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El mercado de fichajes en el fútbol femenino 2025-26

La temporada 2025-26 se ha apagado casi por completo en el fútbol femenino de élite. Lo que empieza ahora es otra cosa: el ruido del mercado, los teléfonos echando humo, los representantes oliendo comisiones y un verano que promete agrandar, todavía más, la brecha entre los clubes que mandan y los que apenas sobreviven.

Un mercado que se dispara

Los números son contundentes. Según Fifa, el verano pasado el gasto global en traspasos en el fútbol femenino aumentó un 83,6% interanual. Un salto brutal. En esa ola se inscribieron operaciones como el fichaje de Grace Geyoro por London City Lionesses desde Paris Saint-Germain, cifrado en 1,43 millones de libras –cantidad que el club londinense ha negado que sea tan alta–, o el primer traspaso millonario en la historia de Arsenal: Olivia Smith, llegada desde Liverpool por 1 millón de libras.

El dinero no solo corre entre clubes. También hacia los intermediarios. Datos publicados por la Football Association en abril revelan que entre el 4 de febrero de 2025 y el 3 de febrero de 2026 los clubes de la Women’s Super League desembolsaron 3,8 millones de libras en comisiones a agentes. Un incremento del 75% respecto al año anterior. Más de 1 millón salió de las arcas de Chelsea, que gastó más de diez veces lo invertido por Leicester o West Ham.

Son subidas que dejan muy atrás la inflación y, sobre todo, el ritmo de crecimiento de los ingresos. Deloitte calcula que los ingresos en el deporte femenino de élite a nivel global crecieron un 25% interanual. El contraste es evidente: el coste de fichajes y agentes se dispara mucho más rápido que el dinero que entra.

El grueso de ese crecimiento se concentra en la cúspide de la pirámide: grandes clubes, grandes selecciones, grandes estrellas. Mientras tanto, para buena parte de los equipos de WSL2 la realidad es muy distinta. Ahí el mercado se recorre con lupa en la mano, rastreando oportunidades a coste cero y contratos cortos que permitan cuadrar presupuestos cada vez más tensos.

Salarios mínimos… y contratos estratosféricos

Dentro de la WSL, el marco salarial establece mínimos claros. Para jugadoras de 23 años o más, el salario mínimo es de 42.500 libras anuales. Entre 21 y 22 años, baja a 34.700. Para el tramo de 18 a 20 años, se sitúa en 26.900. Es la base de la pirámide salarial.

En la cima, el paisaje es otro. Según The Athletic, el nuevo contrato de Khadija “Bunny” Shaw con Manchester City puede elevar sus ingresos hasta 1,7 millones de libras al año. Una cifra que muchos consideran lógica para la ganadora de la Bota de Oro de la WSL, pero que deja una imagen demoledora: ese salario supera, por ejemplo, los 1,39 millones de libras de ingresos anuales que Leicester registró en sus últimas cuentas en Companies House.

El lugar donde las jugadoras pueden apretar más en las negociaciones no suele ser el traspaso millonario, sino la renovación o la salida a coste cero. Ahí se concentran muchas de las grandes batallas de este verano. Los clubes han trabajado durante meses para cerrar extensiones de contrato y acuerdos de agente libre antes de que se abra oficialmente la ventana de fichajes, cuando los traspasos con tarifa empiezan a multiplicarse.

En Inglaterra, el mercado abre el 16 de junio y cierra el 3 de septiembre. Ese calendario obliga a los clubes ingleses a dejar su plantilla prácticamente cerrada antes de que ruede el balón, con un matiz peligroso: otros países podrán seguir fichando a sus jugadoras una vez que la ventana inglesa ya esté cerrada. En Estados Unidos el plazo para inscribir nuevas jugadoras termina el 7 de septiembre; en Francia y España, el 18 de septiembre; en Alemania, el 1 de septiembre; en Suecia, el 31 de agosto. Todos esos mercados, además, no abrirán hasta julio. Un puzle de fechas que añade tensión a cada negociación.

Los grandes mueven ficha

Aunque el calendario marque junio y julio como el arranque oficial, el trabajo real empezó hace meses. Algunos de los clubes más poderosos ya han colocado piezas clave.

Georgia Stanway se unirá a Arsenal a comienzos de julio procedente de Bayern Munich, en una operación a coste cero que refuerza el centro del campo de las londinenses. El club también está a punto de cerrar la llegada de Géraldine Reuteler, libre tras finalizar contrato con Eintracht Frankfurt.

Tottenham se prepara para un verano agresivo en el mercado. También Birmingham, recién ascendido, cuyos propietarios estadounidenses han dejado claro que no han venido a la WSL a pasear, sino a competir desde el primer día.

Chelsea, por su parte, rastrea el mercado en busca de una delantera. En la lista aparece un nombre subrayado: la joven sueca Felicia Schröder, que firmó cuatro goles en los dos partidos de la final de la Europa Cup del pasado mayo. BK Häcken, su club, está dispuesto a negociar, pero no a regalar a una de las grandes joyas del momento. Todo apunta a que exigirá una cifra cercana al récord mundial por una jugadora de 19 años.

