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Colombia avanza a octavos tras vencer a Ghana

Colombia ya está en los octavos de final del Mundial. Lo hizo a su manera: dominando casi todo, perdonando demasiado y aferrándose a un 1-0 corto pero suficiente frente a una Ghana inofensiva en el Arrowhead Stadium de Kansas City. El gol temprano de Jhon Arias abrió la puerta; la falta de puntería cafetera impidió que el marcador reflejara la diferencia real entre ambos equipos.

Ahora espera Suiza en Vancouver, el martes. Pero antes, conviene detenerse en lo que ocurrió en Misuri.

Un susto inicial y un monólogo posterior

El partido arrancó con un aviso que pudo cambiar el guion. Thomas Partey cazó un balón suelto en la frontal y soltó un disparo seco que se marchó rozando el palo en el primer minuto. Fue el único momento en que Ghana pareció amenazar de verdad. Un espejismo.

Desde ahí, Colombia tomó el balón y ya no lo soltó. Toques cortos, cambios de orientación, laterales proyectados, interiores entre líneas. La selección sudamericana se instaló en campo rival y convirtió el duelo en un ejercicio de paciencia y circulación.

El plan, sin embargo, se torció pronto en lo físico. Jhon Córdoba se llevó la mano a la ingle y pidió el cambio. No había pasado ni un cuarto de hora cuando Carlos Queiroz se vio obligado a mover el banquillo y recurrió a Luis Suárez. El golpe anímico duró poco.

Arias golpea y Ghana se queda sin respuestas

A los 14 minutos, Colombia encontró premio a su insistencia. Suárez, recién ingresado, peleó una pelota en la banda derecha, ganó línea de fondo a base de insistencia y levantó la cabeza. En el corazón del área, libre de marca, esperaba Jhon Arias. Controló lo justo y colocó el remate lejos del alcance de Lawrence Ati Zigi.

Gol y desahogo.

Para Ghana, un problema mayúsculo. El equipo de Queiroz ya había sufrido en la fase de grupos para ver puerta —solo dos tantos— y el tanto encajado tan pronto obligaba a un esfuerzo ofensivo que nunca llegó. Para colmo, también tuvo que recurrir al banquillo antes de tiempo: Marvin Senaya se marchó lesionado y dejó su sitio a Alidu Seidu. Más parches, pocas ideas.

Impulsada por una afición claramente de su lado en Kansas City, Colombia olió sangre. El equipo se soltó. Combinó por dentro, castigó por fuera, aceleró cuando encontraba espacio. Ghana retrocedió metros y se limitó a resistir.

Díaz perdona, Zigi sostiene

La superioridad colombiana se tradujo en ocasiones claras. Luis Díaz, referencia ofensiva y hombre de Bayern Munich, tuvo la más nítida de la primera parte. Minuto 39, pase filtrado, control orientado y disparo con todo a favor. La pelota se fue cruzada, lamiendo el poste. El gesto del delantero lo dijo todo: era jugada para sentenciar.

Colombia no levantó el pie. En el tiempo añadido del primer acto, Johan Mojica se incorporó desde la izquierda y conectó un cabezazo picado que pedía red. Ati Zigi voló hacia su palo y sacó una mano extraordinaria para mantener con vida a Ghana.

Las estadísticas del descanso fueron un veredicto duro para los africanos: ni un solo tiro a puerta, menos de la mitad de los 319 pases completados por Colombia y una sensación de fragilidad constante. Aun así, el marcador seguía abierto. Y ese fue el único argumento al que se agarró Ghana.

Un segundo tiempo trabado y un solo equipo atacando

Tras el descanso, el partido perdió ritmo, pero no dueño. Colombia siguió mandando, aunque sin la misma claridad. El reloj empezó a pesar y el 1-0 se convirtió en una mezcla incómoda de control y nerviosismo.

Las ocasiones, sin embargo, siguieron cayendo del mismo lado. Díaz llegó a marcar, pero el asistente levantó el banderín: fuera de juego. Poco después, el propio atacante se plantó de nuevo en posición franca y, esta vez, disparó al cuerpo de Ati Zigi. Otra oportunidad que se escapaba.

Ghana, en cambio, no encontró ni un solo resquicio. Ni un disparo entre los tres palos en todo el encuentro. Mucho esfuerzo físico, poca claridad en la salida, nula presencia en el área rival. Cada recuperación se perdía en un pase precipitado; cada intento de contra se ahogaba antes de cruzar la medular con peligro.

Colombia, consciente de que el segundo gol cerraba la noche, siguió empujando. Juan Quintero, siempre con buen pie desde la media distancia, probó con un disparo potente que se fue cerca del poste en los minutos finales. El murmullo en la grada lo decía todo: el público quería la sentencia, pero también empezaba a mirar el reloj.

Clasificación merecida, aviso claro

El pitido final confirmó lo que el juego había dictado desde muy temprano: Colombia a octavos, Ghana fuera sin haber probado realmente al portero rival. Un triunfo corto, pero incontestable por dominio, ocasiones y personalidad.

La selección cafetera se marcha de Kansas City con una mezcla de sensaciones. La mejor: el control del partido, la capacidad para someter a un rival mundialista y la seguridad defensiva, que dejó a Ghana sin un solo remate a puerta. La preocupación: la falta de pegada para traducir el volumen de juego en un marcador más amplio.

El martes, en Vancouver, espera una Suiza de otro nivel competitivo, más ordenada, más fría, más castigadora. Colombia ya está donde quería estar. La cuestión, a partir de ahora, es si seguirá perdonando o si por fin ajustará la mira en el momento en que el margen de error desaparece.

Colombia avanza a octavos tras vencer a Ghana