Kenneth Taylor responde a Gattuso con un gol
Kenneth Taylor tardó apenas unos días en contestar al grito de guerra de Gennaro Gattuso. No lo hizo con palabras, sino con el lenguaje que más entiende el técnico italiano: fútbol, intensidad y un gol para cerrar una goleada.
El centrocampista neerlandés firmó el último tanto en el 6-3 de Lazio ante Avellino en un amistoso cargado de morbo después de las imágenes que habían incendiado Roma esta semana.
Del enfado público a la respuesta privada
El jueves, las cámaras de Radio Laziale captaron a un Gattuso desatado, expulsando a Taylor del entrenamiento entre gestos airados. Un episodio breve, pero lo bastante ruidoso como para alimentar dudas sobre la relación entre ambos y, de paso, sobre el futuro del jugador en el club.
El motivo exacto de la discusión no ha salido a la luz. No hubo filtraciones de vestuario ni explicaciones detalladas desde Formello. Solo se vio a un entrenador furioso y a un futbolista obligado a abandonar el campo de entrenamiento.
Su agente, Guido Albers, se apresuró a enfriar el ambiente en declaraciones a De Telegraaf: las emociones se dispararon “por un momento”, pero lo definió como una simple tormenta en un vaso de agua. Albers insistió en que Gattuso aprecia el carácter de Taylor y, sobre todo, su manera de reaccionar dentro del césped.
El mensaje era claro: tensión, sí; ruptura, no.
Un gol como réplica
Llegó el sábado y, con él, la oportunidad perfecta para que el neerlandés hablara donde más pesa. Taylor saltó al campo en la segunda parte del amistoso ante Avellino y no necesitó demasiado tiempo para dejar su sello.
Con el partido ya desbocado, cazó un error en la zaga rival y definió con calma para firmar el 6-3 definitivo. Un remate limpio, una acción sencilla pero significativa: la última imagen del encuentro fue la de un jugador que, días antes, había sido expulsado del entrenamiento por su propio entrenador.
La secuencia completa –bronca, defensa pública del agente, y gol para cerrar una goleada– dibuja un pequeño arco narrativo en apenas 72 horas. Para Taylor, la forma más directa de demostrar que sigue enchufado.
Futuro abierto pese al contrato largo
El tanto no borra las dudas que sobrevuelan Italia sobre su continuidad. En el entorno del club se mantiene la sensación de que el futuro de Taylor en Lazio no está totalmente asegurado, pese a un contexto contractual sólido.
El mediocampista llegó en enero procedente de Ajax por algo menos de 17 millones de euros, una inversión importante para la dirección deportiva. En sus primeros seis meses en Roma disputó 21 partidos, con 3 goles y 2 asistencias: cifras respetables para un recién llegado que todavía se adapta a la Serie A y a un nuevo entorno táctico.
Su contrato se extiende hasta mediados de 2030, un vínculo largo que, sobre el papel, lo convierte en pieza de proyecto. Sin embargo, desde Italia se apunta a que existen clubes de la Premier League atentos a su situación, dispuestos a aprovechar cualquier grieta entre jugador y entrenador.
Ahí radica el matiz: contrato largo no siempre significa futuro garantizado. Menos aún en un mercado donde los centrocampistas jóvenes, técnicos y con personalidad como Taylor cotizan al alza.
Un carácter que encaja… o choca
La reacción de Gattuso en el entrenamiento y las palabras de Albers dibujan un perfil claro: Taylor no es un futbolista dócil en el mal sentido, sino alguien con carácter, algo que el propio técnico, según el agente, valora.
Ese tipo de temperamento puede chocar en un momento de tensión, pero también encajar como un guante en la idea de un entrenador que exige compromiso total. El gol ante Avellino, nacido de la presión y de la lectura de un fallo rival, encaja con ese molde: intensidad, atención, determinación en el área.
La cuestión es si Lazio decidirá construir alrededor de ese carácter o capitalizarlo en el mercado.
Por ahora, la imagen que queda del episodio es la de un jugador que, tras ser señalado en público en un entrenamiento, responde en el único lugar donde no hay discusión posible: el marcador. Y en un verano agitado en Roma, no es poca declaración de intenciones.





