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La travesía de Simons: de la lesión a volver a caminar

La rotura de ligamentos le arrancó de golpe todo: el final de temporada con Tottenham, en plena lucha por la permanencia, y un Mundial de verano con Países Bajos en el que estaba llamado a tener un papel protagonista. De un día para otro, Simons pasó de preparar un cierre de curso al límite a ver el fútbol desde una camilla.

El golpe fue doble. Mientras Spurs se aferraba a la Premier League, él solo podía mirar. Roberto De Zerbi logró el milagro en el último día de la campaña, asegurando la salvación para los del norte de Londres. Al otro lado del océano, la selección neerlandesa se despedía pronto de la Copa del Mundo en Norteamérica, eliminada en la tanda de penaltis por Marruecos en la primera ronda eliminatoria. Sin Simons sobre el césped.

Para el centrocampista, esta cita tenía un sabor muy distinto a la de Qatar, donde apenas tuvo minutos. Esta vez se veía listo. Se sentía importante. “Este Mundial era un poco diferente porque sentía que realmente podía ayudar al equipo a lograr el objetivo”, explicó en el podcast The Sports Agents. Esa sensación de oportunidad perdida pesa más que cualquier parte médico.

Los primeros días tras la lesión fueron un muro. “Cuando te dicen cuánto va a durar esta lesión, para mí los dos primeros días fueron realmente duros”, reconoció. El calendario se le vino encima, con plazos fríos y fechas que se alejaban. Luego, cambió el enfoque. “Después de eso, me dije a mí mismo: no te pongas una presión muy, muy alta, y estoy viendo mejoría cada día, y eso es algo que me hace realmente feliz”. No es una frase hecha: es la tabla a la que se aferra un futbolista que ha visto cómo su carrera se detenía en seco.

La escena que lo cambió todo llegó en Molineux. Una acción, un giro, un chasquido. La lesión que todo jugador teme. A partir de ahí, la vida se redujo a lo básico. Nada de estadios llenos, nada de himnos ni focos. Solo rutinas domésticas que, de pronto, se convirtieron en pequeños triunfos.

“Tengo que estar feliz solo por volver a caminar, ir al baño e incluso tomar una bebida con mi familia. Eso fue algo que realmente se me quedó grabado en la cabeza”, confesó. Cuando un profesional de élite habla así, se entiende la magnitud del daño. La perspectiva cambia: lo que antes era cotidiano se convierte en meta.

La rotura de ligamentos le ha privado ya de lo que habría sido su segundo Mundial, pero también le ha enseñado otra forma de competir: contra el tiempo, contra la frustración, contra la impaciencia. El gran escenario tendrá que esperar. Su batalla ahora está en el gimnasio, en la camilla, en cada paso sin dolor.

Los plazos siguen siendo duros. Todo apunta a que Simons no volverá a vestir la camiseta de Spurs en lo que queda de año natural. El club trabaja con un horizonte de regreso fijado para 2027, un calendario que obliga a pensar a largo plazo y a aceptar que no habrá atajos.

Tottenham ya sabe lo que es vivir al borde del precipicio sin uno de sus talentos. Países Bajos también ha comprobado cuánto echa de menos su energía en las grandes noches. La pregunta es sencilla y brutal: cuando por fin vuelva, ¿será el mismo jugador que la lesión dejó en Molineux o uno nuevo, endurecido por la espera?

La travesía de Simons: de la lesión a volver a caminar