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Australia vs Egipto: Frustraciones y Oportunidades en el Partido

Australia se fue al descanso con una sensación agria: abajo 0-1 ante Egipto, con la convicción de haber hecho lo suficiente para, al menos, no marcharse perdiendo. El gol encajado, la lesión de uno de sus jugadores más dinámicos y un arbitraje que dejó heridas abiertas marcaron una primera parte intensa y rota.

En el vestuario, el mensaje fue claro. Desde el cuerpo técnico se apuntó directamente a una acción clave del colegiado: “Por lo que entendemos, el árbitro da la ley de la ventaja, pero luego no vuelve atrás para amonestar al jugador. Decepcionante, pero tenemos que seguir y ser mejores en la segunda parte”. Un detalle que pesó en el ánimo australiano, porque el partido se estaba jugando al límite físico y emocional.

Un gol “barato” que duele el doble

El tanto de Egipto llegó de la forma que más molesta a cualquier equipo que se toma en serio la pizarra defensiva: una jugada a balón parado mal gestionada. Desde el banquillo no escondieron el enfado: “Estamos decepcionados por regalar un gol tan barato en una acción a balón parado; normalmente eso es motivo de orgullo para nosotros. Salimos un poco tarde, quizá lo mantuvimos en juego”. Un segundo de desajuste, una línea que no termina de dar el paso al frente y el castigo fue inmediato.

Ese gol le dio a los Faraones exactamente lo que buscaban: algo a lo que aferrarse para replegarse. Desde entonces, Egipto se acomodó detrás del balón, juntó líneas y empezó a manejar el reloj. El partido se inclinó hacia la portería egipcia, pero con el marcador en contra, cada ocasión desperdiciada pesaba un poco más.

Australia, en cambio, encontró su mejor versión cuando consiguió encadenar posesiones largas: “Para nosotros se trata de mantener el balón. Cuando logramos cinco, seis, siete pases, empezamos a encontrar espacios entre líneas. Si lo hacemos mejor en la segunda parte, no tengo dudas de que crearemos más ocasiones”. La idea estaba clara. Faltaba precisión en el último toque.

Egipto golpea, Australia insiste

La sensación en el campo era evidente: el equipo con más argumentos ofensivos era Australia. Antes y después del 0-1. Las llegadas se sucedieron, las bandas funcionaron, el balón parado se convirtió en un arma recurrente. Pero la puntería no acompañó.

En el minuto 37, Aziz Behich encaró a Hany en el último tercio y encendió una de las mejores secuencias ofensivas de los Socceroos. El balón terminó fuera, en las manos de Alessandro Circati, que lanzó un saque de banda largo al corazón del área. Saltaron Jackson Irvine y Harry Souttar, la “madera alta” australiana, pero ninguno logró conectar. La jugada no murió: el balón peinado por Herrington cayó a los pies de Nestory Irankunda, que devolvió atrás para Behich. El lateral se animó con un disparo duro y raso al primer palo que obligó al guardameta egipcio a agacharse rápido. Ocasión clara. Y un aviso.

Casi de inmediato, Irankunda rozó el empate con otra oportunidad. Australia empujaba, Egipto resistía. El guion se repetía.

En el 42, Egipto respondió con oficio y picardía. Ashour se fue al suelo tras un brazo abierto de Jordan Bos y forzó una falta peligrosa. Los egipcios no rehuyeron el choque físico, pero cada contacto lo exprimieron al máximo. Les funcionó. Mohamed Salah se colocó sobre el balón, amagó con el disparo directo y optó por un pase en corto hacia Attia. El mediocampista soltó un latigazo lejano, potente y bien dirigido, que encontró a la zaga australiana bien plantada en el segundo palo. Otra llamada de atención: cada error, cada falta, podía costar caro.

Polémicas en el área y un añadido irrisorio

El tramo final del primer tiempo se convirtió en un catálogo de decisiones polémicas y de tiempo perdido. Irankunda se encontró dentro del área, rodeado por dos defensores, y logró conectar un cabezazo débil. En la pugna, Rabia pareció tocar el balón con el brazo. El contacto, en realidad, fue más bien al revés, pero Néstor, el árbitro, se señaló a sí mismo el brazo, como invitando a revisar la acción. Nada. El juego siguió.

En el segundo palo, Cristian Volpato cayó derribado por Havez. Otra vez, el colegiado dejó seguir. Dos acciones en la misma jugada, dos decisiones en contra de Australia. La frustración crecía.

Para colmo, la gestión del tiempo añadido encendió los ánimos. Hubo una pausa de hidratación de tres minutos, un gol y múltiples episodios de pérdida deliberada de tiempo por parte de Egipto. El cuarto árbitro levantó el cartel: cinco minutos. Una cifra que no hacía justicia a lo que se había visto. Un “agravio” que, paradójicamente, también podía leerse como un cumplido: los Faraones estaban tan incómodos que recurrían a cualquier recurso para frenar el ritmo australiano.

El golpe más duro: la lesión de Bos

Mientras Australia insistía en campo rival, llegó la imagen más preocupante de la noche. Jordan Bos, uno de los jugadores más eléctricos del equipo, terminó en el suelo y tardó en reincorporarse. Cuando por fin se levantó, lo hizo sostenido por dos miembros del cuerpo médico. No podía apoyar el pie izquierdo. El silencio fue elocuente.

Todo indicaba que no volvería tras el descanso. Para los Socceroos, perder a un futbolista con su capacidad de romper líneas y ganar metros con balón era un mazazo añadido al marcador adverso. El plan ofensivo necesitaba retoques urgentes.

Salah, en segundo plano… por ahora

En medio de ese caos controlado, Salah aún no había mostrado su versión más devastadora. Se le notó midiendo esfuerzos, probablemente condicionado por la molestia en los isquiotibiales. Aun así, dejó destellos: movimientos al límite del fuera de juego, desmarques a la espalda de Souttar y un par de acciones en las que su visión de juego amenazó con abrir el partido. En una de ellas, Herrington llegó a tiempo para desactivar el peligro.

Egipto demostró ser un rival duro, exigente, que obligó a Australia a correr y trabajar cada metro. Pero no inalcanzable. Su gol llegó aprovechando un instante, un despiste. Nada que los Socceroos no puedan replicar si afinan la puntería.

Con el descanso sellado en 0-1 y cinco minutos de añadido que supieron a poco, el partido quedó en el aire. Australia ya había generado ocasiones. Sabía cómo hacer daño. La cuestión, al salir de los vestuarios, era otra: ¿podría mantener la cabeza fría, sobreponerse a las decisiones arbitrales, a la lesión de Bos y a la astucia egipcia, para transformar el dominio en goles?