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Corea del Sur a un mes del Mundial: Dudas y expectativas

A un mes de que ruede el balón en el Mundial de la FIFA, Corea del Sur vive una paradoja incómoda: tiene uno de los grupos más accesibles del torneo… y uno de los ambientes más enrarecidos de su historia reciente.

La designación de Hong Myung-bo como seleccionador en el verano de 2024 abrió una grieta que aún no se cierra. No fue un nombramiento popular, ni mucho menos. En los estadios, los aficionados pasaron de la habitual marea de banderas y cánticos a una banda sonora de abucheos dirigidos al banquillo y pancartas pidiendo la dimisión del presidente de la federación, Chung Mong-gyu.

Y cuando no protestaron, directamente dejaron de ir.

El 14 de octubre, ante Paraguay, solo 22.206 espectadores se sentaron en las gradas del Seoul World Cup Stadium, un recinto para 66.000 personas. Fue la peor entrada para un partido de la selección masculina en una década. Un mes después, contra Ghana en el mismo escenario, apenas 33.256 aficionados acudieron. Números pobres para un país que se acostumbró a llenar cualquier estadio cuando jugaba la absoluta.

Lo más llamativo: Corea ganó esos dos amistosos, y también el duelo intermedio ante Bolivia en Daejeon, arropado por unas 33.000 personas. Tres victorias, pero sin convencer a casi nadie. El fútbol fue plano, sin chispa, sin una idea clara que calmara los nervios de la grada.

Luego llegó el golpe de realidad.

En el año del Mundial, la selección arrancó con dos derrotas fuera de casa que encendieron todas las alarmas: 4-0 ante Costa de Marfil el 28 de marzo y 1-0 frente a Austria tres días después. Dos marcadores que no solo dañan la estadística; dañan la fe.

Un grupo “amable” y una exigencia ineludible

En medio de ese clima de desconfianza, el sorteo pareció tenderle la mano a Corea. El combinado asiático, número 25 del ranking mundial, quedó encuadrado en el Grupo A con México (15), Czechia (41) y Sudáfrica (60). Muchos analistas coinciden: es uno de los grupos menos feroces del torneo.

El calendario también ayuda. Corea debutará ante Czechia el 11 de junio a las 20:00 en Guadalajara (11:00 del 12 de junio en Corea), se medirá a México el 18 de junio a las 19:00 en la misma ciudad (10:00 del 19 en Corea) y cerrará la fase de grupos contra Sudáfrica el 24 de junio a las 19:00 en Monterrey (10:00 del 25 en Corea).

Tres partidos en territorio mexicano, dos de ellos en la misma sede. Poca carga de viaje, pocas excusas logísticas. En el primer Mundial coorganizado por tres países —México, Canadá y Estados Unidos—, Corea tendrá un itinerario casi de lujo.

El formato también se amplía: 48 selecciones, 12 grupos, y una fase eliminatoria que arranca con octavos de final ampliados a una ronda de 32 equipos. Pasan los dos primeros de cada grupo y los ocho mejores terceros. Con ese escenario, muchos expertos consideran que Corea debería superar la fase de grupos sin excesivo sufrimiento.

La pregunta ya no es si debe clasificarse. Es qué hará cuando llegue a los cruces.

Once Mundiales seguidos… y un techo que se resiste

Esta será la undécima participación consecutiva de Corea en un Mundial. Fuera de casa, solo ha superado la fase de grupos en dos ocasiones: Sudáfrica 2010 y Qatar 2022. El historial pesa, pero también alimenta una exigencia mínima: estar entre los 32 mejores.

El analista televisivo Kim Dae-gil se muestra relativamente optimista. “Creo que Corea llegará al menos a octavos de final”, señaló. Su argumento es frío, casi matemático: por nivel de rivales, el desgaste debería ser menor que en otras ediciones. En su cálculo, la selección coreana podría vencer a Czechia y Sudáfrica “seis veces de cada diez”. Y si se clasifica como primera o segunda de grupo, el cruce en la ronda de 32 sería, en teoría, abordable.

Kim pone el foco en dos nombres propios que sostienen buena parte del discurso ofensivo: el capitán Son Heung-min, ahora en Los Angeles Football Club, y el creador Lee Kang-in, cerebro del Paris Saint-Germain. Dos futbolistas capaces de inventar ocasiones de gol donde no parece haber espacio, ni tiempo.

Pero incluso su mirada positiva llega con un aviso en letras grandes.

