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Dimisión de Maldini y Leonardo en la Nazionale

La nueva era de la Nazionale ha durado apenas dos semanas para Paolo Maldini. El mito del Milan, nombrado director técnico de Italia, presentó su dimisión este lunes, acompañado por su asesor Leonardo, tras un choque frontal con la cúpula federativa sobre el nombre del próximo seleccionador.

El desencadenante: la negativa a nombrar a Andrea Pirlo.

Un proyecto roto en 14 días

Maldini llegó a la FIGC con una idea clara: marcar una línea deportiva propia y blindar la autonomía de su cargo. Esa visión chocó de inmediato con las prioridades políticas e institucionales.

El presidente del CONI, Giovanni Malagò, y el entorno federativo rechazaron la candidatura de Pirlo, condicionada por la fuerte reacción política a su papel como embajador de marca de una casa de apuestas rusa. Para la FIGC, el coste reputacional era demasiado alto. Para Maldini y Leonardo, era una injerencia directa en su margen de decisión.

A partir de ahí, el proyecto empezó a resquebrajarse.

Thiago Motta, otra puerta cerrada

Maldini y Leonardo no se aferraron solo a Pirlo. Según diversas fuentes, intentaron virar hacia Thiago Motta, libre tras su brillante etapa en Juventus y Bologna. Un perfil joven, de ideas modernas, con recorrido para construir hasta el Mundial de 2030.

También ahí se encontraron con un muro. Malagò volvió a decir no.

El lunes, en una última conversación, el presidente trató de convencer a Maldini y Leonardo para que se olvidaran de Pirlo y de Motta y se centraran en dos nombres: Antonio Conte y Roberto Mancini. Dos entrenadores de peso, dos currículos incuestionables… pero dos apuestas que los responsables deportivos no querían asumir.

Conte y Mancini, candidatos que no convencen

En el caso de Conte, el problema no era futbolístico. Era de ciclo. Maldini y Leonardo veían en su historial un patrón: proyectos intensos, exitosos, pero casi siempre cortos, de dos años. Con el Mundial de 2030 a cuatro años vista, consideraban demasiado arriesgado entregar la Nazionale a un técnico con tendencia a cerrar etapas antes de tiempo.

Con Mancini, las dudas iban todavía más al fondo. El exseleccionador dejó el cargo en pleno proceso de clasificación para la Eurocopa 2024, dimitiendo en medio del camino para aceptar la oferta de Arabia Saudita pocas semanas después. Para Maldini y Leonardo, apostar por él ahora planteaba los mismos reparos que se le atribuían a Pirlo: credibilidad, coherencia y confianza en el largo plazo.

Aceptar a Mancini, argumentaron, significaba ignorar la forma en que se marchó en 2023. Y eso, para ellos, no encajaba con la reconstrucción que Italia necesita.

Ruptura total con la FIGC

La sensación para Maldini y Leonardo fue clara: sus decisiones técnicas quedaban supeditadas a equilibrios políticos y presiones externas. La negativa a Pirlo, el veto a Thiago Motta y el empuje insistente hacia Conte y Mancini se interpretaron como un intento de marcarles el camino desde arriba.

Cuando la autonomía deportiva se convirtió en una línea roja, la única salida fue la puerta.

Los dos presentaron su dimisión el lunes, dejando vacante un cargo clave justo en la antesala de una decisión determinante: la elección del próximo seleccionador. Malagò podría anunciar el nuevo técnico hoy mismo, coincidiendo con la reunión del Consejo de la FIGC fijada a las 12:00 CET.

Italia se encuentra ahora ante un escenario paradójico: sin director técnico, con dos de sus figuras más respetadas fuera del proyecto y con la elección del seleccionador condicionada por un pulso político que ha dejado cicatrices profundas.

La pregunta ya no es solo quién se sentará en el banquillo de la Nazionale. Es quién, a partir de ahora, mandará de verdad en el fútbol italiano.