Mbappé en el Real Madrid: ¿ha valido la pena su fichaje?
En el túnel del Bernabéu, camino al césped, los jugadores de Real Madrid pasan siempre por la misma frase de Alfredo Di Stéfano, grabada en la pared como un recordatorio y, estos días, casi como un reproche: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos».
El mito que sostuvo las cinco Copas de Europa consecutivas entre 1956 y 1960 dejó esa sentencia para la eternidad. Hoy resuena con una fuerza incómoda en un club que se asoma al final de su segunda temporada seguida sin levantar un gran título, con la grada señalando a sus estrellas y un vestuario revuelto.
Vinicius Junior, Jude Bellingham, Kylian Mbappé. Silbados. Florentino Pérez, abucheado. El hombre que encarnó el concepto de galáctico vuelve a escuchar el juicio del Bernabéu.
Y no es solo ruido exterior. La pelea en Valdebebas entre Aurelien Tchouameni y Federico Valverde, aireada la semana pasada, dejó al descubierto una toxicidad interna que ya se intuía. El foco, sin embargo, se ha ido estrechando hasta apuntar a un nombre propio: Mbappé.
El fichaje soñado que se ha vuelto debate
Cuando el francés aterrizó libre en junio de 2024, tras años de cortejo y negativas, la narrativa era otra. Real Madrid venía de firmar un doblete de La Liga y Champions League, con Bellingham y Vinicius Jr en pleno auge. La sensación era de ciclo dominante. La pieza que faltaba parecía haber llegado.
Un año y medio después, la pregunta se ha instalado en el club y en la ciudad: ¿ha merecido la pena este viaje?
Si se miran solo los números ofensivos, la respuesta parece obvia. Mbappé ha sido el máximo goleador del equipo en La Liga y Champions desde que llegó, con 77 tantos. Se llevó la Bota de Oro en la temporada 2024-25. En la reciente eliminación en cuartos de final de la Champions frente a Bayern Munich, fue de los pocos que sí estuvieron a la altura, con dos goles en la eliminatoria. Todo apunta a que acabará como máximo goleador del torneo, con 15 tantos, rozando el récord de 17 de Cristiano Ronaldo en la 2013-14.
Las cifras internas lo refuerzan: ha marcado casi el doble que cualquier otro compañero y absorbe la mayoría de las ocasiones del equipo. Incluso ha sobrepasado sus expectativas de gol, firmando siete más de los que dictaría la calidad de sus oportunidades.
Y, sin embargo, no basta.
En el siguiente partido en casa tras caer en Champions, el Bernabéu le dedicó una pitada sonora. Desde entonces, la crítica se ha extendido al terreno extradeportivo.
Un enfrentamiento en un entrenamiento con un miembro del cuerpo técnico, revelado en la previa de un duelo ante Real Betis el 24 de abril, se sumó al mal ambiente. También molestó su viaje a Italia con su pareja durante la recuperación de una lesión, pese a que su entorno aseguró en un comunicado que todo estaba “estrictamente supervisado por el club” y que las críticas se basaban en una “sobreinterpretación” que no reflejaba su compromiso diario.
El ruido crece. Y la duda se instala: ¿ha hecho Mbappé lo suficiente para justificar el terremoto que supuso su fichaje?
El caso contra Mbappé: talento que descompensa
En los despachos técnicos de Carlo Ancelotti ya olían el problema antes de que el francés posara con la camiseta blanca. Cuando su llegada desde Paris Saint-Germain estaba a punto de hacerse oficial, un miembro del cuerpo técnico señaló sus estadísticas sin balón. Lo que más les llamaba la atención no eran los goles, sino lo contrario: su escaso esfuerzo defensivo.
Les preocupaba el equilibrio del equipo. Entonces podía parecer un exceso de prudencia, casi pesimismo, en un Madrid que acababa de levantar su 15ª Champions con una plantilla descomunal. Hoy suena a advertencia cumplida.
En el acumulado de La Liga y Champions, Mbappé es el jugador de Real Madrid con menos entradas, menos interceptaciones y menos recuperaciones por 90 minutos. Más revelador aún: sus intentos de robo “reales” —sumando entradas ganadas, perdidas y faltas cometidas— son mínimos. En La Liga figura el último, puesto 461 de 461 futbolistas de campo, con apenas 0,6 intentos por partido.
Salvo contadas excepciones —algún Clásico, alguna noche grande europea—, ha sido el jugador que menos trabaja hacia atrás. Para una superestrella ofensiva no es necesariamente un pecado mortal, pero el problema se agranda cuando comparte once con otros galácticos de perfil similar como Vinicius Jr, Bellingham o Rodrygo.
