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Colombia avanza a octavos con victoria sobre Ghana

Colombia se quedó con el último billete a los octavos de final del Mundial al derrotar 1-0 a Ghana en Kansas City. Un marcador corto para un partido en el que la selección cafetera mandó en las áreas y manejó los tiempos con una madurez que pesa en este tipo de noches. El premio: un cruce ante Suiza en Vancouver.

Arias golpea temprano y cambia el guion

El partido apenas tomaba temperatura cuando llegó el golpe colombiano. A los 14 minutos, una acción que nació desde el banquillo cambió el paisaje: lesión de Jhon Córdoba, ingreso de Luis Suárez y efecto inmediato. El recién entrado se acomodó en banda, levantó la cabeza y puso un centro tenso al segundo palo. Allí apareció libre Jhon Arias, que solo tuvo que empujarla para firmar el 1-0.

Gol y mensaje. Colombia olió la fragilidad ghanesa y se lanzó a castigarla.

Mientras Suárez se adueñaba del costado, Ghana sufría en el suyo. Alidu Seidu, obligado a entrar temprano como lateral derecho, se encontró de frente con un duelo ingrato: Luis Díaz, eléctrico, encarador, hambriento. Cada vez que el extremo colombiano recibía, el estadio contenía el aire. El desequilibrio estaba ahí, en cada cambio de ritmo.

Díaz amenaza, Ati Zigi sostiene a Ghana

Con el marcador a favor, Colombia no se replegó. Apretó. Buscó el segundo con insistencia. Y lo tuvo.

Primero, en una jugada que retrata el partido: Díaz apareció completamente solo dentro del área, con tiempo para perfilarse. El remate, sin embargo, se le fue desviado. Un respiro para Ghana, que ya empezaba a desordenarse.

Luego, Lawrence Ati Zigi sostuvo a los africanos con una parada de categoría. Johan Mojica se elevó en el área y conectó un cabezazo potente y colocado. El portero voló y, con una mano firme, desvió lo que parecía el 2-0. Era la atajada que mantenía viva la esperanza ghanesa al descanso.

Ghana tardó en entrar en partido. Cuando Antoine Semenyo comenzó a tocar más balones, el equipo encontró algo de ritmo, algo de pausa. Pero le faltó filo. Le faltó compañía en el área rival.

Un gol anulado y la sensación de superioridad

El segundo tiempo arrancó con un aviso que retrató la frustración africana. Semenyo llegó bien por derecha y cruzó un balón peligrosísimo frente al arco. Nadie apareció para empujarlo. Miradas al cielo, gestos de rabia. Era la ocasión que Ghana pedía a gritos.

Colombia respondió con lo que mejor hizo toda la noche: atacar con claridad. Una combinación rápida abrió de nuevo la banda y el centro encontró, otra vez, a Luis Díaz en el segundo palo. Definición, celebración, alivio… hasta que el asistente levantó el banderín. Fuera de juego. El 2-0 se desvaneció en un instante.

Lejos de hundirse, Colombia mantuvo el control emocional. El equipo siguió juntando pases, defendiendo alto cuando podía y cerrando líneas cuando tocaba sufrir. Díaz volvió a tener otra clara, tras una transición veloz, pero Ati Zigi volvió a imponerse en el mano a mano. El arquero de Ghana evitaba la goleada; sus compañeros no conseguían llevar verdadero peligro al otro lado.

Ghana empuja, Vargas ni se mancha los guantes

Con el reloj en contra, Ghana adelantó metros y trató de instalarse en campo colombiano. Tuvo más balón, ganó alguna segunda jugada, se asomó por bandas. Pero le faltó lo esencial: remate a puerta.

Camilo Vargas vivió un segundo tiempo casi contemplativo. Colombia concedió ciertos espacios, pero siempre hubo una pierna, un cruce, un buen posicionamiento antes de que el balón encontrara portería. Ghana tuvo presencia, no precisión. Y en un Mundial, esa diferencia es letal.

Colombia, en cambio, supo administrar la ventaja sin renunciar del todo al ataque. Cada recuperación se convertía en posibilidad de contraataque, cada transición encontraba a Díaz o a Suárez listos para correr. No hizo falta otro gol. Bastó con sostener el que ya tenían.

El pitazo final certificó lo que el juego había insinuado durante largos tramos: Colombia fue más equipo, más clara, más contundente en las áreas. Ghana se quedó corta cuando tocaba decidir.

Ahora, el reto se muda a Vancouver y se llama Suiza. La pregunta ya no es si Colombia puede competir, eso quedó claro en Kansas City. La cuestión es hasta dónde está dispuesta a llegar esta selección que, cuando huele sangre, no perdona.