España brilla en Atlanta: Yamal y Oyarzabal destacan en la victoria
España necesitaba una respuesta. No solo un triunfo. Una declaración. Después del gris 0-0 ante Cabo Verde, el ruido alrededor de La Roja crecía. En Atlanta, ante Arabia Saudí, el equipo de Luis de la Fuente no solo contestó: arrasó. 4-0, exhibición de juego y de carácter, y sensación de que, por fin, el Mundial 2026 ya tiene versión reconocible de España.
El partido tuvo dos nombres propios, dos focos que iluminaron todo lo demás: Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal. Uno, el talento precoz que ya se mueve como veterano en los grandes escenarios. El otro, el delantero silencioso que siempre aparece cuando el equipo le necesita. Entre los dos destrozaron el plan saudí antes de la primera pausa de hidratación.
Lamine Yamal, de la clase al escaparate del mundo
Yamal volvía al once tras su irrupción desde el banquillo en el debut. Esta vez no había margen para medias tintas. Desde el primer balón dejó claro que el partido iba a jugarse a su ritmo. Desborde, centros, tiros. Pidió la pelota y encendió a España.
El gol llegó pronto, en el minuto 11, pero el mensaje ya estaba lanzado desde antes. La jugada que abrió el marcador no fue una obra de arte de las suyas, sino todo lo contrario: un remate de nueve puro. Oyarzabal atacó el espacio por la izquierda y puso un centro tenso, raso, al segundo palo. Allí apareció Yamal, casi sin ángulo, para meter la puntera y colar la pelota dentro. Primer partido como titular en un Mundial, primer gol.
Él mismo recordó después, en DAZN, que el último Mundial lo vio desde su aula del colegio. Ahora marca con su madre y su familia en la grada. No es solo una historia bonita: es la imagen de una selección que empieza a girar alrededor de su nueva estrella.
Cuando Yamal marcó, España ya había encadenado 39 pases en la jugada. Ninguna selección en este torneo había llegado a tanto antes de un gol. Poco después, el equipo de De la Fuente se convertiría en el primero desde Alemania en 2014 en anotar tres tantos en los primeros 25 minutos. El sello de identidad volvía a aparecer, pero con algo más: filo.
Oyarzabal huele la sangre
Si Yamal encendió la chispa, Oyarzabal se encargó de convertirla en incendio. Su doblete en apenas dos minutos dejó el partido visto para sentencia antes de la media hora.
El 2-0, en el 21’, fue un gol feo, de área pequeña, de esos que valen tanto como una volea a la escuadra. España apretó, Arabia Saudí no consiguió despejar y el balón muerto en el segundo palo lo atacó el delantero de la Real Sociedad con instinto asesino. Toque corto, casi un empujón, pero decisivo.
Sin tiempo para que el rival respirara, llegó el 3-0 en el 23’. Otra vez Oyarzabal, esta vez con más intención y precisión. Recibió dentro del área y, con calma de jugador grande, definió cruzado ante Mohammed Al Owais. En menos de media hora, España había pasado de las dudas a la autoridad absoluta.
Pudo llegar el hat-trick. Un mal pase atrás de Al Owais lo dejó solo, con opción de rematar de primeras. Buscó el golpe seco, rápido, y el balón se estrelló en la parte superior del larguero. El estadio ya esperaba el tercer tanto de Oyarzabal. No entró, pero el mensaje ya estaba dado: España había olido la debilidad y no iba a perdonar.
Gestión de recursos y un cuarto gol con mala fortuna rival
Con el 3-0 al descanso y la sensación de control total, De la Fuente decidió pensar más allá del marcador. Lamine Yamal y Oyarzabal no salieron tras el intermedio. Plan cumplido: media parte de alto voltaje, partido resuelto y piernas frescas para lo que viene. El seleccionador, que celebraba su 65º cumpleaños, se regaló algo más importante que una goleada: la posibilidad de dosificar a sus hombres clave.
Sin sus dos protagonistas, España bajó una marcha, pero no perdió el mando. Arabia Saudí apenas pudo respirar fuera de su campo. La cuarta diana llegó en el 49’, en una jugada a balón parado que terminó castigando a Hassan Al Tambakti.
El córner, prolongado en el primer palo, cayó a los pies de Marc Cucurella. El lateral conectó un disparo potente que Al Owais logró repeler en primera instancia. La mala suerte hizo el resto: el rechace golpeó en Al Tambakti y se coló en su propia portería. Otro autogol en un torneo que está dejando una estadística cruel para los defensas: ya van ocho, con la fase de grupos todavía a medio camino.
España siguió mandando, tocando, llegando. En el tiempo añadido, Ferran Torres creyó poner la guinda con el quinto, culminando un centro de Fabián Ruiz. El festejo duró poco. Una larga revisión del VAR terminó anulando el tanto por fuera de juego. El 4-0 ya no se movió, pero tampoco hacía falta más para entender lo que había pasado en Atlanta.
De la bronca interna a la verticalidad que pedía el técnico
El empate ante Cabo Verde no solo dolió por el resultado. Dentro del vestuario sabían que el equipo se había quedado corto en intensidad y colmillo. De la Fuente lo explicó con claridad: faltaba verticalidad, faltaba ritmo alto, faltaba morder.
Ante Arabia Saudí, España salió justo a eso. Desde el primer minuto asfixió al rival, le encerró en su área y disparó cada vez que tuvo opción. El seleccionador lo subrayó después: el equipo había entendido la lección del debut. La primera parte fue “excepcional”, la segunda “buena”, pero lo verdaderamente relevante fue la sensación de continuidad, de que el plan se sostiene más allá del marcador.
El propio técnico dejó un guiño sobre el estado de sus dos figuras del día. Aseguró que Lamine está ya “en perfectas condiciones” para asumir partidos completos, pero celebró también el hecho de poder retirarlo dejando al chico “con hambre de más”. Sobre Oyarzabal, recordó que arrastraba un pequeño problema físico, “no se puede contar todo”, pero volvió a rendir “de manera excepcional”. Entre líneas, el mensaje es claro: España tiene fondo de armario y, sobre todo, líderes en los que apoyarse.
Un grupo que se ordena… y un examen que se acerca
El 4-0 lanza a España al primer puesto del Grupo H, a la espera de lo que hagan Uruguay y Cabo Verde. Arabia Saudí cae al fondo de la clasificación, golpeada por un inicio de torneo que deja pocas buenas noticias para su defensa.
Para La Roja, el valor del resultado va más allá de los números. El equipo necesitaba demostrar que el 0-0 del estreno fue un tropiezo, no un síntoma. En Atlanta se vio una selección reconocible: posesión con sentido, agresividad sin balón, talento diferencial arriba y una presión que ahoga. Yamal marcó el ritmo, Oyarzabal castigó, el resto acompañó.
El próximo paso se llama Uruguay. Un rival duro, físico, competitivo, que exigirá a España en otro registro. De la Fuente lo sabe y lo repite: “hay que seguir creciendo y mejorando”. La cuestión ahora es otra: después de una noche así, ¿quién se atreve a dudar de que esta vez La Roja sí ha llegado al Mundial para quedarse?





