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Xabi Alonso: ¿el sucesor ideal para Liverpool?

En Liverpool ya no se habla solo del presente. Se habla del banquillo. Y, sobre todo, se habla de Xabi Alonso.

El club de Merseyside, según informa AS, no está dispuesto a dar el siguiente paso a ciegas. Antes de confiarle el puesto a quien durante años ha sido visto como el sucesor natural en Anfield, la directiva quiere entender por qué su etapa en el Real Madrid terminó convertida en un sonoro fracaso. No en lo deportivo, sino en algo todavía más delicado: la gestión de un vestuario de élite.

Slot, del título al abismo

Arne Slot tiene contrato con Liverpool hasta 2027. Hace no tanto, su figura simbolizaba un relevo perfecto: aterrizó, impuso su idea y llevó al equipo a conquistar la Premier League con holgura en su primera temporada. El club parecía haber encontrado continuidad tras la era Jürgen Klopp.

Ese impulso se ha evaporado a una velocidad alarmante.

La campaña 2025-26 se ha descosido por todas las costuras. Liverpool se ha despedido prematuramente de las tres copas: Champions League, FA Cup y League Cup. Nada de noches grandes, nada de finales, nada que llevar al museo. En la liga, la defensa del título se ha derrumbado: el equipo marcha cuarto, a 20 puntos de un Arsenal que gobierna la tabla sin mirar atrás.

Para un club que ha invertido más de 400 millones de euros en reforzar la plantilla, el golpe es doble: deportivo y reputacional. El proyecto se tambalea. Y con él, la figura de Slot.

En Inglaterra ya se multiplican las críticas al técnico y a su estilo, algunas especialmente feroces. La sensación de que el ciclo puede estar agotándose ha calado tanto que, según la prensa británica, la cúpula del club ya sopesa seriamente un cambio de entrenador.

Ahí vuelve a aparecer un nombre que nunca se fue del todo: Xabi Alonso.

El expediente Madrid

Durante años, Alonso ha sido visto como el candidato ideal para el banquillo de Liverpool. Conoce el club, entiende la grada, habla el idioma futbolístico de Anfield. Pero su paso por el Real Madrid ha dejado cicatrices que ahora se revisan con lupa.

Según varias informaciones, Alonso terminó por partir en dos el vestuario blanco. La tensión estalló en octubre, cuando figuras clave como Vinicius Junior y Fede Valverde empezaron a cuestionar abiertamente sus métodos. No les convencían las largas sesiones tácticas, ni las extensas revisiones de vídeo, ni el nivel de detalle con el que el técnico pretendía rehacer los automatismos del equipo.

Al mismo tiempo, otro grupo de jugadores defendía con firmeza el plan del entrenador. Para ellos, la resistencia interna no tenía tanto que ver con la pizarra como con los egos. Veían en las quejas constantes —sobre todo las de Vinicius— una coartada para enmascarar algo más simple: bajo Alonso, el brasileño ya no disfrutaba del estatus que había tenido con Carlo Ancelotti.

El conflicto dejó de ser soterrado para convertirse en un pulso abierto.

Un vestuario que se le volvió en contra

Los episodios que se relatan desde dentro del vestuario hablan de una ruptura profunda. El respeto, base de cualquier proyecto ganador, se resquebrajó.

Algunos jugadores, siempre según esas versiones, llegaron a fingir que dormían durante las sesiones tácticas. Otros charlaban entre ellos mientras el entrenador exponía conceptos clave. Gestos pequeños, pero demoledores en un contexto de máxima exigencia. Cada uno de esos actos minaba la autoridad del técnico y encendía aún más a quienes seguían de su lado.

El comportamiento no solo irritó al núcleo que respaldaba a Alonso, también provocó una reacción furiosa del propio entrenador. En uno de esos momentos límite, y de acuerdo con los relatos publicados, Alonso llegó a estallar con una frase que resume el clima que se vivía: no se había dado cuenta, dijo, de que había entrado en una guardería.

Hoy, el técnico sigue sin club. Y ese vacío, lejos de ser un simple paréntesis, se ha convertido en un dossier que Liverpool estudia con atención.

¿Encaja Anfield en el carácter de Alonso?

La pregunta que sobrevuela Melwood y los despachos de Anfield es clara: ¿puede un entrenador que chocó de frente con un vestuario estelar en Madrid gestionar la presión, las jerarquías y los egos de un gigante como Liverpool en plena crisis?

El contexto es muy distinto. La Premier League exige intensidad táctica y física, algo que encaja con la visión meticulosa de Alonso. La grada de Anfield suele alinearse con los entrenadores que trabajan, exigen y se dejan la piel. Pero el recuerdo de ese vestuario dividido en el Bernabéu pesa.

Liverpool no solo busca un ideólogo del juego. Busca un líder capaz de sostener un proyecto que, tras un año desastroso y una inversión millonaria, no puede permitirse otro tropiezo mayúsculo.

Slot aún está en el cargo. El contrato dice 2027. La realidad, mucho menos paciente, habla de un equipo sin rumbo, de un banquillo cuestionado y de un candidato cuyo pasado reciente se ha convertido en un interrogatorio abierto.

Si el próximo ciclo en Anfield pasa por Xabi Alonso, la decisión no será solo futbolística. Será, sobre todo, una apuesta sobre su capacidad para dominar un vestuario que no puede permitirse parecer, ni por un segundo, una guardería.