“La diferencia entre titulares y suplentes es considerable”, advierte. La profundidad de banquillo no acompaña el talento de la primera línea. Para ir más allá de los octavos, Corea necesitará algo más que chispazos de sus estrellas: necesitará que el resto esté a la altura, que aparezcan socios fiables. Y, sobre todo, que jugadores como Son lleguen y se mantengan sanos.

Lesiones, falta de ritmo y una fe que se erosiona

Otros analistas ven el panorama con menos luz. Seo Hyung-wook, que inicialmente apostaba por una Corea capaz de alcanzar los octavos, ha rebajado su pronóstico: ahora la ve cayendo en la ronda de 32. La razón principal tiene nombre y apellido: Hwang In-beom.

El centrocampista del Feyenoord, pieza clave en las dos direcciones del juego, se lesionó el tobillo derecho en marzo con su club en Países Bajos. Se encuentra en plena rehabilitación, ya bajo la supervisión del cuerpo médico de la selección. Su ausencia, o incluso una presencia limitada, cambia el dibujo del equipo.

“Hwang es tan insustituible como cualquiera en esta selección”, subraya Seo. Y no es el único foco de preocupación. “Otros pilares no están rindiendo bien. Lee Kang-in y Kim Min-jae, de Bayern Munich, no han tenido muchos minutos en sus clubes”.

Seo concede que la gran virtud de Corea está en la química entre sus figuras afincadas en Europa: Son, Lee, Kim y compañía llevan tiempo jugando juntos y se conocen de memoria. Pero la lista de élite se acaba pronto. “El problema es que no hay muchos más como ellos”, resume. Y lanza una frase que golpea el orgullo del fútbol coreano: “En este momento, no creo que se pueda decir que haya alguien preparado para rendir a nivel realmente mundialista”.

Un plan ofensivo corto y un margen de error mínimo

El tercer analista, Park Chan-ha, coincide en el pronóstico: ve a Corea despidiéndose en la ronda de 32. Su crítica apunta directamente al modelo de juego de Hong Myung-bo.

“Este equipo tiene jugadores talentosos”, reconoce Park. “Sin embargo, a menudo sufre para generar ocasiones de gol”. La selección se apoya demasiado en acciones individuales, en destellos aislados para aprovechar las pocas oportunidades que fabrica. Esa fórmula puede funcionar en amistosos o clasificatorios, pero en un Mundial, ante rivales mejor estructurados, la cuerda se rompe.

Park recuerda las dos derrotas de marzo como un aviso serio: los problemas ya están sobre la mesa. Y si Hwang In-beom no llega en plenitud, o no llega, ese déficit creativo y de control se agrandará todavía más.

El partido que lo puede cambiar todo

Para Park, el duelo que marcará el destino coreano es el primero. “El partido contra Czechia será el más importante”, afirma. No lo plantea como una opción, sino como una obligación: es el encuentro que Corea “debe ganar”. Si no lo hace, avisa, se meterá en un lío serio.

Czechia no es un equipo de vocación ofensiva desatada. Se siente cómodo replegado, ordenado, esperando su momento. Justo el tipo de rival que puede atragantarse a una selección que ya sufre para abrir defensas cerradas. Si Corea se queda sin ideas en tres cuartos de campo, el debut puede convertirse en un muro psicológico.

Seo coincide en la relevancia del estreno. “En nuestra historia mundialista, el resultado del primer partido a menudo ha marcado el destino del resto del torneo”, recuerda. Y el calendario no concede tregua: México aparece en el segundo choque como un examen de máxima exigencia. “Si no ganamos el primero, estaremos en grandes problemas”, sentencia.

Kim Dae-gil, en cambio, mira hacia el segundo encuentro. A su juicio, el pulso ante México decidirá la cima del grupo. “Creo que Corea y México pelearán por el primer puesto”, apunta. Si su lectura se cumple, el margen de error en Guadalajara será mínimo, y no solo por los puntos: también por el impacto anímico de medirse a la selección más fuerte del grupo en plena fase de ajuste.

Una afición cansada, un técnico cuestionado y un Mundial que no espera

Mientras tanto, el reloj sigue descontando días. La afición, dividida entre el cansancio y la costumbre de creer en su selección en los grandes torneos, observa con recelo. Hong Myung-bo dirige un vestuario con talento, pero también una hinchada que ha perdido la paciencia mucho antes de que el balón eche a rodar en México.

El grupo ofrece un camino real hacia la ronda de 32. El formato amplía las opciones. La historia reciente demuestra que Corea sabe competir lejos de casa cuando se siente subestimada.

La cuestión, a estas alturas, ya no es si el calendario le ayuda. Es otra, mucho más incómoda: ¿está esta Corea preparada para aprovechar un Mundial que, por una vez, parece hecho a su medida?

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