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Gotham FC triunfa en Citi Field ante Washington Spirit

Diez años atrás, un partido de la National Women’s Soccer League en un estadio de béisbol era la prueba viviente de todo lo que le faltaba al campeonato. En 2016, una jornada se disputó en un campo de ligas menores con un rectángulo de juego diminuto, tan ridículo que las propias estrellas de la liga lo calificaron de “impactante y vergonzoso”.

Anoche, ese mismo escenario –un ballpark– fue todo lo contrario: escaparate, fiesta y declaración de intenciones. Gotham FC derrotó 1-0 a Washington Spirit en Citi Field, casa habitual de los New York Mets, ante 42.175 espectadores. Segunda mayor asistencia en la historia de la NWSL. Y récord absoluto para un evento deportivo femenino en la ciudad de Nueva York.

Un regreso de alto voltaje

La NWSL volvía a escena tras un parón de un mes por el Mundial masculino. Si había un partido pensado para marcar el tono del resto de la temporada, era este Queens Classic. San Diego sigue al frente de la tabla, pero el triunfo empujó a Gotham a igualar en puntos con Spirit y Portland Thorns. El desempate por diferencia de goles deja a Washington segundo.

No es una rivalidad cualquiera. En las últimas tres temporadas, Gotham y Spirit se han repartido dos títulos de liga (Gotham), dos subcampeonatos (Spirit) y tres trofeos en otras competiciones. Se vieron las caras en la final del año pasado. Y anoche, en Queens, volvieron a medir fuerzas con todo lo que define a la NWSL en su temporada 14: presión competitiva, estrellas, ambición desbordada… y algo de polémica.

El único gol llevó la firma de Rose Lavelle. Minuto 37, un golpeo curvado, exquisito, que recordó por qué decidió también la final del curso pasado. El Citi Field se volcó con el equipo local, aunque en la grada se multiplicaba el dorsal 2 de Trinity Rodman, referencia ofensiva de Spirit. La delantera volvió a ser un imán para la mirada, encaró, disparó cinco veces, pero se marchó sin premio.

El rugido más potente de la noche, sin embargo, no llegó con el gol. Estalló en el minuto 63, cuando Sam Kerr saltó al césped para disputar sus primeros minutos con Gotham tras seis años y medio en Chelsea. Un regreso con aroma de reencuentro. La australiana fue la gran estrella en la etapa en la que el club se llamaba Sky Blue, marcando los tantos que la convirtieron en máxima goleadora histórica de la NWSL mientras lidiaba con problemas extradeportivos y jugaba ante apenas 3.000 personas.

Lavelle lo resumió con una frase que habría sido impensable en aquellos días de precariedad: se siente “malacostumbrada” en un club que en el último mes ha sumado a Kerr, a la capitana de Irlanda Denise O’Sullivan y a la centrocampista noruega Guro Reiten. Rodman, siempre afilada, contó entre risas que, en un córner, le dio la bienvenida a Kerr con un aviso: “pero relájate”.

De la precariedad al proyecto global

Cuando Kerr se marchó de Sky Blue en 2018, los titulares no hablaban de récords de asistencia ni de grandes fichajes, sino de campos de entrenamiento sin agua corriente, recursos mínimos y un fútbol gris. Aquella versión del club parece hoy de otra era. No solo por los resultados o los colores renovados, también por la estructura que se está levantando alrededor.

La semana pasada, Gotham anunció que se mudará definitivamente a Nueva York en 2028, al futuro Etihad Park, a apenas unos pasos de Citi Field. El partido de anoche fue tratado como lo que era: un gran evento de ciudad. Campaña en el metro, promociones específicas, una entrada a 15 dólares impulsada por el alcalde Zohran Mamdani y un dato clave: el 70% de quienes compraron boleto eran “nuevos aficionados”.

“Fue muy especial ver cuánta gente estaba ahí y que ese era su primer partido de Gotham”, explicó la centrocampista Jaedyn Shaw.

Que el rival fuera Washington Spirit completaba el círculo. Otro club que tocó fondo, que se rearmó y que ahora abraza una ambición que el propio sistema de la liga no siempre fomenta. A medio tiempo, la comisionada Jessica Berman lo definió como un momento de “pleno círculo” y lanzó un mensaje nítido: cuando se invierte y se construye, la gente responde. Citi Field fue su prueba.

Los últimos 12 meses han disparado los registros de la NWSL: asistencia, audiencias televisivas, cuotas de expansión. El crecimiento es real. Pero no está llegando sin sobresaltos.

Calor, humo y televisión a destiempo

Casi diez años después de aquel escándalo del campo diminuto, el césped de Citi Field volvió a estar en el centro de la conversación. Nadie lo calificó de desastre, pero tampoco de modelo. Lavelle tiró de ironía: “Así es el espectáculo”. El partido se emitía en horario estelar por ESPN, y el único gol de la noche pilló a la cadena con la pantalla partida por una entrevista. Narrador y reportera se pisaron en directo mientras el balón se colaba en la red.

El contexto no ayudaba. La ciudad vivía una ola de calor con temperaturas en torno a los 30-35 grados y una sensación térmica por encima de los 38. A eso se sumó una alerta por calidad del aire, con humo procedente de incendios en Canadá. El estadio se tiñó de un tono marrón anaranjado al caer el sol, y el olor a humo se mantuvo durante todo el encuentro.

La liga ya ha aplazado partidos por mala calidad del aire, pero también ha sido muy criticada por mantener duelos de alto perfil en condiciones extremas para jugadoras y aficionados. El caso más grave llegó el año pasado, cuando un Orlando Pride–Kansas City Current se disputó bajo un calor tan extremo que más de una docena de espectadores acabaron en el hospital.

Esta vez, los valores no alcanzaron el umbral oficial para detener el juego. El índice de calidad del aire superó los 150 puntos –“no saludable” según la Agencia de Protección Ambiental–, pero no llegó a la franja de 180-200 que abre la puerta al retraso ni a los más de 200 que obligan a la suspensión. La solución fue instaurar dos pausas de hidratación por tiempo.

El técnico de Spirit, Adrián González, no lo ocultó: detestó las interrupciones, convencido de que destrozaban el ritmo del partido, aunque reconoció que en un día así eran necesarias. Rodman fue aún más clara: si hay que parar cada 15 minutos para beber, quizá el partido no debería jugarse. Pero también miró a la grada: 40.000 personas, un estadio lleno, un evento que trasciende lo deportivo. Dilema puro.

Un éxito que no tapa las preguntas

Al final, la noche entrará en los libros como un éxito rotundo. La multitud de Citi Field duplicó por sí sola la asistencia total de los 12 partidos en casa de la temporada inaugural del club en 2013. Lo que entonces parecía ciencia ficción, hoy es rutina para una franquicia que se prepara para dar el salto definitivo a la ciudad.

Aceptar dos verdades a la vez es imprescindible para entender este capítulo de la NWSL. La liga ha avanzado una barbaridad. Y todavía le queda un camino largo, lleno de decisiones incómodas, por recorrer.

Andi Sullivan, veterana del Spirit, lo resumió con una mezcla de asombro y lucidez: ahí fuera, en medio del calor, el humo y el ruido, estaba exactamente donde había soñado estar. O quizá en un lugar que ni siquiera se atrevió a imaginar cuando empezó. Y la pregunta, viendo lo de Queens, ya no es cómo llegó hasta aquí la liga, sino hasta dónde piensa llegar.

Gotham FC triunfa en Citi Field ante Washington Spirit