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Liverpool en Nueva York: Un futuro prometedor entre retos y oportunidades

En Nueva York, Liverpool habla de futuro mientras mira de reojo a su pasado reciente. No es casualidad que el club haya elegido Estados Unidos para su gira de pretemporada: asegura tener más de 26 millones de seguidores en el país y quiere capitalizar un verano en el que el fútbol ha ganado un protagonismo inusual al otro lado del Atlántico.

Billy Hogan, director ejecutivo de Liverpool y de Fenway Sports Group (FSG), se sienta con BBC Sport en la Gran Manzana, horas antes de que el equipo de Andoni Iraola se mida a Wrexham en el legendario Yankee Stadium. El escenario respira espectáculo. Pero el ruido más importante, por ahora, no viene del césped.

Un nuevo socio a la vista

La semana pasada, FSG confirmó que mantiene conversaciones con un consorcio liderado por Amit Bhatia, empresario británico-indio, para una inversión minoritaria estratégica en el club. Las negociaciones siguen su curso y en los despachos crece la sensación de que el acuerdo terminará cerrándose.

Hogan evita el triunfalismo, pero no rehúye el tema: recuerda que John Henry y FSG siempre han dejado la puerta abierta a un inversor que ayude a fortalecer el proyecto deportivo. Nada más. Nada menos. El mensaje es claro: se escucha, se estudia, se valora. Pero no se vende el control.

Según el Financial Times, una operación con el grupo encabezado por Bhatia situaría la valoración de Liverpool por encima de los 4.500 millones de libras. Una cifra que ilustra la dimensión actual del club y el músculo económico de la Premier League.

Hogan, que forma parte de FSG desde la compra de Liverpool en 2010 por 300 millones de libras, insiste en que la posible entrada de capital no debe interpretarse como un paso atrás de los propietarios, también dueños de Boston Red Sox. Al contrario: hablan de oportunidad, no de retirada.

Crecer sin techo… y sin perder el rumbo

El discurso de Hogan gira en torno a una idea: Liverpool todavía no ha tocado techo.

“Este es el deporte más grande y popular del mundo y somos uno de los clubes más grandes de la liga más grande del deporte más grande del mundo”, subraya. El contexto le acompaña: la Premier League mantiene un impulso comercial descomunal y el club presume de haber sido quinto en la Deloitte Football Money League, con los mayores ingresos de la liga inglesa, 702 millones de libras.

Ese dinero, recalca, vuelve al club. Siempre. Infraestructura, plantilla, estructura deportiva, expansión global. El mantra es la sostenibilidad, una palabra que en Anfield se repite casi tanto como “títulos”.

Sobre el césped, el objetivo no cambia: ganar. Fuera de él, seguir aumentando los ingresos y consolidar el crecimiento. El mensaje suena corporativo, pero la realidad reciente ha sido todo menos cómoda.

Un año carísimo, un año fallido

La temporada pasada Liverpool gastó alrededor de 450 millones de libras en fichajes. Un verano récord. El resultado deportivo, sin embargo, se quedó muy lejos de las expectativas. La factura llegó al final de curso: Arne Slot fue despedido y el vestuario perdió a piezas de peso como Mohamed Salah, Andy Robertson e Ibrahima Konaté, todos saliendo como agentes libres.

Demasiado ruido, demasiada inestabilidad para un club que se ha acostumbrado a vivir cerca de la élite europea. Y no solo en el banquillo o en el césped.

Michael Edwards, hasta ahora CEO de fútbol de FSG, dejó el cargo después de que el grupo aparcara sus planes de un modelo de multi-club. Paralelamente, el director deportivo Richard Hughes aparece vinculado a un posible movimiento hacia Al Hilal, en Arabia Saudí. El organigrama se mueve, y con él, las preguntas sobre la estabilidad.

Hogan no se esconde: la transición es inevitable. Pero la vende como oportunidad. La llegada de Andoni Iraola, asegura, ha generado entusiasmo interno por su mentalidad y su propuesta futbolística, algo que, cree, conectará con la grada. Pide tiempo, pero recalca que el club está “en un lugar muy saludable”, con una propiedad firme y una hoja de ruta clara.

