Nicolás Pépé guía a Costa de Marfil a una clasificación histórica
Siete meses atrás, Nicolás Pépé veía la Copa África por televisión. Fuera de la lista, apartado del foco, convertido casi en un recuerdo de aquel fichaje sonado del Arsenal. En Filadelfia, el mismo jugador se plantó en el Mundial convertido en talismán de Costa de Marfil. Y lo dejó claro desde el primer suspiro.
A los siete minutos ya mandaba el marcador. Un malentendido en la zaga de Curazao, Yan Diomande que lee el error antes que nadie y sirve el pase. Pépé, frío, clínico, define raso. Gol. Ventaja temprana. Y un mensaje: está de vuelta.
El extremo, revitalizado en España con Villarreal tras un final áspero en Londres, firmó una actuación que explica por sí sola por qué Emerse Faé decidió rescatarlo del olvido internacional. No fue solo el gol inicial. Fue la sensación de amenaza constante, de jugador grande en noche grande.
El segundo tanto llegó en el minuto 65 y llevó su sello más reconocible. Control, espacio mínimo y zurdazo a la escuadra. Un disparo “vintage” que dejó sin respuesta al portero y que encendió definitivamente a la grada marfileña. Dos ocasiones claras, dos golpes certeros. La clase que se esperaba de él cuando dio el salto a la élite, ahora al servicio de una selección que por fin rompe su techo mundialista.
La generación que sí cruza el umbral
Costa de Marfil había vivido años mirando por el retrovisor. Nombres como Didier Drogba o Yaya Touré alimentaron una etiqueta de “Generación Dorada” que nunca se tradujo en grandes recorridos en los Mundiales. En 2006, 2010 y 2014, el mismo desenlace: fase de grupos y vuelta a casa.
Esta vez, no. Con la victoria ante Curazao y seis puntos en el Grupo E, los Elefantes se plantan en el cuadro de las 32 mejores selecciones del torneo. Algo que ni las grandes leyendas pudieron lograr. El cambio de era ya tiene un marcador al que aferrarse.
Emerse Faé no lo ocultó al final del encuentro. El técnico pidió a los aficionados que disfruten, que celebren esta clasificación histórica. Subrayó que el equipo no estuvo perfecto, pero valoró un detalle que, en un Mundial, pesa tanto como un gol: mantener la portería a cero. Moral alta, vestuario relajado, y la sensación de que este grupo empieza a creérselo.
El seleccionador insistió en la idea que se respira alrededor del equipo: la fuerza está en el bloque. Todos debutan en una Copa del Mundo, pero el crecimiento es visible. Compañeros que pelean por el mismo puesto y, aun así, comparten risas y tiempo. Competencia sana, ambiente ligero, rendimiento al alza.
En el césped, esa madurez se notó en la eficacia. Costa de Marfil no arrasó, pero sí castigó. Curazao, pese a su entrega, apenas encontró el camino al arco rival: solo dos remates entre los tres palos ante un Yassin Fofana siempre bien colocado. Los africanos no necesitaron dominar todas las fases del juego; les bastó con ser más contundentes cuando el partido ardía.
Curazao se despide, pero deja huella
Para Curazao, la aventura termina aquí, pero su historia queda marcada en el Mundial de 2026. El país más pequeño por población en clasificarse para la fase final no fue figurante. Se ganó un punto ante Ecuador y se ganó, sobre todo, el respeto general.
Ante Costa de Marfil, el equipo de Dick Advocaat volvió a demostrar que no había llegado por casualidad. Ordenado, valiente, siempre dispuesto a morder cuando se abría una rendija. Juninho Bacuna tuvo la gran ocasión para cambiar el guion justo antes del descanso: mano a mano, opción clarísima para empatar. La pelota se marchó y con ella una parte importante de las esperanzas caribeñas.
Aun así, la “Blue Wave” compitió hasta el último minuto. No se descompuso tras el segundo gol de Pépé, siguió buscando espacios, intentando encontrar un resquicio en la zaga marfileña. No lo halló. Se topó una y otra vez con Fofana y con una defensa seria, poco dada a las concesiones.
Advocaat, consciente del contexto, recordó el nivel de los rivales y el valor del camino recorrido. Su objetivo inicial pasaba por asegurar el billete a la Gold Cup. Después, sí, el sueño de un Mundial que acabó siendo realidad. El técnico neerlandés, lejos de ver esta eliminación como un final, la leyó como un punto de partida: el rendimiento en el segundo y tercer partido le permite creer que Curazao puede volver.
Unos Elefantes sin complejos ante el gigante que venga
Mientras el torneo entra ya en fase de eliminación directa, Costa de Marfil se asoma a un territorio desconocido… pero sin miedo. El premio por su segunda plaza en el grupo es un examen monumental: en el horizonte aparece la Francia de Kylian Mbappé o la Noruega de Erling Haaland.
Ninguna de las dos opciones invita a la relajación. Son potencias ofensivas, selecciones acostumbradas a vivir en estas alturas. Sin embargo, los Elefantes llegan con argumentos. Pépé ha recuperado filo, la zaga se muestra sólida y el vestuario transmite una calma poco habitual en un debut colectivo en un Mundial.
Costa de Marfil ya ha derribado una barrera histórica. La pregunta ahora no es si está a la altura del escenario, sino hasta dónde se atreverá a empujar sus propios límites cuando el siguiente gigante se cruce en su camino.





