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El juicio de Maddy Cusack: psicología y presión en el fútbol femenino

La figura de Maddy Cusack, exjugadora de Sheffield United y referente del fútbol femenino inglés, volvió al centro del foco en Chesterfield. No por un gol, ni por un ascenso. Por un relato duro, íntimo y profundamente incómodo sobre lo que vivió en sus últimos meses de vida.

Cusack, de 27 años, fue hallada inconsciente por su padre, David, en la casa familiar en Horsley, Derbyshire, el 20 de septiembre de 2023. Murió ese mismo día. El proceso judicial que intenta esclarecer el contexto de su fallecimiento escuchó este martes declaraciones que describen un clima de presión psicológica y comentarios hirientes por parte de su entonces entrenador, Jonathan Morgan, en Sheffield United Women.

“Psicópata” desde la banda

Grace Riglar, compañera de equipo y pareja de Cusack, ofreció un testimonio directo y sin adornos. Explicó que Maddy ya llegaba inquieta a la etapa con Morgan en Sheffield por su experiencia previa con él en Leicester City.

Según contó ante el forense, Cusack le había relatado un episodio concreto: en un partido con Morgan al mando, tras una acción en el campo, el técnico la llamó “psycho” desde la banda. Un insulto que ella no exteriorizó dentro del vestuario, pero que, según Riglar, la marcó.

“Creo que no dejó ver a nadie cuánto le afectaban ese tipo de comentarios, pero le afectaban y la hacían sentir incómoda”, declaró. No fue un comentario aislado en la memoria de Maddy. Era una herida abierta que reapareció cuando ambos volvieron a coincidir en Sheffield United.

De titular indiscutible al banquillo

El cambio deportivo también pesó. Cusack estaba acostumbrada a ser titular, una pieza clave del equipo. Con la llegada de Morgan, ese rol empezó a tambalearse.

Riglar explicó que su pareja pasó de iniciar prácticamente todos los encuentros a entrar y salir del once con frecuencia. Una semana en la alineación, a la siguiente en el banquillo. Para una futbolista que se veía como líder dentro del grupo, ese vaivén no fue solo una cuestión táctica.

“Ella lo vivió como un retroceso. Le impactó mucho”, afirmó. Según su testimonio, Maddy interpretaba ese patrón como algo más que decisiones deportivas: lo sentía como un ataque personal, como si el entrenador estuviera “jugando a juegos mentales” con ella.

La inseguridad se instaló en el día a día. Y, según Riglar, se transformó en algo más profundo al inicio de la nueva temporada: “Se volvió paranoica. Sentía que no tenía a nadie con quien hablar sin que todo acabara llegando a Jonathan”.

La relación en el punto de mira

La vida privada de Cusack tampoco quedó al margen. Cuando Morgan asumió el cargo en Sheffield United Women, reunió al vestuario y, siempre según el relato de Riglar, les pidió que le informaran si había alguna relación sentimental dentro del equipo.

Riglar y Cusack mantenían una relación, pero querían mantener una línea clara entre lo profesional y lo personal. Dentro del club, fútbol por un lado, pareja por otro. Sin mezclas. Esa frontera, según la declaración, no siempre se respetó.

Riglar contó que el técnico llegó a llamarla “Mrs Cusack” delante de otras jugadoras. Un gesto aparentemente ligero, pero que, para ellas, rompía la discreción que intentaban preservar. “Ella se sentía incómoda cuando Jonathan me llamaba así, especialmente delante de las demás”, explicó. Era una broma para unos; para Maddy, otra forma de exposición indeseada.

Comentarios sobre el peso y cambios extremos

El juicio también escuchó cómo el cuerpo de Cusack se convirtió en otro frente de presión. Riglar relató que Morgan hizo un comentario sobre el peso de la centrocampista. A partir de entonces, Maddy cambió sus hábitos de alimentación y de entrenamiento.

Dejó los carbohidratos, empezó a saltarse el desayuno y sumó carreras extra después de las sesiones con el equipo. Un régimen severo para una jugadora que, en palabras de su pareja, ya estaba entre las más preparadas físicamente del plantel: “Era una de las futbolistas más en forma del equipo”.

El fútbol de élite exige. Pero el relato que se escuchó en Chesterfield dibuja algo distinto: una futbolista que, pese a su excelente condición, sentía que tenía que demostrar constantemente que estaba a la altura, incluso cuando el propio rendimiento no era el problema.

Atrapada entre el césped y la oficina

El caso de Cusack no se limita al campo. Además de su rol como jugadora a tiempo parcial, trabajaba a jornada completa en el departamento de marketing de Sheffield United. Dos responsabilidades, un mismo escudo, una sola persona soportando el peso.

El tribunal oyó que Maddy disponía de una baja médica para alejarse tanto del fútbol como de su trabajo de oficina. Un freno necesario en una vida que avanzaba a toda velocidad entre entrenamientos, partidos, campañas y compromisos de club.

En paralelo, hablaba de escapar. Según Riglar, antes de su muerte, Cusack le confesó que quería mudarse a Dubái y trabajar como auxiliar de vuelo. Había empezado a buscar ofertas de empleo en internet. No era un comentario al aire. Era un plan, un intento de imaginarse lejos de ese entorno.

Un relato que golpea al fútbol

Lo que se escuchó en Chesterfield Coroner’s Court no fue un análisis táctico ni un debate sobre sistemas de juego. Fue la reconstrucción de un entorno que, según el testimonio de alguien que compartió vestuario, vida y casa con Maddy Cusack, la fue cercando emocionalmente.

Un insulto desde la banda. Una titularidad que se esfuma. Comentarios sobre su cuerpo. Bromas sobre su relación. La sensación de no tener un espacio seguro donde desahogarse sin que todo terminara en oídos del entrenador.

El fútbol femenino inglés vive un momento de crecimiento, de profesionalización acelerada, de estadios más llenos y mayor exposición mediática. El caso de Cusack, y lo que se va revelando en este juicio, deja una pregunta incómoda flotando sobre ese progreso: quién protege a las jugadoras cuando la presión ya no viene solo de la grada, sino del propio banquillo.

El juicio de Maddy Cusack: psicología y presión en el fútbol femenino