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FIFA entierra el plan de inversión privada en el Mundial

Gianni Infantino ha dado marcha atrás. Bajo una presión creciente desde todos los rincones del fútbol, el presidente de la FIFA ha retirado oficialmente su controvertido proyecto FIFA Forward Enterprise, ideado para abrir una parte del negocio de la Copa del Mundo a la inversión privada.

El plan, presentado como una vía para inyectar capital en cada una de las federaciones miembro, pretendía canalizar dinero fresco hacia todo el mapa del fútbol mundial. La idea: ceder un porcentaje de los ingresos del Mundial a un consorcio inversor, con informaciones que vinculaban a Jason Kushner —hermano del yerno del expresidente de Estados Unidos Donald Trump, Jared Kushner— como figura al frente del grupo.

La reacción fue inmediata. Y demoledora.

Rebelión interna y boicot europeo

Infantino no solo se encontró con resistencia fuera de la FIFA. La fractura llegó hasta su círculo más cercano. Carlos Cordeiro, asesor del presidente y exmandatario de la federación de Estados Unidos, presentó su dimisión. Kevin Lamour, actual director de operaciones (COO) del organismo, hizo público que se sentía “engañado” por su jefe.

Ese gesto expuso algo más profundo que un simple desacuerdo técnico: una crisis de confianza en la cúpula de Zúrich.

Mientras tanto, el frente político se endurecía. UEFA dio el golpe más duro: anunció que todas sus federaciones asociadas boicotearían todas las competiciones organizadas por la FIFA, incluidos los Mundiales masculino y femenino. Un órdago sin precedentes que rápidamente encontró eco.

CONCACAF y la Asian Football Confederation (AFC) se alinearon con la postura europea, dejando a Infantino aislado en el tablero internacional. Lo que nació como un proyecto de “modernización” del negocio del Mundial se convirtió en una batalla abierta por el control y la identidad del fútbol global.

La presión, esta vez, sí hizo efecto.

El comunicado que marca el giro

Tarde del viernes, la FIFA distribuyó un texto escueto, titulado simplemente: “Declaración atribuible al Presidente de la FIFA”. Sin adornos, sin rodeos.

En él, Infantino defendió la intención inicial del FIFA Forward Enterprise: “proporcionar una base para seguir fortaleciendo a nuestras asociaciones miembro de la FIFA y nuestro deporte en todo el mundo, especialmente en aquellos países donde más se necesita apoyo”. Subrayó que el proyecto solo debía avanzar con el respaldo de la mayoría de las federaciones y tras un proceso de consulta con el Consejo de la FIFA, las confederaciones y otros actores clave.

Pero el propio presidente reconoció que la iniciativa había cruzado una línea peligrosa: “se ha hecho evidente que el proyecto ha creado divisiones de tal naturaleza que, independientemente del nivel de apoyo, ya no responden al objetivo fijado en un principio”.

A partir de ahí, la conclusión fue inevitable: “Como resultado, esta propuesta no seguirá adelante”.

Infantino remató el mensaje con un intento de recuperar el terreno perdido: aseguró que su propósito “siempre ha sido unir y mejorar”, y anunció su intención de reunir de nuevo a todas las partes interesadas “en los próximos días y semanas”, con la mirada puesta en seguir haciendo crecer el fútbol “en todas partes, particularmente en aquellos países que más necesitan nuestro apoyo”.

Una derrota política en pleno centro del poder

El frenazo no es solo la cancelación de un proyecto financiero. Es una derrota política directa para Infantino, que se había presentado como el arquitecto de una nueva era económica para la FIFA.

El choque con UEFA, respaldada por dos confederaciones más, revela el temor de buena parte del ecosistema futbolístico: que la entrada de capital privado en el corazón del Mundial diluya el control de las federaciones y desfigure el modelo de redistribución que, al menos sobre el papel, sostiene al fútbol en los países con menos recursos.

El episodio deja al presidente de la FIFA con una tarea urgente: recomponer puentes con las confederaciones más poderosas y, al mismo tiempo, convencer a las asociaciones más pequeñas de que su promesa de “crecer el fútbol en todas partes” no depende de entregar una porción del Mundial a intereses externos.

La propuesta ha caído. La desconfianza, no. Y ahí se jugará el próximo gran partido político de Gianni Infantino.

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