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Cabo Verde y su lucha en el Mundial: empate ante Uruguay

Roberto Lopes, el central de Shamrock Rovers nacido en Dublín, salió de la zona mixta con la serenidad de quien sabe que ya no está de paso en este escenario. Cabo Verde se ha plantado en un Mundial para competir, no para hacer turismo, y el empate ante Uruguay lo confirma. Otra vez.

El equipo insular remontó, sufrió un bache justo antes del descanso, volvió a levantarse y terminó arañando un punto que lo mantiene vivo en el Grupo H. No es casualidad. No es un cuento exótico más del torneo. Es un plan.

Un punto que pesa mucho

Cabo Verde llegó a ir por delante frente a la selección sudamericana, se vio por detrás tras dos zarpazos encajados en el tramo final de la primera parte y acabó rescatando un empate que sabe a validación. Uruguay solo firmó dos remates a puerta en todo el partido. Los dos, gol. El resto del tiempo se estrelló contra un bloque ordenado, intenso, que ya no se sorprende de estar al nivel.

Lopes lo explicó sin rodeos ante los periodistas: este invicto en la fase de grupos no es un accidente. El equipo ya había mostrado la misma mentalidad en la clasificación mundialista. Se metieron en el torneo a base de competir, no de casualidades.

“Llegamos aquí por mérito propio. No te dan un premio para venir al Mundial. Tienes que competir, tienes que clasificarte y es difícil llegar”, recordó el defensa, subrayando que el objetivo inicial era claro: atacar el primer partido y demostrar que Cabo Verde pertenece a este escenario. La consigna no cambió ante Uruguay. Buscaron los tres puntos. Se llevaron uno. Pero es otro paso hacia donde quieren estar.

El apagón antes del descanso

El propio Lopes lamentó esos minutos fatales al final del primer tiempo. Hasta entonces, Cabo Verde había mostrado un bloque compacto, bien organizado, con las líneas juntas y las ideas claras. En cinco minutos, todo se tambaleó.

“Durante la mayor parte de la primera parte jugamos bastante bien y tuvimos buena organización. Y en los últimos cinco minutos la perdimos. Nos desconectamos y nos castigaron”, admitió. Sabían perfectamente qué pretendía Uruguay: mucha gente en el área, centros de calidad, presencia constante en la zona de remate. Lo habían trabajado. Aun así, pagaron caro el despiste.

El descanso llegó como una obligación de reset. Reagruparse, limpiar la cabeza, volver al plan. Y el equipo respondió. “Mostramos un gran carácter en la segunda parte para juntarnos, conseguir el empate y cerrar el partido”, valoró Lopes. El 2-2 final no fue solo un resultado; fue una declaración de madurez competitiva.

“El empate fue bueno. Pero el próximo partido es muy importante”, remató, sin dejar espacio a la autocomplacencia.

El cálculo del grupo y un sueño al alcance

El escenario es claro. Un empate ante Arabia Saudí podría bastar para entrar en el grupo de los mejores terceros y colarse en los octavos de final. Pero el premio puede ser aún mayor. Si España vence a Uruguay, a Cabo Verde le bastaría con no perder para asegurar la segunda plaza del Grupo H y el billete directo a la fase de eliminación.

La puerta está entreabierta. Falta empujarla.

Lopes no se distrae con las cábalas ni con los nombres rutilantes que podrían esperar al otro lado. Si Cabo Verde avanza como tercera, existe la posibilidad de cruzarse con selecciones del calibre de Argentina. Lionel Messi y compañía aspiran a cerrar el liderato de su grupo esta misma noche. El cruce sería un escaparate mundial.

Pero el central no quiere ni oír hablar de eso todavía. El foco está en Arabia Saudí y en el segundo puesto. “No vamos a adelantarnos pensando en contra quién jugaremos. Tenemos que respetar a Arabia Saudí. Es un equipo realmente fuerte”, advirtió. El mensaje es simple: ganar. Todo lo demás llegará solo.

“Sabemos lo que pasa si ganamos. Si ganamos, estamos en la siguiente ronda. No importa en qué posición termines en el grupo. Una vez que estás ahí, eso es lo principal. Es partido a partido”, insistió.

De un mensaje en LinkedIn al centro del Mundial

La historia de Lopes con Cabo Verde ya ha dado la vuelta al mundo, hasta el punto de que un reportero de NBC le preguntó si es consciente del interés creciente que despierta la selección y del relato, casi de película, de su convocatoria: un mensaje a través de LinkedIn que le abrió la puerta del fútbol internacional.

“Es una historia loca”, reconoció entre sonrisas. Él mismo nunca imaginó que ese sería el camino hacia una selección nacional. Pero lo fue. Respondió al mensaje, aceptó la llamada y, de pronto, se encontró defendiendo los colores de Cabo Verde.

¿Pensaba entonces en un Mundial? “Probablemente no”, admitió. Ni siquiera se veía realmente en una Copa del Mundo. Eso cambió cuando empezó a integrarse en el grupo, a conocer a sus compañeros, a medir la calidad real de la plantilla. Ahí entendió que el techo estaba más alto de lo que muchos creían.

Todo arrancó con una Copa Africana de Naciones en la que Cabo Verde demostró que podía competir con las mejores selecciones del continente. Ese fue el primer aviso. El siguiente paso lógico era el Mundial. Creyeron, soñaron y lo lograron.

Ahora, con los octavos de final al alcance de la mano, Lopes no se conforma. “Queremos hacer algo más”, desliza. Y esa frase, más que un deseo, suena ya a advertencia para el resto del torneo.