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Oliver Antman a un paso de Anderlecht tras su paso por Rangers

Oliver Antman está a punto de cambiar Glasgow por Bruselas. El extremo finlandés, que no ha logrado asentarse en Rangers, viajó a Bélgica para cerrar su fichaje por RSC Anderlecht, tal y como confirmó su entrenador, Derek McInnes, este miércoles.

«Se ha alcanzado un acuerdo y Oliver ha viajado para finalizarlo todo. Estoy bastante seguro de que todo irá bien para él», explicó el técnico ante los medios escoceses. Palabras que suenan a despedida definitiva.

De revelación en Deventer a paso en falso en Glasgow

La historia reciente de Antman es la de un despegue fulgurante seguido de un frenazo incómodo. Tras una campaña 2024–25 brillante con Go Ahead Eagles, el zurdo se ganó un lugar en todos los radares de Europa: seis goles, 16 asistencias —máximo asistente de la liga— y participación en cuatro partidos en el camino hacia la conquista de la KNVB Cup.

Ese rendimiento le abrió de par en par las puertas de Rangers, que desembolsó 3,5 millones de libras con la idea de haber encontrado a un generador de juego para varios años. El contexto parecía perfecto: un club grande, un estadio exigente, un escenario ideal para que su fútbol creativo se hiciera grande.

La realidad fue otra.

Antman nunca terminó de encontrar su sitio en Glasgow. Entre adaptación, competencia interna y altibajos de confianza, el internacional finlandés cerró la temporada con solo un gol y cinco asistencias en 28 partidos entre todas las competiciones. Números discretos para un jugador llamado a marcar diferencias en el último tercio.

Una segunda oportunidad en Bélgica

Ahí aparece Anderlecht, atento a las oportunidades de mercado. El club bruselense ha decidido apostar por el talento que Antman ya demostró en Países Bajos y está dispuesto a pagar algo más de cinco millones de euros por el jugador de 24 años. Una cifra que habla de dos cosas: de la fe en su techo futbolístico y de la sensación de que su etapa en Ibrox necesitaba un final rápido.

Para Rangers, la operación supone una salida razonable de un proyecto que no terminó de cuajar. Para Antman, se abre una puerta que parece encajar mucho mejor con su perfil: una liga que históricamente ha potenciado a futbolistas técnicos, un entorno menos abrasivo que el de Glasgow y un club que acostumbra a dar protagonismo a jugadores creativos en tres cuartos de campo.

El viaje ya está en marcha. Si los últimos flecos se cierran como espera McInnes, la próxima vez que Antman reciba el balón pegado a la banda no será en Escocia, sino vestido de púrpura en Bruselas. La cuestión ahora es sencilla y, a la vez, decisiva: ¿convertirá esta vez su talento en constancia o volverá a quedarse en una promesa a medio camino?

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