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GPA exige más voz para jugadores en gobernanza de deportes gaélicos

La Gaelic Players Association (GPA) ha puesto hoy una cifra contundente sobre la mesa: el 97% de sus ingresos se destina directamente al bienestar y al desarrollo de los jugadores. No es un eslogan, es el eje de su último informe anual y, a la vez, el telón de fondo de una reivindicación cada vez más clara: los futbolistas y hurlers quieren más voz en cómo se gobiernan los juegos gaélicos.

Los jugadores alzan la voz

En la asamblea general celebrada el lunes por la noche, la GPA aprobó una moción clave: reclamar una representación “formal y estructurada” de los jugadores en todos los órganos de decisión que afecten a los inter-county players dentro de las estructuras integradas de la GAA, desde el Central Council hasta los consejos provinciales y las county boards.

Tom Parsons, director ejecutivo de la GPA, lo resumió en declaraciones a RTÉ Sport: el dinero está llegando al lugar correcto, pero la influencia no. Hoy la asociación tiene un asiento en el Central Council. Y ahí empieza el problema.

Porque cuando el foco baja a las estructuras provinciales, a las county boards, y se extiende a la LGFA y a la Camogie Association, la presencia de los jugadores se diluye. Apenas existe. La GPA ve en ello un déficit de gobernanza y se alinea con una tendencia global: cada vez más atletas se sientan en las mesas donde se decide el futuro de sus deportes.

La idea es sencilla y a la vez incómoda para los modelos tradicionales de poder: quien sufre el calendario, las cargas físicas, las reglas y las políticas, quiere tener algo que decir cuando se diseñan.

Un presupuesto volcado en el vestuario

Las cifras del informe anual refuerzan el mensaje político con datos económicos. En total, 4,35 millones de euros se destinaron en 2025 a programas de bienestar y desarrollo de jugadores: coaching de desarrollo personal, programas de carrera profesional, apoyos educativos. No se trata solo de rendimiento deportivo, sino de preparar a los inter-county players para la vida dentro y fuera del campo.

A esa inversión se suman 3 millones de euros en subvenciones anuales procedentes de Sport Ireland, canalizadas a través de la GAA. La GPA actúa como garante de que esos fondos públicos lleguen efectivamente a los jugadores inter-county de la GAA, una responsabilidad que subraya su papel central en el ecosistema del deporte gaélico.

El total de ingresos de la organización alcanzó los 7,6 millones de euros, un 1% más que el año anterior. El ligero crecimiento esconde un juego de equilibrios: las subvenciones gubernamentales aumentaron un 5%, mientras que la financiación central de la GAA cayó un 6%. El aporte de la GAA a la GPA se situó en 2,98 millones de euros, por debajo de los 3,17 millones del ejercicio previo.

Con todo, las cuentas cerraron en rojo: una pérdida operativa antes de impuestos de 59.401 euros y un resultado negativo después de impuestos de 65.881 euros. Un déficit asumido, de momento, para mantener el nivel de servicios a los jugadores.

Estructura ligera, impacto pesado

La GPA funciona con una estructura reducida: 10 empleados a tiempo completo. A ellos se suman 18 trabajadores con contratos de duración determinada encargados de impartir el programa Ahead of the Game (Movember), centrado en salud mental. Los costes de este personal se repercuten a la GAA, ya que es la GAA la receptora de la financiación del programa por parte de Movember, la organización benéfica global de salud mental.

En la cúpula, la contención también se nota. La remuneración del personal directivo clave se situó en 250.181 euros, por debajo de los 268.317 del año anterior. Un recorte que contrasta con el aumento de la presión y la exposición pública de la entidad en el debate sobre gobernanza y bienestar.

El siguiente paso en el poder de los jugadores

Más allá de los números, el mensaje de la GPA es político y deportivo. Parsons insiste en que el valor de la asociación ya se ve en las estructuras de gobierno de la GAA: cada decisión impacta directamente en los atletas, y la GPA trabaja activamente en los comités y juntas donde ya tiene asiento.

Pero no le basta. El objetivo es que esa presencia se extienda y se incruste en los consejos provinciales, en las county boards y en todo el “Gaelic games family”. Que el jugador no sea solo el protagonista del domingo, sino también una voz autorizada de lunes a sábado en los despachos.

La batalla, a partir de ahora, no será solo por porcentajes de presupuesto o por programas de apoyo. Será por sillas. Por quién se sienta a decidir el rumbo de los juegos gaélicos en los próximos años. Y los jugadores, organizados a través de la GPA, han dejado claro que ya no quieren mirar esas decisiones desde la grada.

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