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Estados Unidos se prepara para el choque crucial contra Australia

La selección de Estados Unidos llega a su segundo partido de fase de grupos con una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿cómo se responde al mejor debut mundialista en casi un siglo sin creérselo demasiado?

La respuesta, para el grupo de Mauricio Pochettino, ha sido mirar atrás. No a Paraguay, sino a Australia. A ese amistoso “que no contaba” de hace siete meses… y que acabó contando mucho dentro del vestuario.

El eco de una bronca

Aquel día, en otoño, el duelo contra los Socceroos se convirtió pronto en una batalla física. Australia mordió desde el primer minuto, y el descanso llegó con 1-1 y con el técnico argentino entrando al vestuario como un vendaval. Sebastian Berhalter aún lo recuerda como una “bronca” en toda regla.

“Ellos vienen y pelean. ¿Cuándo vamos a arreglar eso?”, lanzó Pochettino al grupo, en un vídeo que la propia federación difundió después.

El mensaje caló. Estados Unidos acabó remontando y ganando 2-1. Hoy, en la previa de un nuevo choque ante Australia, esa arenga sigue viva. No tanto por el resultado, sino por lo que sembró.

“Creo que una cosa es que somos estadounidenses, no nos dejamos pisotear”, explicó Berhalter. “Eso es algo que él metió mucho, y, aunque es argentino, tiene esa mentalidad de: ‘Miren, esto es lo que hacemos, esto es quiénes somos y esto es de lo que va Estados Unidos’”.

Según el centrocampista, Pochettino repite esa idea una y otra vez. La taladra. La convierte en identidad.

Del 4-1 al examen real

Siete meses después, el contexto es muy distinto. Estados Unidos viene de firmar un 4-1 ante Paraguay que iguala la mayor goleada de su historia en un Mundial. Un marcador que suena a declaración de intenciones.

Folarin Balogun se apuntó dos goles y se convirtió en el primer jugador estadounidense que marca un doblete en un partido mundialista desde 1930. Un dato que pesa. Un aviso de que algo se está moviendo en la delantera de esta selección.

El triunfo, sumado al 1-0 inicial de Australia en el torneo, deja el grupo en un escenario simple: quien gane este viernes se asegura el billete a las eliminatorias. No hay que hacer cuentas. Es una final encubierta a las primeras de cambio.

Haji Wright contó que el mensaje de Pochettino tras el 4-1 fue claro: orgullo, sí, pero nada de euforia. Fue solo el primer paso.

Tyler Adams lo reforzó desde dentro del campo: “Ha habido momentos del proceso en los que las cosas no iban tan bien. Ahora, de repente, algunos consideran que estamos jugando increíble, lo que sea, pero hemos mantenido la humildad en cada partido y confiado en el proceso”.

El vestuario sabe que Australia no se parece en nada a una víctima propicia. Es otra cosa. Es roce, duelos, transiciones. Es ese tipo de rival que te baja de la nube en cuanto te despistas.

Australia, la prueba de carácter

Los australianos llegan lanzados tras un 2-0 contra Turquía el sábado. Un marcador que habla de solidez atrás y colmillo arriba. Wright no se dejó engañar por la aparente sobriedad del resultado.

“Son difíciles de romper, peligrosos al contragolpe, tienen buenos jugadores arriba y fueron efectivos para hacer daño a Turquía”, analizó el delantero. Y dejó una advertencia que sonó a aprendizaje ajeno: “Creo que Turquía entró un poco demasiado confiada al partido, y nosotros no cometeremos ese mismo error”.

La palabra “confianza” aparece en cada esquina de este duelo. Estados Unidos la ha ganado a raudales con su arranque. Australia la trae de serie, acostumbrada a competir al límite físico. El margen entre creer y sobreactuar es mínimo. Ahí es donde Pochettino quiere que su equipo recuerde aquella charla del amistoso.

No basta con jugar mejor. Hay que igualar la pelea. O superarla.

La incógnita Pulisic

En medio de ese contexto ideal, una mancha leve pero inquietante: Christian Pulisic. La estrella del equipo fue decisiva en el estreno, con sus carreras y su precisión en el pase para generar los dos primeros goles. Pero no pudo calentar bien al descanso y se quedó en el vestuario.

Pochettino explicó que el atacante arrastraba un pequeño golpe de días atrás, y que en la primera parte volvió a recibir una patada en la pierna izquierda. Desde entonces, la imagen se ha repetido durante la semana: el grupo entrenando junto, y Pulisic trabajando al margen.

Tim Weah lo contó sin rodeos. El estado del ’10’ es una incógnita. El técnico se limitó a decir en la víspera: “Ya veremos”. Nada más. Nada menos.

Weah, por su parte, se agarra a la esperanza: “Solo le pido a Dios que se sienta al 100%”.

Tyler Adams, capitán de palabra y de gesto, optó por rebajar la tensión. “Christian estará listo, todos, tranquilos. Va a estar bien”, lanzó, casi como si estuviera hablando directamente a la afición.

La duda persiste, pero el mensaje interno es claro: con Pulisic o sin él, la identidad no se negocia.

Una cita para medir de qué está hecho este equipo

El choque ante Australia no solo ofrece un pase anticipado a octavos. Pone a prueba el relato que Pochettino ha construido desde que asumió el banquillo: un equipo que juega, sí, pero que también responde al golpe, que no retrocede cuando el partido se ensucia.

Contra Paraguay, Estados Unidos mostró su versión más brillante. Contra Australia, deberá mostrar la más resistente.

En el fondo, el reto es el mismo que planteó el técnico argentino en aquel descanso de un amistoso que nadie iba a recordar… y que ahora marca la previa de un Mundial: cuando el rival viene a pelear, ¿cuándo, exactamente, va a responder este equipo?

La respuesta llega el viernes. Bajo los focos, con un billete a las eliminatorias en juego y con la sensación de que, esta vez, Estados Unidos no está dispuesto a aceptar nada menos que una batalla.