Paul Ince analiza el fichaje de Andrey Santos por 50 millones
Paul Ince no se anda con rodeos. El excentrocampista de Manchester United y de la selección inglesa mira el mercado de Old Trafford y no termina de entender el último gran desembolso del club: unos 50 millones de libras por Andrey Santos, procedente de Chelsea.
“El jurado sigue deliberando”, viene a decir sobre el brasileño. Y no lo hace desde la distancia, sino desde la perspectiva de quien conoce mejor que nadie lo que exige el centro del campo de United.
Un verano de reconstrucción en la medular
El verano pasado, United miró al frente y se lanzó a por gol. Llegaron Matheus Cunha, Bryan Mbeumo y Benjamin Sesko por alrededor de 200 millones de libras para intentar arreglar un ataque que no carburaba.
Este año, el foco ha cambiado de zona del campo. La salida reciente de Casemiro ha dejado un hueco enorme en la sala de máquinas y el club ha girado de lleno hacia el centro del campo.
El plan inicial pasaba por Elliot Anderson, Sandro Tonali y Mateus Fernandes. Ninguno terminó en Old Trafford. Anderson eligió el bando enemigo y se marchó a Manchester City; Tonali y Fernandes acabaron en Tottenham.
United reaccionó girando el radar hacia Stamford Bridge. Ahí apareció Santos, 22 años, internacional con Brasil, y una operación cerrada con rapidez en torno a los 50 millones. Una apuesta fuerte por un futbolista que todavía no se ha probado al máximo nivel en la Premier.
Al mismo tiempo, el club frenó una operación por otro brasileño, Ederson, y cambió de objetivo: Youri Tielemans. Pagó la cláusula de 35 millones de libras para sacarlo de Aston Villa. Un golpe importante en el mercado interno.
Ince, perplejo con Santos y protector con Mainoo
Desde fuera, Ince ve una acumulación de nombres, pero no todas las piezas le encajan.
“Han fichado al chico Santos de Chelsea por 50 millones, que es mucho dinero para alguien como él. El jurado sigue fuera en ese caso”, apunta. La palabra clave es esa: duda.
Le desconcierta especialmente el movimiento si se tiene en cuenta la irrupción de Kobbie Mainoo. Un canterano que pide sitio y que, para Ince, ya tiene condiciones para asumir el rol de mediocentro de referencia.
“Gastar 50 millones en un mediocentro joven cuando tienes a Mainoo subiendo por las categorías me dejó un poco perplejo”, admite.
Sobre Tielemans, en cambio, no escatima elogios. Le ve más cercano al perfil de Bruno Fernandes, un interior creativo con llegada, y le considera un fichaje de nivel. También mantiene en el radar a Ederson, convencido de que United seguirá intentando sacarlo de Atalanta.
La conclusión de Ince es clara: United necesitaba reforzar el centro del campo, y lo ha hecho a base de volumen. Ahora falta orden.
El rol de Mainoo y el reto táctico de Carrick
El siguiente interrogante se traslada al banquillo. Michael Carrick deberá encajar a Santos, Tielemans, los posibles nuevos fichajes y, sobre todo, a Mainoo.
Ince cree que el joven inglés ya está preparado para sostener el equipo desde la base del juego. Le ve con cabeza, piernas y personalidad para manejar la pelota bajo presión. Pero le exige más.
Durante buena parte de la temporada pasada, Ince veía a Mainoo jugar “fácil”: recibir, tocar y soltar. Correcto, pero insuficiente para un mediocentro moderno de élite.
La transformación llegó en el tramo final del curso. Empezó a morder, a ganar duelos, a robar balones, a aparecer en el área y a generar ocasiones. Se convirtió en un jugador diferente, más completo, más influyente.
Si mantiene ese nivel, Ince no duda: puede ser el hombre que marque el ritmo del United. El problema, o el lujo, es la competencia. Carrick tendrá que elegir jerarquías en una zona del campo que, por fin, parece tener profundidad.
Rashford, el enigma emocional del verano
Mientras el centro del campo se llena de nombres, otro asunto quema en Old Trafford: el futuro de Marcus Rashford.
El delantero vivió una cesión revitalizante en Barcelona. Allí volvió a disfrutar, a marcar, a sentirse importante. Parecía otro futbolista. Pero el desenlace fue cruel: el club catalán no cerró su fichaje y, en su lugar, apostó por Anthony Gordon por 75 millones de libras. Un golpe directo al ánimo del inglés.
Ince se pone de su lado sin dudar. “Le tengo lástima, de verdad”, reconoce. Sabe que Rashford puede partir desde la izquierda, desde la derecha, y que su talento no se ha evaporado. Lo vio en el Mundial: un gol saliendo desde la izquierda, disparo ajustado al palo largo. Destellos de un jugador con magia.
Para él, la clave está en Carrick. Cree que el técnico puede recuperar la mejor versión de Rashford si le ofrece algo tan simple como poderoso: confianza y claridad.
Un mensaje directo, un abrazo en el vestuario y un plan definido: “Te quiero en el club, te necesito, aquí vas a jugar y esto es lo que espero de ti”. Con eso, Ince está convencido de que United puede volver a ver a un Rashford devastador.
Porque, insiste, si el delantero es feliz, rinde. Y si rinde, es diferencial.
Una pretemporada cargada y un examen inmediato
Mientras se resuelven las incógnitas del mercado, el balón ya rueda. United abrió su pretemporada con una derrota por 1-0 ante Wrexham en Helsinki. Un tropiezo incómodo, pero pronto llegó la respuesta: un contundente 5-0 frente a Rosenborg que alivió el ambiente y dio aire a las nuevas piezas.
Ahora llega un tramo serio del verano. Atletico Madrid espera en Estocolmo este fin de semana, un test de alta exigencia para medir automatismos y carácter. Después, una trilogía de amistosos de nivel: Paris Saint-Germain, Leeds United y AC Milan.
Todo eso antes del verdadero juicio: el inicio de la Premier League, el 22 de agosto, visitando al recién ascendido Hull City.
Para entonces, Carrick deberá haber resuelto varias preguntas:
- ¿Vale realmente Santos esos 50 millones en un centro del campo lleno de competencia?
- ¿Es Mainoo ya el eje del proyecto?
- ¿Y Rashford? ¿Será el renacido líder ofensivo o el gran “qué habría pasado si…” de esta generación de United?
Las respuestas no llegarán en las ruedas de prensa, sino en el césped. Y en Old Trafford, la paciencia siempre dura menos de lo que cuesta un fichaje de 50 millones.