El modelo no se toca

En medio de los cambios de nombres y cargos, Hogan defiende que el modelo de club permanece intacto. La inversión, recuerda, siempre se ha hecho con la misma premisa: colocar al equipo en la mejor posición posible para competir por títulos.

A veces eso implica un gasto masivo. Otras, contención. El verano de 2024 es el ejemplo perfecto: solo una incorporación, Federico Chiesa, por 12,5 millones de libras. Nada que ver con el desembolso del año anterior. No es un giro ideológico, sino una decisión ajustada al momento de la plantilla y a las necesidades detectadas, con Mike Gordon, el verdadero “propietario gestor” en la sombra, tomando las decisiones clave.

La deuda con el equipo femenino

Hogan también mira a un área donde Liverpool llega tarde. El equipo femenino terminó 11º en la WSL la temporada pasada y no levanta el título de máxima categoría desde 2014. El propio directivo admite que, durante años, el club desvió la atención de esa sección.

Ahora, promete, eso ha cambiado. El equipo femenino entrena en uno de los mejores centros del país, AXA Melwood, y el club ha empezado a invertir de forma más seria en la plantilla. El plan es replicar el mismo enfoque que con el equipo masculino: crecimiento sostenible, pero ambicioso, en un contexto en el que el fútbol femenino ofrece un margen de expansión enorme.

De la bancarrota a la modernización de Anfield

Cuesta recordarlo viendo el Liverpool actual, pero en 2010 el club estaba al borde de la administración concursal. FSG llegó en ese momento límite. No todo ha sido acierto desde entonces, y los aficionados lo han hecho notar cuando han considerado que tocaba plantar cara.

Este mismo año, Hogan tuvo que escribir a la afición para explicar las subidas en los precios de las entradas. Las protestas fueron contundentes. El club rectificó y redujo el incremento previsto para las próximas temporadas. Un recordatorio de que en Anfield la grada no es un actor secundario.

Aun así, el balance estructural bajo FSG es innegable. Anfield ha cambiado de piel sin perder su esencia: dos de sus cuatro gradas han sido remodeladas en la última década y el estadio se ha consolidado como un coloso moderno incrustado en un barrio obrero. Hogan habla de “un recinto icónico en el corazón de la comunidad” y apunta ahora a mejorar el entorno, el transporte y la actividad en días sin partido. Que Anfield no sea solo un templo de 90 minutos, sino un motor constante para el vecindario.

Lo que más orgullo le genera, admite, es la salud financiera del club. De la bancarrota inminente a una estructura sólida, con bases para el largo plazo y la certeza de que Liverpool puede seguir en Anfield sin necesidad de mudarse a un estadio nuevo. Son avances que no llenan portadas, pero que sostienen el futuro.

Entre los recuerdos y el desafío

Hogan reconoce que siempre quedará la sensación de que se podrían haber ganado más trofeos. Pero también se aferra a las noches europeas, a las finales de Champions, a los fan parks llenos de camisetas rojas en ciudades de toda Europa. Se perdieron finales, sí. Se ganaron otras. Lo que queda, insiste, es la memoria compartida, la sensación de pertenencia, la diversión de seguir a un club que rara vez deja indiferente.

Hoy, tras un año “súper difícil” por “muchas razones diferentes”, Liverpool elige Nueva York para empezar a pasar página. Ciudad de rascacielos, de sueños, de reinvenciones constantes.

El club que estuvo al borde del abismo financiero, que ahora se valora en miles de millones, que busca un nuevo socio sin renunciar al control, que cambia de entrenador y reordena su estructura deportiva, se mira al espejo en Manhattan.

La pregunta ya no es qué fue Liverpool en la última década. La cuestión es qué está dispuesto a ser en la próxima. Y cuánto está dispuesto a arriesgar para seguir diciendo, con hechos, que quiere ser “el mejor club del mundo”.

Liverpool en Nueva York: Un futuro prometedor entre retos y oportunidades