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Eddie Howe deja Newcastle: fin de una era transformadora

Eddie Howe dejará el Newcastle United con efecto inmediato. Fuentes consultadas por BBC Sport confirman la salida del técnico que devolvió la chispa a St James’ Park y que, en menos de cuatro años, transformó un equipo al borde del descenso en un habitual en Europa y campeón de copa.

El último partido de Howe al mando ni siquiera fue oficial: un 4-1 encajado ante el Bristol City en un amistoso de pretemporada, el miércoles, que ahora queda marcado como su despedida silenciosa. Sin homenajes. Sin ovación final. Solo la sensación de que algo importante se ha roto en mitad del verano.

En el horizonte ya asoma su relevo: Matthias Jaissle, actual entrenador del Al-Ahli de la Saudi Pro League, se perfila como el elegido para ocupar el banquillo.

De salvador a salida forzada

Howe aterrizó en noviembre de 2021, apenas un mes después de la compra del club por el Saudi Public Investment Fund. Encontró un Newcastle hundido en la tabla, con miedo y sin rumbo. Lo sacó del barro, lo reconstruyó y lo llevó a cotas que parecían impensables cuando firmó.

Bajo su mando, el Newcastle ganó 84 de 179 partidos de Premier League, empató 38 y perdió 57. Ningún otro técnico del club ha logrado más victorias en la competición. Su porcentaje de triunfos, un 46,9%, solo lo supera Kevin Keegan. Los números son contundentes. La sensación, también: Howe cambió el club.

En 2023 y 2025 devolvió al equipo a la Champions League. En 2025, además, rompió una sequía doméstica de 70 años levantando la Carabao Cup, el primer gran título nacional desde mediados del siglo pasado. St James’ Park recuperó ruido, orgullo y una idea de juego valiente que encajó con la ciudad.

Pero la última temporada desgastó a todos. El Newcastle cayó hasta el 12º puesto en la Premier League, con 17 derrotas en 38 jornadas, un desplome duro después del quinto puesto de 2024-25. En Europa alcanzó los octavos de final de la Champions antes de ser arrollado por el Barcelona, 8-3 en el global. En la EFL Cup defendió la corona hasta semifinales. El problema estuvo en casa: la liga se le cayó de las manos.

Las malas actuaciones del tramo final dejaron marca. No solo en la tabla, también en el propio Howe, visiblemente afectado por la deriva del equipo.

Un verano que lo cambió todo

El divorcio no se entiende sin mirar al mercado. La relación entre ambición deportiva y exigencias financieras se tensó hasta el límite.

Hace doce meses, el Newcastle invirtió alrededor de 240 millones de libras en fichajes. Era la señal de un proyecto en expansión. Pero el verano actual ha sido muy distinto. El club ha tenido que vender para cuadrar cuentas y cumplir con las normas de sostenibilidad, y ahí empezó el choque de perspectivas.

Fuentes cercanas al técnico hablan de sorpresa y malestar ante la planificación de este mercado. Howe sabía que habría salidas, pero no esperaba el calibre de las bajas ni el perfil de la plantilla que quedaba. En enero ya había definido la marcha de Alexander Isak al Liverpool como “un desafío constante”, y en varias ruedas de prensa insistió en la necesidad de refuerzos.

La situación no mejoró. Este verano ha perdido a dos piezas clave: Sandro Tonali rumbo al Tottenham y Anthony Gordon al Barcelona. Y el Arsenal aprieta por el capitán, Bruno Guimarães. Demasiado golpe para un entrenador que había construido su proyecto alrededor de una columna vertebral que se está desmantelando.

A principios de año, Howe había tomado la decisión de seguir en St James’ Park pese a la “inevitabilidad” de las ventas. Quería sostener el proyecto, incluso en un contexto hostil. Pero el verano le cambió la mirada. La sensación de que el techo competitivo del equipo se alejaba, mientras la exigencia se mantenía intacta, terminó por desgastarlo.

