grande.

Gol, reacción… y respuesta inmediata

El orgullo del campeón apareció cuando más lo necesitaba. Brian Hayes rompió líneas con una carrera poderosa, filtró un pase bombeado al corazón del área y Thomas Egan llegó desde atrás para rematar de puño a la red. Gol. St Finbarr’s de nuevo por delante. El tipo de acción que tantas veces ha cambiado partidos en este nivel.

Pero la ventaja duró un suspiro. Carrigaline no había llegado hasta ahí para doblar la rodilla. En el saque posterior, Kevin O’Reilly ganó el balón en el aire y, casi sin transición, Callum Barrett firmó el empate con un punto instantáneo. Golpe por golpe.

El tramo final fue de nervios y colmillo. El omnipresente Desmond, que ya había marcado el ritmo de la remontada, añadió más castigo: punto y libre convertido, bandera blanca y naranja para abrir una brecha de tres. El marcador ya gritaba shock.

St Finbarr’s aún tuvo una última bala. En el primer minuto del añadido, Hayes sacudió el larguero con un disparo que pudo cambiar la historia de la noche. El rebote cayó del lado de Carrigaline. También el partido.

Oficio de veterano, alma de equipo herido

Lo más llamativo del segundo tiempo no fue solo la remontada, sino la manera de construirla. Carrigaline manejó la posesión con una calma impropia de un equipo que solo lleva dos temporadas de regreso en la élite Premier Senior. Jugó como un bloque veterano, callejero, conocedor de cada truco del oficio.

Desmond terminó con 0-8, seis de ellos a balón parado. Brian Coakley aportó 0-4, también desde la línea de libres. Kevin McCarthy firmó el único gol de Carrigaline. Niall Coakley y Brian O’Driscoll sumaron 0-3 cada uno, mientras que Barrett y O’Reilly cerraron con un punto. Producción repartida, pero con un líder claro en el momento caliente.

Del otro lado, Sherlock se fue hasta 0-6, con tres aportaciones a balón parado, y Hayes dejó 1-3 y una actuación llena de carácter. Egan marcó 1-0, Myers Murray 0-2, y E Dennehy, B O’Connell, Barrett y W Buckley completaron con un punto cada uno. No bastó.

Todo esto llega tras unos meses durísimos fuera del campo para Carrigaline. Precisamente por eso, este resultado pesa más que dos puntos en la tabla. Es una noche que devuelve orgullo, que arranca sonrisas grandes y necesarias en el club.

Para el campeón, sin Billy Hennessy ni Ethan Twomey en la defensa del título, el camino hacia el ansiado doblete se alarga desde el primer día. Para Carrigaline, en cambio, la pregunta ya no es si pueden competir con cualquiera. La cuestión es hasta dónde están dispuestos a llevar este golpe de autoridad cuando llegue el otoño.

Carrigaline sorprende al campeón y abre nuevas posibilidades