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Endrick: el brasileño que crece lejos del Bernabéu

En un vestuario lleno de Balones de Oro, estrellas consagradas y camisetas que pesan toneladas de historia, un adolescente brasileño tuvo que aprender a respirar. Endrick, cedido por el Real Madrid al Lyon, ha encontrado en la distancia el espacio que necesitaba para crecer… sin perder de vista el gigante blanco que le espera.

El delantero habló de ese impacto inicial en Europa en una entrevista con Men in Blazers en YouTube. No maquilló nada: el aterrizaje fue duro.

“El primer año siempre es difícil. Llegas a un club con jugadores como Modric, Vinicius, Rodrygo… Es muy difícil jugar con todos ellos, pero también aprendes mucho”, explicó.

La frase resume el choque de realidades: del talento precoz al chico que entra en un vestuario donde cada nombre es portada mundial.

Ahí, entre leyendas, descubrió que no bastaba con el desborde o el gol. Había que aprender a esperar, a escuchar, a absorber. Y a no derrumbarse.

Un teléfono que suena todos los días

Cuando las titularidades no llegaban y el ruido alrededor crecía, Endrick encontró refugio donde menos se ve: en las llamadas diarias, en la voz de los que ya han pasado por ahí.

“Bellingham me llama todos los días. Cuando estaba triste, él me levantaba y hablábamos. Me ayudó mucho. Trent también. Son jugadores muy accesibles”, contó el brasileño.

En un Madrid de superestrellas, esa red de apoyo marca diferencias. No se trata solo de pases en el campo, sino de sostener a un chico de 18 años que de repente comparte vestuario con Modric o Vinicius y debe justificar cada minuto.

Endrick intenta aprovechar cada conversación. No solo de fútbol vive el aprendizaje. “Trato de aprender de ellos, incluso inglés, pero es imposible entenderlos”, bromeó, dejando ver que, detrás del discurso, sigue habiendo un chaval que se ríe de sus propias dificultades.

Lyon, la decisión que cambió el guion

Cuando surgió la opción de salir del Santiago Bernabéu de forma temporal, la decisión parecía delicada desde fuera. Para él, no tanto. Sonó más a convicción que a duda.

“No fue difícil ir a Lyon. Al final, Dios me dijo que tenía que ir, y fui. No tenía miedo; ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Necesitaba jugar”, aseguró.

En Francia ha encontrado lo que le faltaba en Madrid: minutos, continuidad, margen para equivocarse y corregir. “He podido marcar goles, dar asistencias y jugar muchos minutos”, resumió. Esa frase es oro para cualquier joven delantero: ritmo, confianza y estadísticas que respalden el talento.

Lyon se ha convertido en su laboratorio. El lugar donde todo lo aprendido en Valdebebas se pone en práctica sin el foco abrasador del Bernabéu. “He podido poner todo lo que he aprendido en práctica en Lyon, y cuando vuelva podré demostrarlo allí”, avisó. Su mirada sigue apuntando a Madrid, pero ahora con otra base.

El sueño que lo ordena todo: el Mundial

En medio de ese proceso de adaptación, hay un horizonte que lo guía: la Copa del Mundo. Endrick habla del torneo con una mezcla de respeto y hambre.

“Jugar un Mundial es lo más grande. Poder representar a mi país es un sueño hecho realidad”, confesó.

En Brasil, donde el fútbol es religión y el Mundial una cuestión de identidad, sus palabras pesan más que un tópico.

“La Copa del Mundo es muy importante para la gente, y hace mucho tiempo que no la ganamos”, recordó. Esa frase lleva dentro toda la ansiedad de un país que mira su propia historia y exige volver a la cima.

En ese contexto aparece Neymar, inevitablemente. “Neymar tiene ADN brasileño. Es uno de los mejores de nuestra historia”, dijo Endrick, alineándose con una generación que creció viéndolo como ídolo absoluto. No hay distancia, hay admiración pura.

Ancelotti, respeto desde la distancia

Entre Francia, Brasil y el eco permanente de Madrid, hay una figura que Endrick no olvida: Carlo Ancelotti. El técnico italiano, maestro en gestionar vestuarios plagados de egos y promesas, también ha dejado huella en el joven delantero.

“Me llevo muy bien con Ancelotti. Es un gran entrenador y te entiende muy bien como persona. Sé que me tienen mucho respeto”, aseguró.

Esa última frase importa. El respeto del vestuario y del entrenador en un club como el Real Madrid no se regala. Se gana en los entrenamientos, en la actitud, en el silencio cuando no se juega y en la respuesta cuando por fin llega la oportunidad.

Endrick vive hoy en Lyon, marca, asiste y suma minutos. Pero cada gol en Francia suena, de fondo, a futuro en el Bernabéu. La pregunta ya no es si tiene talento. La verdadera cuestión es cuándo estará listo para reclamar su sitio entre Modric, Vinicius, Rodrygo, Bellingham… y dejar de ser el chico que aprende de todos para convertirse en uno de los que marcan el camino.