En marzo, el director ejecutivo David Hopkinson aseguraba que el club “no estaba teniendo esas conversaciones” sobre un cambio de entrenador “en este momento”. Ese “momento” ha llegado ahora, en el peor punto posible del calendario.

Un adiós en el momento más incómodo

La decisión irrumpe en mitad de la pretemporada, cuando los equipos ajustan sistemas, integran fichajes y construyen la base física del curso. El Newcastle, en cambio, se queda sin guía.

Charlotte Robson, de True Faith: Newcastle United Podcast, lo resumía con incredulidad: el problema es el “timing”. “Podíamos haber hecho esto en mayo, al final de la temporada, cuando muchos entrenadores de alto nivel buscaban club”, lamenta. Para ella, ya entonces era evidente que Howe necesitaba un descanso. El desgaste era visible en cada rueda de prensa, en cada gesto en la banda.

Varios aficionados coinciden. Tom, abonado, lo ve como “el peor momento posible” para perder al entrenador: “Esto nos puede retrasar años. Eddie entendía Newcastle y la ciudad. Tuvo una temporada horrible, sí, pero se había ganado el beneficio de la duda”. Su preocupación no es solo sentimental: señala la pérdida de dos, quizá tres, de los mejores jugadores y la falta de fichajes con experiencia contrastada en Premier League. El miedo es claro: “Podría ser nuestra caída”.

Hazel, otra socia, habla de “corazón roto”. Para ella, Howe obó “milagros” al transformar al equipo y ganar la copa pese al caos del final de curso, los cambios en la dirección, las normas de PSR y las lesiones. Había ilusión por la temporada que venía; esa ilusión, admite, “se ha evaporado”.

No todos ven catástrofe, pero sí un riesgo enorme. Simon recuerda que, pese a las frustraciones del último año, quienes pedían la salida de Howe “deben tener cuidado con lo que deseaban”. Ahora solo el tiempo dirá si el club ha dado un paso adelante o ha abierto una grieta difícil de cerrar.

En el extremo opuesto, Roger define la decisión como “un desastre total” y ve al Newcastle como “serio candidato al descenso” sin el técnico que, a su juicio, fue durante años el cerebro frío y el motor táctico del éxito reciente.

Un legado que pesa

Más allá del ruido del momento, el legado deportivo de Howe es indiscutible.

Tomó un equipo que coqueteaba con el descenso y lo llevó a la Champions League. Recuperó jugadores que parecían acabados, reconstruyó carreras, devolvió confianza a un vestuario hundido. Devolvió a la grada la sensación de que el Newcastle podía mirar a los ojos a cualquiera.

Ben, otro aficionado, lo resume con una frase que se repetirá en las conversaciones de bar en la ciudad: “Le devolvió la chispa al Newcastle”. Habla de “trabajo duro, orgullo y recuerdos de verdad”. De fútbol sin miedo en un estadio que había olvidado lo que era soñar a lo grande.

Los datos lo sostienen. Más victorias de Premier que cualquier otro entrenador del club. Una copa que rompió siete décadas de espera. Dos clasificaciones a la Champions en tres años. Y, pese al hundimiento del último curso, una identidad reconocible: presión alta, ritmo, agresividad, valentía.

Ese es el listón que espera ahora a Matthias Jaissle, llamado a tomar el relevo. Llegará a un club con recursos, pero también con un vestuario tocado, una afición dividida y un proyecto que ha perdido a su arquitecto principal en pleno verano.

El Newcastle cambia de era otra vez. La primera vez, con la llegada de Howe, la transformación fue inmediata y luminosa. Esta vez, con el equipo debilitado y la Premier más feroz que nunca, la pregunta es inevitable: ¿podrá el próximo inquilino del banquillo estar a la altura de un hombre que, para muchos en la ciudad, ya es historia del club?