Y luego está London City. El club de Michele Kang, símbolo de esta nueva era de gasto agresivo, ha dado el golpe más llamativo del verano hasta ahora: ha alcanzado un acuerdo en las condiciones personales con la leyenda de España y Barcelona, Alexia Putellas. Si el fichaje se completa, sería una incorporación de impacto global. No llega sola. London City también tiene previsto incorporar a Mary Earps y Mapi León como agentes libres. Tres nombres que, hace apenas unos años, parecían reservados a un puñado de superpotencias europeas.

El otro lado del espejo: Durham al límite

Mientras los gigantes remodelan plantillas con operaciones de siete cifras, la realidad en otras latitudes es mucho más cruda. Durham, equipo de WSL2 que hace solo 18 meses derrotó a London City en un partido de liga, ha lanzado una advertencia desesperada: el club se verá obligado a desaparecer en menos de tres semanas si no encuentra nueva inversión para financiar la temporada 2026-27.

La imagen es poderosa. De un lado, London City, hoy inmerso en un proyecto de gasto masivo que aspira a atraer a Alexia Putellas. Del otro, un rival reciente, Durham, asomado al abismo financiero. Dos mundos que se cruzaron en el campo hace año y medio y que ahora viven en galaxias económicas diferentes.

La distancia no se limita a Inglaterra. Las franquicias de la National Women’s Soccer League, los proyectos de Kang en OL Lyonnes y London City, y el trío dominante de la WSL –Manchester City, Arsenal y Chelsea– operan ya en una estratosfera propia. Muy por encima del resto de clubes ingleses y, todavía más, de aquellos que compiten en ligas de regiones menos acomodadas del planeta. Esa fractura, más que cualquier fichaje individual, se perfila como el gran tema de este verano.

Detalles que marcan la nueva era

Entre tanto movimiento, la logística también se ajusta al nuevo escenario. Chelsea disputará sus partidos de copa en el Cherry Red Records Stadium, en el suroeste de Londres, estadio de League One AFC Wimbledon con capacidad para 9.000 espectadores. “Aunque Stamford Bridge es nuestro hogar, queríamos asegurarnos de que nuestra sede alternativa fuera inclusiva, cómoda y cumpliera plenamente con todas las normativas de competición”, explicó Nadia Shahrestani, directora de operaciones de negocio del club. Un cambio que habla de crecimiento, pero también de la necesidad de encontrar espacios manejables para una base de aficionados en expansión.

El sindicato también se mueve. La Professional Football Association ampliará sus tradicionales campos de entrenamiento de pretemporada para jugadoras sin contrato, incorporando por primera vez un programa específico para futbolistas de WSL y WSL2. Las sesiones están previstas para las semanas del 15 y el 22 de julio. Un salvavidas deportivo y físico para quienes esperan una llamada que, en muchos casos, decidirá su futuro profesional.

Un verano de contrastes

Mientras los despachos hierven, el balón sigue dejando imágenes que recuerdan por qué todo esto importa. Melvine Malard firmó una chilena magnífica en la victoria por 1-0 de Francia ante la República de Irlanda, gol que aseguró la clasificación directa para el Mundial del próximo verano. En Gales, la seleccionadora Rhian Wilkinson resumió la tensión de este nuevo ecosistema de élite con una frase sencilla tras liderar a su equipo al primer puesto de su grupo de clasificación y a un camino más amable en el playoff: “Mi reloj me dice que estoy estresada, cosa que ya sabía. Solo soy una entrenadora orgullosa”.

En otras partes del mapa, las potencias siguen marcando el ritmo. Las Lionesses se impusieron 3-0 a Ucrania en la fase de clasificación mundialista, pero el 6-1 de España en Islandia las empuja hacia la repesca. Al otro lado del Atlántico, la seleccionadora de la USWNT, Emma Hayes, definió como “una experiencia que nunca olvidaré” el 1-0 ante Brasil, un partido marcado por ocho tarjetas rojas a jugadoras y miembros del cuerpo técnico local, entre ellas Kerolin, Ludmila y el seleccionador Arthur Elias.

En los despachos, la conversación sobre la brecha económica se afila. La economista Tiya Banerjee recuerda que “los países más ricos tienden a ser más progresistas y, por tanto, más favorables a que mujeres y niñas practiquen deporte, lo que genera un mayor caladero de talento”. Una realidad que se refleja en cada ventana de fichajes, en cada salario récord, en cada club que se queda atrás.

Y en la grada, el crecimiento trae sus propias tensiones. El fichaje de Katie McCabe por Chelsea ha desatado una reacción airada entre parte de la afición, un ejemplo más de cómo la pasión por el juego puede cruzar líneas que nunca deberían traspasarse. La indignación forma parte del fútbol; el abuso, no.

El verano del fútbol femenino ya está en marcha. No lo marca un silbato, sino la firma al pie de un contrato y la cuenta atrás en la caja registradora. La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse un deporte en el que unas pocas vuelan hacia la estratosfera mientras otras pelean, a contrarreloj, por no desaparecer.

El mercado de fichajes en el fútbol femenino 2025-26