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Barcelona cae ante Alavés y se aleja de récord

Recién coronado campeón de España, el Barcelona tropezó en Vitoria. Derrota por 1-0 ante un Alavés desesperado por salir del pozo y adiós al sueño de igualar el récord histórico de 100 puntos en LaLiga. El reto exigía ganar los tres partidos que quedaban. El equipo de Hansi Flick cayó en el primero.

La noche tuvo dos lecturas muy distintas. Para el Barça, un frenazo en seco a su ambición estadística. Para el Alavés de Quique Sánchez Flores, aire puro en la lucha por la permanencia: el triunfo lo saca del descenso y lo impulsa hasta la 15ª plaza.

El gol llegó en el momento que más duele. En el añadido de la primera parte, Ibrahim Diabate cazó la ocasión que cambió la noche. Saque de esquina, Antonio Blanco gana el primer balón y lo devuelve hacia la portería. La defensa azulgrana se queda clavada. Diabate no. Control, disparo y Wojciech Szczesny batido. El estadio, encendido.

Flick no escondió la dureza del duelo: reconoció que el rival se dejó el alma por seguir en Primera y se quedó con la cara más amable del partido para los suyos: los minutos de los jóvenes, la gestión física de los titulares, el aprendizaje en un contexto hostil. No había mucho más que rescatar.

El técnico alemán agitó el once tras el Clásico del domingo, el partido que selló el segundo título liguero consecutivo. Entre los cambios, un estreno: el central de 21 años Álvaro Cortés debutó con el primer equipo, símbolo de la rotación profunda que presentó el campeón. El festejo del lunes, con desfile en autobús descubierto por Barcelona, se notó en las piernas y en la cabeza. El equipo tuvo balón, pero no filo.

Marcus Rashford fue de los pocos que encendió algo de energía en ataque, encarando y buscando desequilibrios. No bastó. Alavés se abrigó atrás, defendió su área con disciplina y mantuvo siempre al Barça a una distancia incómoda, lejos de las zonas de remate limpio.

Nada más arrancar la segunda parte, el partido pudo romperse. Diabate volvió a aparecer, esta vez con un disparo potente que Szczesny desvió con una buena mano. El campeón seguía vivo, pero sin colmillo. Las posesiones eran largas, previsibles, sin la chispa necesaria para abrir una defensa que ya olía la salvación.

El susto mayor para el Barça llegó de nuevo en la portería contraria. Jon Guridi se fabricó una ocasión magnífica, superó a Szczesny con un disparo cruzado y solo el poste evitó el segundo gol local. El silencio en la grada duró un segundo; el rugido posterior, mucho más.

El Barça, en cambio, apenas generó ocasiones claras. La sensación de urgencia brilló por su ausencia. Con el título ya asegurado, la noche se convirtió en un recordatorio de que el campeonato no espera a nadie, ni siquiera al campeón.

Sevilla resucita en Vila-real

Horas antes, en Vila-real, se vivió un partido de los que marcan temporadas. Sevilla, hundido durante meses en la zona baja, se levantó de una desventaja de dos goles para firmar un 3-2 inolvidable ante un Villarreal que marcha tercero.

El inicio fue un vendaval amarillo. Gerard Moreno y Georges Mikautadze pusieron el 2-0 en el marcador antes del minuto 20. Parecía una noche plácida para el equipo local y otro golpe para un Sevilla golpeado anímicamente.

Pero el guion cambió de golpe. Oso recortó distancias, Kike Salas empató antes del descanso y el Sevilla se agarró al partido como a una tabla de salvación. En la segunda parte, la remontada se completó: Akor Adams, en el minuto 72, firmó el 3-2 que desató la euforia visitante.

La victoria, tercera consecutiva, lanza al Sevilla hasta la 10ª plaza de forma provisional y lo coloca cuatro puntos por encima del descenso. Llega, además, en una semana agitada fuera del césped, con informaciones que apuntan a que el exdefensa Sergio Ramos estaría cerca de liderar, junto a una firma de inversión, una operación para tomar el control del club. Sobre el campo, el equipo ya ha empezado su propia toma de poder: la de la tranquilidad.

Kike Salas, uno de los héroes del partido, habló de una sensación “indescriptible”, de poder devolver a la afición algo del apoyo recibido en los peores momentos. El mensaje sonó a liberación.

Espanyol rompe la maldición y respira

En Barcelona, el otro gran titular del día lo firmó Espanyol. Tras 18 partidos sin ganar en 2026, por fin llegó la victoria: 2-0 ante Athletic Bilbao y una losa psicológica levantada de golpe.

Pere Milla abrió el marcador en la segunda parte y Kike García sentenció en el tramo final. Dos goles que valen algo más que tres puntos: el equipo, 14º, se coloca tres por encima de la zona de descenso y vuelve a creer.

Manolo González no pudo contener las lágrimas tras el tanto definitivo de Kike García. Definió la racha sin ganar como una de las peores experiencias de su vida profesional y personal. El alivio fue visible, crudo, real.

El técnico no quiso, sin embargo, quedarse en la emoción del momento. Miró inmediatamente al próximo reto: Pamplona. “Ahora tenemos que ir a Pamplona y ganar contra Osasuna. No podemos ir a especular. Hay que llevar este impulso lo más lejos posible”, advirtió. Mensaje claro: la victoria no es un punto final, sino un punto de partida.

Mallorca se complica en Getafe

Quien no encontró consuelo fue Mallorca. Derrota por 3-1 en el campo de un Getafe que se asienta en la séptima plaza y alimenta su sueño de jugar la Conference League. El resultado deja al conjunto balear, 17º, en una posición delicada, con el descenso demasiado cerca para dormir tranquilo.

La jornada dejó así un cuadro nítido: el campeón se permite un resbalón, los que pelean por Europa aprietan el paso y, en la zona baja, cada punto empieza a oler a oro. La cuestión ahora es quién sabrá manejar mejor los nervios en este tramo final de temporada.