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Jordan Henderson sufre grave lesión de muñeca tras victoria de Inglaterra

La fiesta de Inglaterra en el Mexico City Stadium terminó con un silencio helado. Mientras los jugadores celebraban el 3-2 agónico ante México y el pase a los cuartos de final del Mundial, Jordan Henderson acabó en una camilla, con oxígeno y rumbo al hospital.

El veterano centrocampista, ex capitán del Liverpool, se cayó por encima de las vallas publicitarias durante las celebraciones del triunfo en octavos y se dañó la muñeca derecha. La imagen, en plena euforia, dejó una nota dramática en una noche que parecía perfecta.

Tuchel, alarmado: “Parece realmente grave”

Thomas Tuchel no tardó en rebajar el optimismo. Primero, a pie de campo, dejó claro que la situación no pintaba bien. El técnico de la selección inglesa reconoció ante la BBC que la lesión “parece realmente mala” y deslizó que podría requerir cirugía.

En rueda de prensa, el alemán amplió la preocupación: Henderson se había marchado directamente al hospital y el diagnóstico inicial hablaba de una lesión “bastante seria” en la muñeca. “No encaja con la noche que hemos vivido”, lamentó. Sobre la posibilidad de una operación, admitió que aún no sabía si sería necesaria.

La escena contrastó con el ambiente en el césped minutos antes, cuando el capitán Harry Kane intentó transmitir calma. El delantero explicó que Henderson “simplemente se había caído” y que creía que estaba bien, con “algo en el brazo”, sin darle mayor dramatismo.

Pero ese alivio duró poco.

Bellingham avisa: “Está en un poco de lío”

Jude Bellingham, uno de los héroes del partido, fue más crudo al describir el estado de su compañero. El centrocampista del Real Madrid admitió que Henderson “está en un poco de lío”, aunque insistió en que el equipo médico “lo tiene bajo control”.

Sus palabras devolvieron la inquietud a la expedición inglesa, que ya había vivido 90 minutos de tensión máxima sobre el césped.

Bellingham firmó un doblete fulgurante para colocar a Inglaterra 2-0 arriba y encarrilar lo que parecía una noche tranquila. Dominio, pegada y un ambiente infernal en la grada, con México empujado por una afición que convirtió el Mexico City Stadium en una caldera.

Entonces, el partido se torció.

De la comodidad al sufrimiento

Con 2-0 y sensación de superioridad inglesa, México se agarró al partido justo antes del descanso. Julián Quiñones apareció en el área para empujar un balón suelto y encender la esperanza local con el 2-1. El ruido en las gradas subió varios decibelios. Inglaterra empezó a mirar el marcador. México olió sangre.

Nada más arrancar la segunda parte, el choque dio un giro brusco. Jarell Quansah, lateral derecho inglés, vio la tarjeta roja por una dura entrada. De golpe, el equipo de Tuchel se quedó con diez y bajo un asedio emocional y futbolístico.

La lógica decía que México se lanzaría a por el empate. Sin embargo, la respuesta inglesa fue inmediata y fría. En plena tormenta, un penalti transformado por Harry Kane devolvió la ventaja de dos goles y, por unos minutos, el control.

No duró demasiado.

Raúl Jiménez, desde los once metros, volvió a castigar a Inglaterra con otro penalti, ajustando el marcador al 3-2 y elevando los nervios al máximo. Cada despeje inglés parecía una batalla. Cada ataque mexicano, una amenaza.

Tuchel optó por cerrar filas, juntar líneas y resistir. Inglaterra defendió su área con todo, reducida a diez hombres, mientras el reloj se convertía en enemigo y aliado a la vez. El pitido final sonó como una liberación.

Carácter, ambiente y un aviso al futuro

Bellingham, todavía con la adrenalina del partido, subrayó el carácter mostrado por el grupo. Recordó que, en otras épocas, Inglaterra “se habría derrumbado” en momentos de tanta presión, pero elogió cómo el equipo se mantuvo unido “hasta el último segundo”, con titulares y suplentes “corriendo hasta dejarse el alma”.

El centrocampista también se rindió al ambiente en México. Definió la atmósfera como “la mejor” que ha vivido a nivel internacional y habló con admiración de la pasión del país por su selección, desde la recepción hostil al aterrizar hasta el empuje incesante en la grada.

Sobre el arbitraje, Bellingham optó por la mesura. Admitió que las decisiones forman parte del Mundial, recordó que los colegiados “son humanos” y asumió que Inglaterra cometió “muchos más errores” que ellos. Lo importante, remarcó, era haber pasado.

Inglaterra ya mira a los cuartos de final, donde le espera Noruega. Llega con un triunfo sufrido, un vestuario reforzado por la épica… y una preocupación mayúscula: el estado de Jordan Henderson, pieza clave en la sala de máquinas y ahora, quizá, ante una carrera contrarreloj para no despedirse del torneo desde una cama de hospital.