pasiondecancha full logo

Inglaterra y su nuevo rumbo con Tuchel en la Copa del Mundo

Inglaterra llega a su 17ª Copa del Mundo con una idea fija: dejar de rozar la gloria y, por fin, agarrarla. Tras años de progresión con Gareth Southgate, la federación apuesta fuerte y entrega el timón a Thomas Tuchel, un técnico acostumbrado a finales, presión y noches grandes.

La plantilla invita al optimismo. Es un equipo equilibrado, con un centro del campo que mezcla músculo, criterio y recorrido, y que encuentra en Declan Rice su mejor reflejo: intenso sin balón, fiable en la salida, capaz de sostener al equipo cuando el partido se rompe. La gran incógnita no es el talento, sino el carácter. Inglaterra no puede permitirse otra vez el freno de mano en los momentos decisivos. Si se deja llevar por el miedo, volverá a quedarse a medio camino.

En la punta, el panorama es mucho más claro. Harry Kane llega en modo depredador. El delantero de Bayern Munich, máximo goleador histórico de la selección y con ocho tantos ya en Mundiales, vive una de las mejores temporadas de su carrera. Se mueve, asiste, cae a recibir y, sobre todo, define. Con un nueve así, Inglaterra sabe que cada llegada al área puede cambiar un torneo.

El reto es mental. Tuchel deberá convencer a un grupo acostumbrado a competir bien… pero no a ganar el último partido. El margen para las dudas se ha terminado.

Croacia: el último baile de una generación irrepetible

Croacia afronta su séptima participación mundialista con una pregunta en el aire: ¿queda gasolina para otra sorpresa? Zlatko Dalić y Luka Modric vuelven a liderar a una selección que ha desafiado la lógica en los dos últimos torneos, alcanzando una final y unas semifinales contra todo pronóstico.

Esta vez el escenario es distinto. Varios nombres clave han dejado atrás sus mejores años y el equipo ya no intimida físicamente como antes. Pero Croacia conserva algo que no se marchita tan rápido: la cabeza fría, la paciencia con la pelota y un estilo que encaja bien con el calor y los partidos espesos. Saben sufrir con la posesión, bajar el ritmo, dormir el encuentro hasta encontrar la rendija.

En defensa, el gran faro es Joško Gvardiol. El central de Manchester City fue uno de los mejores zagueros del último Mundial y se ha consolidado como pieza básica en la Premier League. Llega de una lesión complicada, una fractura en la tibia, y de su recuperación completa dependerá buena parte de la solidez croata. Con él a su máximo nivel, el bloque gana jerarquía, salida limpia y agresividad en los duelos.

Croacia ya no sorprende a nadie. Precisamente por eso, repetir hazaña tendría aún más mérito.

Ghana: talento disperso, Queiroz busca orden

Ghana se presenta a su quinta Copa del Mundo con la sensación de que siempre podría dar más de lo que ofrece. La materia prima está ahí, línea por línea, pero el equipo rara vez actúa como un todo. Lo reflejan los resultados recientes: cinco derrotas seguidas en amistosos antes de cortar la racha con un empate ante Gales. Demasiado vaivén para un grupo con aspiraciones.

Para cambiar la dinámica, la federación recurre a un veterano de mil batallas: Carlos Queiroz. Su sello es conocido. Equipos compactos, prioridad absoluta al orden defensivo y partidos de marcador corto. Ghana, si quiere avanzar, tendrá que aprender a ganar desde la solidez, no desde la improvisación.

El problema es que pierde a su gran foco creativo. Sin Mohammed Kudus, lesionado, al equipo le falta chispa entre líneas, desequilibrio en el uno contra uno, algo de magia en los últimos metros. Esa ausencia eleva todavía más el peso sobre Antoine Semenyo. El atacante de Manchester City viene de una temporada brillante, con 17 goles en la Premier League y el tanto decisivo en la final de la FA Cup. Sin embargo, el salto al escenario internacional aún no se ha producido: solo tres goles en 34 partidos con Ghana.

Queiroz necesita que Semenyo traslade su versión de club al torneo. Si no, el plan defensivo puede quedarse sin premio.

Panamá: evitar otra tormenta

Panamá regresa al Mundial por segunda vez con una herida aún fresca en la memoria: el 6-1 encajado ante Inglaterra en 2018, con Harry Kane firmando un doblete que dio la vuelta al mundo. Ese recuerdo condiciona, pero también enseña. Nadie en el vestuario quiere repetir una experiencia similar.

El equipo de Thomas Christiansen llega con resultados recientes aceptables, lo que explica un llamativo puesto 33 en el ranking FIFA. No es casualidad: el bloque compite, corre, se agrupa bien y ha aprendido a manejar los tiempos contra rivales de su nivel. Sin embargo, el amistoso perdido 6-2 ante Brasil les recordó, de golpe, la dureza del máximo nivel. Un mal día ante una potencia basta para arruinar cualquier plan.

El objetivo es tan humilde como realista: sumar el primer punto mundialista de su historia. Para lograrlo, Panamá deberá ser inteligente. Saber cuándo replegar y cuándo morder, gestionar la ansiedad y evitar caer en el intercambio de golpes con selecciones mucho más armadas. Un empate puede valer oro.

En un grupo con gigantes y aspirantes consolidados, Panamá no sueña con cuentos de hadas. Sueña con algo más sencillo, pero igual de histórico: salir del torneo con la sensación de que, esta vez, compitió de verdad.