Leeds y el dilema de Harry Wilson: ¿una segunda oportunidad?
En Leeds todavía se mira de reojo al calendario del pasado verano. Hubo un momento, a finales de agosto de 2025, en el que todo pudo cambiar. Un gran club llamó a la puerta por Pascal Struijk con una oferta potente, del tipo que en junio habría generado un debate serio en las oficinas de Elland Road. Pero llegó tarde. Demasiado tarde.
Con el reloj del mercado apretando, el club decidió cerrar filas. Struijk no se tocaba. No en el último suspiro, no con la temporada ya en marcha y con Daniel Farke construyendo buena parte de su estructura defensiva alrededor del neerlandés de 26 años.
La apuesta no fue menor. Struijk se ha convertido en uno de los pilares del técnico alemán, con 32 partidos de Premier League a sus espaldas esta campaña. Su presencia ha sido una constante en un Leeds que ha vivido al borde del abismo durante muchos meses, coqueteando con el descenso, pero que ha logrado salvar su plaza en la élite. Aguantar a su central en agosto se siente hoy como una de las grandes decisiones del curso.
El fichaje que no fue
No todo han sido victorias en los despachos. Donde Leeds sí se llevó un golpe fue en el intento de incorporar a Harry Wilson en el cierre del mercado estival. El extremo de Fulham era el objetivo número uno del club en el último día de fichajes. No un simple deseo, sino el plan central de la secretaría técnica.
Leeds hizo todo lo que suele hacer un club que va en serio. Tenía un jet privado preparado para llevar al jugador a Yorkshire en cuanto recibiera luz verde desde Craven Cottage. Aceptó el precio pedido por Fulham. Ajustó las cifras cuando el club londinense pidió renegociar los términos. Incluso se llegó a firmar un Deal Sheet entre Leeds y Wilson, el paso previo a anunciar oficialmente la operación.
El escenario parecía controlado. El jugador, elegido. El acuerdo económico, alcanzado. El viaje, listo. Pero el mercado rara vez perdona la falta de plan B.
Fulham necesitaba un sustituto antes de abrir la puerta. Había apuntado a Tyrique George, del Chelsea, como relevo. No lo consiguió. Y cuando esa operación se cayó, se arrastró con ella todo el castillo de naipes.
La llamada que lo cambió todo
A escasos minutos de las 19:00, con el cierre del mercado a la vuelta de la esquina, llegó el jarro de agua fría. Fulham comunicó a Leeds que el traspaso de Wilson quedaba cancelado. Sin reemplazo, no había salida. El extremo galés se quedaba en Craven Cottage.
Para Leeds, fue un golpe duro. No solo por el tiempo invertido ni por la planificación construida alrededor de su llegada, sino por lo que Wilson está ofreciendo este curso: diez goles y seis asistencias en 34 partidos de liga. Solo seis futbolistas en toda la Premier League han participado directamente en más tantos esta temporada. Justo el tipo de impacto ofensivo que el club de Elland Road buscaba desesperadamente mientras miraba de reojo la zona de descenso.
En el seno del club, sin embargo, se ha instalado una sensación agridulce. Dolió perder al jugador en el último momento, pero el rendimiento de Wilson ha servido como confirmación: estaban yendo a por el perfil correcto, el fichaje adecuado para elevar el techo del equipo.
Un verano que vuelve a llamar
La historia, eso sí, podría no haber terminado. Wilson termina contrato al final de la temporada y se convertirá en agente libre. Varios clubes ya siguen de cerca su situación, atentos a cualquier movimiento, conscientes de que un futbolista con su producción ofensiva y sin coste de traspaso es una oportunidad que rara vez aparece en el mercado.
En Leeds, la pregunta es inevitable: ¿volver a por él? El contexto será distinto, la competencia más feroz y la situación deportiva del club, determinante. Pero el recuerdo de aquel jet privado en espera y de un Deal Sheet firmado a contrarreloj sigue flotando sobre Elland Road.
Mientras tanto, Pascal Struijk continúa siendo el símbolo de la otra cara del mercado: la decisión de resistir, de decir “no” cuando el dinero llega tarde y el equipo aún camina por la cornisa. Leeds sobrevivió este año con su central anclando la defensa y sin el extremo que soñó hasta el último minuto.
La próxima ventana dirá si aquel “casi” con Harry Wilson se convierte en una segunda oportunidad o queda marcado para siempre como el fichaje que se escapó a pocos minutos del cierre.






