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España avanza y Uruguay se hunde en el caos

Uruguay, dos veces campeona del mundo, firmó su despedida más amarga: eliminada en la fase de grupos y convertida en la selección mejor ubicada del ránking en hacer las maletas tan pronto. El proyecto de Marcelo Bielsa, lleno de expectativa y ruido, se marchita en silencio y entre conflictos internos.

Los síntomas venían de lejos. Tras los empates ante Cabo Verde y Arabia Saudí, comenzaron a filtrarse versiones de un motín en el vestuario. Nombres pesados, con Federico Valverde a la cabeza, enfrentados al técnico por su pizarra y sus decisiones. El campo terminó de dictar sentencia.

En Guadalajara, el escenario invitaba a algo grande: el único cruce de la fase de grupos entre dos campeones del mundo, con el rey Felipe en la grada y una España que buscaba reafirmar su candidatura. El partido, sin embargo, fue todo lo contrario al cartel. Pobre, espeso, sin ritmo. Un duelo entre gigantes con alma de amistoso de pretemporada.

Un error de veterano que lo cambia todo

España había arrancado el torneo con un 0-0 gris ante Cabo Verde y necesitó el regreso de Lamine Yamal al once para desatarse con un 4-0 frente a Arabia Saudí. Se esperaba continuidad. No llegó.

Durante buena parte del primer tiempo, La Roja apenas inquietó a Uruguay. Lenta en la circulación, previsible en los metros finales, sin filo. Hasta que apareció Fernando Muslera. O, mejor dicho, su peor versión.

Héroe en la histórica semifinal uruguaya de 2010, el veterano guardameta ya había quedado señalado por los dos goles encajados ante Cabo Verde en el 2-2. Esta vez, a los 42 minutos, un centro de Marcos Llorente terminó en un disparo de Baena que parecía sencillo. Muslera lo midió mal, lo dejó escapar y el balón se le coló mansamente. Un gol que dolió más por la forma que por el momento.

Para Uruguay fue un golpe doble. En la jugada previa, Manuel Ugarte se lesionó la rodilla y tuvo que salir en camilla, con gesto de evidente preocupación. Un pilar del mediocampo fuera de combate y un error grosero de su portero en cuestión de segundos. La noche se torcía sin remedio.

Bielsa rompe el tablero, De la Fuente duda

Bielsa reaccionó al descanso. Muslera se quedó en el vestuario y entró Sergio Rochet. Cambio obligado por rendimiento, pero también un símbolo: el técnico argentino ya no podía sostener a uno de sus históricos. Media hora después fue más lejos. A la hora de partido, retiró a Valverde, el futbolista de mayor jerarquía de la selección. Una decisión tan valiente como incendiaria en un contexto ya cargado de tensión.

Luis de la Fuente también miró al banquillo. España ganaba, pero no jugaba bien. Con la entrada de Dani Olmo y Fabián Ruiz, el equipo por fin ganó algo de chispa. Aparecieron líneas de pase, se aceleraron las combinaciones, el balón empezó a circular con más intención.

Olmo tuvo la ocasión de sentenciar tras una acción de pura clase de Lamine Yamal, que desbordó y le sirvió un balón perfecto. El disparo del jugador del Leipzig se marchó alto. Otra muestra de una España que llega, pero no remata con la autoridad de otras candidatas.

Yamal, mimado tras la lesión muscular que le cortó la temporada con su club, se marchó a un cuarto de hora del final. Control de minutos, control de riesgos. En su lugar entró Ferran Torres, que dispuso de la más clara del tramo final: mano a mano y disparo al larguero. El 2-0 se quedó en el aire.

Roja, frustración y un adiós en llamas

Uruguay, sin ideas y con el ánimo por el suelo, terminó desfigurada. La impotencia se transformó en descontrol en el tiempo añadido. Agustín Canobbio vio la tarjeta roja directa por una entrada durísima sobre Pau Cubarsí. Una acción tan desmedida como descriptiva del estado emocional de la Celeste.

El torneo uruguayo se resume en esa imagen: un equipo descompuesto, sin respuestas, con su técnico cuestionado y sus líderes en conflicto. De candidata incómoda a naufragio sonoro en apenas tres partidos.

España, sólida atrás, gris adelante

Entre tanto caos rival, España sale reforzada en los números, no tanto en las sensaciones. La selección encadena 34 partidos oficiales sin perder y aún no ha recibido un solo gol en este Mundial. Blindaje total atrás, una estadística que sostiene el discurso optimista.

El problema está al otro lado del campo. Mientras Francia, Argentina o Países Bajos exhiben tramos de fútbol demoledor, La Roja sigue sin ofrecer una versión realmente convincente en ataque. Domina, controla, acumula posesión, pero le cuesta convertir ese control en una amenaza constante.

De la Fuente llega a las eliminatorias con una base sólida y un vestuario unido, pero también con preguntas que ya no admiten demora. ¿Le alcanzará a España con esta versión prudente y poco brillante cuando el nivel suba de verdad?

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