Messi brilla con hat-trick en Mundial 2023
KANSAS CITY, MO. — Lionel Scaloni ha visto casi todo en el fútbol. Campeón del mundo con Argentina en 2022, ganador de Liga y Copa del Rey con aquel inolvidable Deportivo La Coruña. Centenares de partidos, noches de gloria y de presión máxima.
Y, sin embargo, el martes terminó abrazado a Lionel Messi con los ojos vidriosos, roto por dentro en un 3-0 ante Argelia que, sobre el papel, debería ser apenas el primer paso de un torneo largo. Ocho partidos si todo sale como Argentina imagina. El primero ya dejó una imagen imborrable: el seleccionador campeón del mundo emocionado como un debutante.
Eso provoca Messi. No solo en las decenas de miles de hinchas que lo siguen por el planeta, sino en sus compañeros, en sus técnicos, en cualquiera que comparta vestuario con él.
Scaloni lo explicó con una sinceridad que ya es marca registrada: sabe que Messi tiene a su alrededor un grupo de amigos dispuesto a darlo todo por él, jugadores que lo ven como un dios y, al mismo tiempo, como el pibe del barrio que nunca se fue del todo. Lo difícil, dice, es poner en palabras lo que transmite al grupo. Hay que vivirlo. Sentir el ambiente, la energía que se genera a su lado. Todos los días.
Pero el martes no fue un día más.
Messi firmó un hat-trick en su estreno en este Mundial, el primero de su carrera en la Copa del Mundo, y volteó el tablero de la jornada. Superó el doblete de Kylian Mbappé unas horas antes, dejó atrás al brasileño Ronaldo y alcanzó a Miroslav Klose en lo más alto de la tabla histórica de goleadores del torneo masculino. Un hito detrás de otro, en una noche en la que nada pareció suficiente para describirlo.
Y, aun así, él se mantuvo frío. Como siempre.
Cuando le preguntaron por las cifras, respondió con naturalidad. Dijo que no se detiene a mirar los números, que es un honor estar a la altura de Klose, con Ronaldo también en esa conversación, pero que al final son estadísticas. Nada más. Recordó que Mbappé hizo dos goles ese mismo día y dejó una reflexión seca, contundente: para él, Ronaldo fue un enorme futbolista, uno de los más grandes, y ni siquiera está primero en esa tabla. Eso, remarcó, demuestra lo que es una estadística.
Mientras el mundo calcula récords, Messi sigue jugando.
Su impacto va mucho más allá de los tres goles. Su grandeza no se mide solo en cifras, por más que los registros lo acerquen o lo pongan por encima de Klose, de Ronaldo o de cualquiera que haya venido antes. Messi toma partidos parejos y los rompe en pedazos. Cambia el ritmo emocional de un encuentro con una sola jugada.
Ibrahim Maza, atacante argelino, lo resumió con dos palabras: “cosas de Messi”. Cuando le pidieron que explicara, se negó. No hacía falta, dijo. Basta ver el partido para entender qué significa.
Ahí está todo: la determinación feroz para iniciar y terminar una jugada de gol, la capacidad de hacerse invisible aun cuando cada mirada del estadio —sobre todo la de los defensores— está clavada en él, esa aceleración cuesta abajo desde la mitad de la cancha que todavía conserva, incluso a esta edad. Y, a veces, también la fortuna: una falta que podría haber sido tarjeta y queda sin castigo, un rebote que le cae justo, un espacio que se abre donde no lo había.
El escenario acompañó. 69.045 espectadores en un estadio lleno, una noche que olía a gran cita. Messi venía envuelto en dudas físicas tras una lesión con Inter Miami. Respondió como responde desde hace casi dos décadas: jugando. Y goleando.
En la banda, Scaloni vivía otra batalla. Messi desveló que el día había sido especialmente duro para el técnico por un asunto personal fuera del campo. Quizá por eso el abrazo final tuvo ese peso, esa descarga. No era solo la alegría por el 3-0 ni por el hat-trick. Era algo más íntimo, más humano.
Aun así, nadie dentro de la selección se permite pensar que este sea el techo. Al contrario. Este debe ser el comienzo de la defensa del título, no su punto más alto. La vara está donde la dejó Qatar 2022.
Messi es, probablemente, el futbolista más fiable del planeta cuando se trata de aparecer en las grandes citas. Pero Argentina sabe que no alcanza con su genio. Los que sienten esa “aura” a su lado, como la define Scaloni, tendrán que sostener este nivel —o elevarlo— si quieren levantar otra copa.
El propio capitán se encargó de bajar el ruido. Nada de proyecciones grandilocuentes, nada de cuentas hacia adelante. El siguiente objetivo tiene fecha y lugar: 22 de junio, contra Austria, en el norte de Texas. Ni un día más lejos.
“El seleccionado está para competir. Nunca nos adelantamos. Vamos partido a partido”, insistió. Recordó que este grupo no se relaja, que compite siempre igual, sin importar el rival. A veces mejor, a veces peor, pero siempre compitiendo. Y dejó una promesa sencilla, casi una advertencia: van a pelear hasta que no puedan más.
Si Argentina mantiene esa ferocidad y Messi sigue sano y brillante, Scaloni volverá a llorar en este torneo. Y no será el único.