Y ahí aparece otro nudo: la convivencia táctica con Vinicius Jr en el costado izquierdo.
Los mapas de toque lo dejan claro: ambos tienden a caer a la misma zona en la fase de creación. Se pisan. Se solapan. Han dejado chispazos brillantes, sí, pero lejos de la conexión fluida que en su día tuvieron Vinicius y Rodrygo. La sensación es de dos soles luchando por el mismo espacio.
La pregunta se hace inevitable: ¿quién pensó que dos atacantes dominantes de perfil zurdo eran una solución sostenible a largo plazo?
La duda no es solo estética. Es estructural. El equipo ha perdido gol colectivo. Madrid firmó 78 tantos en La Liga la pasada temporada y suma 70 en la actual con tres jornadas por disputarse. En la 2023-24, sin una referencia ofensiva tan marcada —con Bellingham actuando como falso nueve y Joselu como ariete de relevo—, el equipo se fue hasta los 87 goles. Paradójicamente, marcaba más cuando no tenía a un finalizador tan voraz.
La cuestión ya no es cuántos goles marca Mbappé, sino cuánto condiciona todo lo que le rodea. Y qué ocurrirá con los próximos talentos ofensivos que el club quiera incorporar si el ecosistema se adapta, casi en exclusiva, a sus necesidades posicionales.
A eso se suma la parte más delicada: la armonía del vestuario. Un líder se mide en los momentos difíciles, y no siempre ha aparecido como se esperaba.
Su fichaje llegó tras varios veranos de intentos fallidos. En su presentación, en julio de 2024, Florentino Pérez habló de un “gran esfuerzo” del jugador por venir. Pero su “no” de 2022 dejó cicatriz en la afición. Cuesta ver ese esfuerzo cuando es el futbolista mejor pagado de la plantilla y aún no ha levantado la Champions con la camiseta blanca.
El caso a favor: el espejo de Cristiano
Aun así, Mbappé sigue siendo uno de los mejores jugadores del planeta. Con todas las dudas actuales, nada impide imaginarlo como una de las grandes figuras del próximo Mundial con Francia.
Su mejor versión aparece cuando se siente protagonista absoluto. Ocurre con su selección. Con 19 años ganó el Mundial de 2018. En 2022 firmó un hat-trick en la final ante Argentina, algo que solo había logrado Geoff Hurst con Inglaterra. Perdió el título, pero dejó otra vez la sensación de jugador de época.
En Madrid, cuando el entonces técnico Xabi Alonso le dio más peso que a Vinicius Jr en el primer tramo de esta temporada, el francés respondió: se le vio más suelto, más constante, más decisivo.
Tiene margen de mejora, sobre todo sin balón, pero también tiene 27 años, está en plena madurez y le restan tres temporadas de contrato. Si el club decide apostar de verdad por él, la lógica deportiva dice que aún puede elevar su impacto.
El contexto también importa. El vestuario ha perdido voces pesadas como Karim Benzema, Toni Kroos y Luka Modric. En ese vacío de jerarquía, sostener a un futbolista que lidera por puro talento se vuelve casi una obligación. Aunque a veces se equivoque fuera del campo, Mbappé se ha mostrado como un comunicador hábil ante los micrófonos. Tras la denuncia de Vinicius Jr por insultos racistas del argentino Gianluca Prestianni en un play-off de Champions contra Benfica, el francés salió en defensa de su compañero con un discurso firme. Prestianni negó actos racistas y terminó sancionado seis partidos por conducta homófoba, no racista, pero la postura pública de Mbappé reforzó su imagen dentro del grupo.
La historia reciente del club también ofrece un espejo nítido: Cristiano Ronaldo.
El ídolo de infancia de Mbappé tardó en justificar su fichaje en términos de títulos europeos. En sus dos primeras temporadas, Madrid solo levantó una Copa del Rey. La primera Champions de Cristiano con el club no llegó hasta 2014, en Lisboa, ante Atlético de Madrid. Entre medias, hubo episodios enrarecidos. Como aquella frase de septiembre de 2012, tras no celebrar dos goles ante Granada: “Estoy triste y la gente del club lo sabe”.
El desenlace es conocido: cuatro Champions, récord histórico de goles y una huella imposible de borrar cuando se marchó en 2018.
La lección es evidente: a veces, con las superestrellas, la espera merece la pena.
La cuestión, hoy, no es si Mbappé tiene nivel para marcar una era. Eso está fuera de duda. La verdadera incógnita es si Real Madrid sabrá construir un equipo que haga honor a la frase de Di Stéfano sin renunciar al brillo del francés. Y si el Bernabéu tendrá paciencia para descubrir la respuesta.






