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Estados Unidos busca el pase ante Australia en Seattle

El Mundial se le ha encendido de golpe a Estados Unidos. El 4-1 a Paraguay en el estreno no fue solo un marcador abultado: fue una declaración de intenciones en su propia casa. Este viernes 19 de junio, a las 20.00 (hora británica), en el Lumen Field de Seattle, el equipo de Mauricio Pochettino tiene la primera bola de partido: si vence a Australia, estará en octavos de final.

Enfrente, una selección que ya ha demostrado que no ha venido a hacer turismo. Los Socceroos tumbaron 2-0 a Turquía en su debut, contra pronóstico, y persiguen algo que solo han logrado dos veces en su historia: superar la fase de grupos.

Un anfitrión que empieza a parecer serio

Estados Unidos ha vivido demasiados espejismos futbolísticos como para dejarse llevar por un solo resultado. Pero lo que hizo ante Paraguay tuvo algo distinto. Hubo plan, hubo intensidad y hubo colmillo.

El equipo de Pochettino asfixió la salida rival con una presión alta feroz: 16 recuperaciones en campo contrario, una cifra que en este torneo solo ha superado España. No fue un arrebato aislado, sino un patrón repetido durante los 90 minutos.

Por la izquierda apareció una sociedad que puede marcar el Mundial del anfitrión: Christian Pulisic, Malik Tillman y Antonee Robinson se asociaron con fluidez, generaron ventajas constantes y desbordaron una y otra vez. Arriba, Folarin Balogun no perdonó: dos ocasiones claras, dos goles. Eficacia de delantero grande.

Estados Unidos pareció, por fin, una selección bien entrenada, reconocible, con automatismos. Si mantiene ese nivel de agresividad y orden ante Australia, debería tener el control del partido en Seattle y cerrar el pase con menos sufrimiento del habitual para este país en las grandes citas.

La única sombra: el estado físico de Pulisic, sustituido ante Paraguay por un problema en la pantorrilla. Es duda para el once inicial. Si llega, Pochettino tiene previsto repetir el 4-2-3-1 con Freese; Freeman, Chris Richards, Tim Ream, Antonee Robinson; Tyler Adams y Tillman por dentro; Sergiño Dest, Weston McKennie, Pulisic por detrás de Balogun. Un bloque que mezcló intensidad, calidad entre líneas y una circulación mucho más madura de lo que acostumbra el combinado estadounidense.

Australia, poco balón y mucha resistencia

El reto, esta vez, será muy distinto. Australia no se parece en nada a la Paraguay que se desmoronó en el debut. El equipo de Tony Popovic se siente cómodo sin pelota, encerrado atrás, esperando su momento.

Ante Turquía, los Socceroos apenas tuvieron un 28,4% de posesión, una cifra que solo empeoró Cabo Verde antes de la jornada del jueves. No les importó. Defendieron bajo, cerraron espacios interiores y castigaron al contraataque con dos fogonazos de talento: Nestory Irankunda y Connor Metcalfe firmaron las acciones decisivas en las transiciones.

No es un equipo de grandes nombres, ni de fútbol brillante. Es un bloque de esfuerzo, disciplina y trabajo, sazonado con un par de jugadores capaces de marcar diferencias si encuentran campo abierto.

Popovic apunta a repetir el 5-4-1 que le dio resultado: Patrick Beach, sorprendente titular en el debut, se perfila de nuevo bajo palos; línea de cinco con Italiano, Alessandro Circati, Harry Souttar, Burgess y Jordy Bos; Metcalfe, Aiden O'Neill, Jackson Irvine e Irankunda en la medular; y Yengi como referencia única arriba. Mo Toure, tocado en el gemelo, apura contrarreloj para entrar en la convocatoria.

La idea es clara: bloque bajo, paciencia, piernas para aguantar y esperar que Estados Unidos se desespere.

Un precedente reciente… y engañoso

Ambas selecciones se vieron las caras en octubre en un amistoso que terminó 2-1 para Estados Unidos. Australia se adelantó con un tanto de Jordy Bos, pero un doblete de Haji Wright dio la vuelta al marcador.

Ese partido, sin embargo, dice poco de lo que puede ocurrir en Seattle. Solo cinco titulares de cada lado en aquel duelo repitieron en el estreno mundialista. Las alineaciones han cambiado, las jerarquías también. Lo que sí permanece es una sensación: Estados Unidos, incluso sin brillar, tiene más recursos ofensivos; Australia, incluso sufriendo, sabe competir.

Un partido para armarse de paciencia

Si algo parece claro es que el 4-1 a Paraguay no se repetirá fácilmente. Australia no va a conceder los mismos espacios ni va a salir a intercambiar golpes. El plan de Popovic pasa por negar los pasillos centrales, donde Estados Unidos suele construir su juego, y obligar al anfitrión a atacar por fuera, colgando centros o buscando combinaciones más forzadas.

Estados Unidos deberá masticar el partido. Circular, insistir, no perder la cabeza. El riesgo está en que un error en salida o una pérdida en campo rival abra la autopista para Irankunda o Metcalfe. Ahí, el Lumen Field puede pasar en segundos del rugido a la inquietud.

Los números invitan a pensar en un choque cerrado. Solo uno de los últimos nueve partidos de Australia superó los 3,5 goles. Ocho de sus diez derrotas más recientes fueron por un solo tanto de diferencia. Es un equipo que cae, pero casi nunca se derrumba.

Estados Unidos, por su parte, llega con seis triunfos en sus últimos diez encuentros y una racha de siete victorias consecutivas en este estadio. El público de Seattle se ha acostumbrado a salir sonriendo cuando juega la selección.

El filo de los detalles

En un partido de este tipo, los matices cuentan. El rol de Aiden O'Neill, por ejemplo, puede ser decisivo. El mediocentro, que milita en New York City en la MLS, es el encargado de romper el juego rival. En la liga estadounidense ha firmado 18 faltas en 11 partidos esta temporada. Vive al límite del reglamento, y ante un equipo que busca recibir entre líneas y girarse, su zona será un campo minado.

Del lado estadounidense, Malik Tillman asoma como una amenaza silenciosa. Frente a Paraguay, el mediapunta probó cinco veces el disparo, dos de ellas entre palos, y viene de una temporada notable con Bayer Leverkusen, con ocho goles en 24 titularidades en 2025-26. Si Australia se cierra sobre Pulisic y Balogun, Tillman puede encontrar el hueco en la frontal.

El libreto parece escrito: Estados Unidos atacando, Australia aguantando, el cronómetro corriendo y el ruido del estadio empujando cada balón dividido. Lo que no está escrito es cómo responderá este equipo de Pochettino cuando el partido no se abra pronto, cuando el gol se resista y el pase a octavos empiece a pesar en las piernas.

Seattle tendrá la respuesta. Y también una pregunta de fondo: ¿es este Estados Unidos el de otra falsa ilusión… o el que, por fin, aprende a ganar partidos grandes sin necesidad de brillar?