Mundial 2026: La huella del FC Barcelona en el torneo
Este es el Mundial más grande de la historia y, probablemente, el más azulgrana que se haya visto jamás. Estados Unidos, México y Canadá serán el escenario de un torneo en el que, mires donde mires, aparece una huella del FC Barcelona. Para el aficionado culé, el mando a distancia tendrá poco descanso: casi siempre habrá un motivo para dejar el partido puesto.
Una selección mundial con acento culé
La primera conexión es tan evidente como contundente: el vestuario actual del Barça se reparte por medio planeta. Dieciséis jugadores del primer equipo, distribuidos en ocho selecciones distintas, han hecho las maletas rumbo al Mundial. Es una cifra que habla de la dimensión competitiva de la plantilla y del peso del club en la élite internacional.
Pero la historia no termina en los actuales. El torneo se convierte también en un álbum de recuerdos: antiguos ídolos, proyectos que pasaron fugazmente por el Camp Nou, canteranos que crecieron en La Masia y hoy defienden otros escudos. El Mundial como gran escaparate… y como gran reunión de ex.
Messi, Neymar y una constelación conocida
El nombre que domina cualquier conversación es el de Leo Messi. El capitán de Argentina llega como vigente campeón del mundo y como figura central de una selección que defiende la corona conquistada en 2022. Cada minuto suyo en el torneo llevará inevitablemente un eco azulgrana.
En la poderosa Francia, subcampeona en la última edición, sobresale otro viejo conocido: Ousmane Dembélé, actual ganador del Balón de Oro. El extremo, que dejó huella en el Camp Nou por su talento y su irregularidad, lidera una línea ofensiva en la que también aparece Lucas Digne, otro ex del Barça, y Marcus Thuram, hijo de Lilian Thuram, que también vistió de blaugrana. Marcus, además, pasó por la FCB Escola durante la etapa de su padre en el club. El vínculo es generacional.
Portugal también se presenta con un marcado aroma barcelonista. João Félix, Francisco Trincão y Nélson Semedo figuran en una lista cargada de talento ofensivo y velocidad por banda. En su grupo asoma Colombia, donde el eje de la defensa lo ocupa un viejo conocido del Camp Nou: Yerry Mina, central que dejó más recuerdos por sus celebraciones que por su continuidad.
En otros rincones del cuadro aparecen más piezas del puzle azulgrana. Franck Kessié es uno de los pilares de Costa de Marfil, músculo y jerarquía en el centro del campo. Sergiño Dest apunta a lateral derecho titular de una de las selecciones anfitrionas, Estados Unidos, con todo lo que eso implica en exposición y responsabilidad.
Y, por supuesto, vuelve Neymar. El astro brasileño regresa a una convocatoria mundialista dos años y medio después de su última citación con la canarinha. No estará en el debut por lesión, pero su sola presencia en la lista convierte cada partido de Brasil en un evento global. Sigue siendo uno de los grandes iconos del torneo, ahora como referencia del Santos y con el recuerdo imborrable de su etapa en el tridente del Barça.
En la misma zona del campo, aunque en otro continente, aparece Memphis Depay. El delantero, que también milita ahora en Brasil a nivel de clubes, se ha consolidado como una de las principales amenazas ofensivas de la selección de Ronald Koeman en Países Bajos. Gol, carácter y un punto de rebeldía que ya conoció la grada del Camp Nou.
Banquillos con pasado blaugrana
La influencia culé no se limita al césped. También manda en las pizarras. Ronald Koeman, héroe de Wembley 92 con aquel histórico zurdazo, dirige a la selección neerlandesa y forma parte de un trío de seleccionadores con pasado azulgrana en este Mundial.
Los otros dos se sientan en banquillos menos habituales en los grandes focos, pero igual de cargados de significado. Julen Lopetegui comanda a Qatar, mientras Thomas Christiansen hace lo propio con Panamá. Dos proyectos que, desde posiciones muy distintas en el mapa futbolístico, comparten un origen: el paso por el universo Barça.
Lesiones, oportunidades y la estela de La Masia
Como en el caso de Neymar, las lesiones también golpean a otro jugador con pasado azulgrana: Ez Abde. El atacante de Marruecos, uno de los futbolistas más en forma del combinado norteafricano, se perderá el estreno de su selección. Un contratiempo serio para un equipo que también espera mucho de Chadi Riad, central formado en La Masia y llamado a tener un papel relevante en la zaga.
Riad es, de hecho, uno más en una larga lista de canteranos repartidos por el torneo. España presenta a sus dos laterales izquierdos con sello Barça: Marc Cucurella y Alejandro Grimaldo. Dos perfiles distintos, misma escuela. A ellos se suma el joven extremo Víctor Muñoz, que se recupera de una lesión pero también surgió de los campos de entrenamiento de Sant Joan Despí.
El rastro de La Masia se extiende todavía más. Uruguay cuenta con el defensa Santi Bueno, mientras Japón se apoya en la electricidad de Take Kubo, otro producto de la factoría azulgrana. El talento que se formó en Barcelona ahora brilla bajo otras camisetas y otros himnos.
Y no son casos aislados. Paraguay deposita buena parte de su esperanza goleadora en Antonio Sanabria, delantero con pasado en la cantera culé. Corea del Sur, por su parte, tiene en Seung-Ho Paik a un centrocampista que en su día fue una de las grandes promesas de la base barcelonista.
Un Mundial con mirada azulgrana
La conclusión es inevitable: en este Mundial, el Barça está en todas partes. En los grandes favoritos y en las selecciones emergentes, en las bandas, en las áreas, en los banquillos y en los sueños de muchos jóvenes que un día vistieron de blaugrana.
Para el culé, el torneo no será solo una batalla entre países. Será también un mapa sentimental. Cada partido traerá un recuerdo, una promesa, una vieja historia compartida con el Camp Nou.
La pregunta ya no es qué hará cada selección. La pregunta es hasta dónde llegará esta huella azulgrana en el Mundial más grande de todos.






