Inglaterra supera a Croacia con victoria 4-2 y preocupación por Declan Rice
Inglaterra se marchó de Arlington con una victoria por 4-2 ante Croacia, un marcador que habla de pegada y de reacción, pero la imagen que quedó flotando en el aire fue otra: Declan Rice cojeando, señalándose la zona lumbar y el isquiotibial, y pidiendo el cambio en el minuto 72.
Hasta entonces, el mediocentro había sido el metrónomo habitual y había firmado una asistencia para Harry Kane. Después, el gesto de dolor, la conversación rápida con el banquillo y la decisión inmediata.
Thomas Tuchel no dudó.
El seleccionador alemán de los Three Lions actuó con frialdad en plena tormenta competitiva. Vio algo que no le gustó: pérdidas de balón poco habituales en Rice y una mueca que delataba molestias. El propio jugador apuntó al costado bajo de la espalda y a la parte alta del isquiotibial. Ahí se acabó su noche.
Tuchel lo explicó sin rodeos en la sala de prensa. Si había que quitar a Rice, a quien prácticamente nunca quiere sustituir, era para protegerle. Nada de heroísmos en junio. El torneo apenas empieza.
En su lugar irrumpió Reece James, reconvertido al centro del campo, y el técnico no escatimó elogios para su actuación: cumplió, sostuvo el ritmo y dio aire a un equipo que ya había encarrilado el resultado.
Rice, entre las agujas y el alivio
La preocupación no nace solo de lo visto ante Croacia. El final de temporada con Arsenal dejó cicatriz. El centrocampista necesitó inyecciones en las últimas semanas del curso para aguantar la carrera por la Premier League y la Champions League. Su cuerpo lleva meses en el límite.
Por eso cada gesto cuenta. Cada sprint. Cada apoyo.
Sin embargo, tras el pitido final, Rice apareció ante los micrófonos con una sonrisa y un mensaje tranquilizador. Aseguró que todo está “bien”, que se trata de las mismas molestias que ha venido arrastrando en la segunda mitad del curso: pequeños dolores aquí y allá, nada más, según su propia versión. Lo definió como pura precaución y lanzó su promesa: estará de vuelta para el próximo duelo, ante Ghana.
El discurso choca con la inquietud de los servicios médicos, que le vigilan de cerca, pero alivia al vestuario. Inglaterra sabe que su estructura se sostiene, en gran parte, sobre el equilibrio que ofrece Rice en la medular.
El descanso que lo cambió todo
Mientras se analizaba cada gesto del mediocentro, el partido contaba otra historia. Una de ajuste, carácter y un vestuario que respondió al mensaje de su capitán y de su seleccionador.
La primera parte fue un intercambio desbocado, con errores atrás y un marcador que no terminaba de decantarse. Inglaterra tenía la pelota, pero no el control emocional del encuentro. Croacia castigó cada despiste y dejó dudas en la zaga inglesa.
El giro llegó en el vestuario.
Harry Kane desveló el contenido de la charla al descanso. Nada de discursos enrevesados. Un mensaje directo: quitarse las cadenas, calmarse y salir a demostrar quiénes son. “¿Qué es lo peor que puede pasar?”, les lanzó el técnico. Libertad y ambición, sin red.
La respuesta fue inmediata.
Inglaterra salió “a tope de gas”, como describió el propio Kane. La presión se adelantó, las distancias entre líneas se acortaron y Croacia empezó a jugar de espaldas, ahogada. Cuando los ingleses se pusieron por delante, el partido cambió de dueño. A partir de ahí, control, madurez y contragolpes venenosos.
Hubo un tramo en el que Inglaterra pudo marcar tres o cuatro goles más. El guardameta croata firmó una actuación sobresaliente para evitar una goleada mayor, pero el daño ya estaba hecho.
Bellingham, Rashford y un golpe sobre la mesa en el grupo
Con el nuevo plan en marcha, el talento hizo el resto. Jude Bellingham y Marcus Rashford encontraron el camino al gol y terminaron de sellar los tres puntos. Ambos se sumaron a una actuación coral que dejó a los Three Lions en cabeza del Grupo L y con una declaración de intenciones sobre la mesa.
Rice, ya desde fuera, vio cómo el equipo mostraba justo lo que él mismo reclamó después: “puñetazo”, deseo, un punto más de energía desde el primer minuto de la segunda parte. Habló de un “extra” en la presión, en la fuerza, en la manera de atacar y de generar ocasiones. Y no exageró.
La diferencia entre las dos mitades fue abismal. En la primera, dominio estéril y errores caros. En la segunda, un conjunto que se sintió superior, que olió la sangre y no soltó la presa.
El mediocentro también puso contexto: el primer tiempo “se sintió peor de lo que fue” por la forma en que se encajaron los goles. El juego, insistió, ya apuntaba en la dirección correcta. Después del descanso, simplemente se vio una versión más agresiva y afilada de ese mismo plan.
Inglaterra sale de Arlington con un triunfo de peso, un vestuario envalentonado y una preocupación latente: la espalda y el isquiotibial de Declan Rice. Si el cuerpo le aguanta, el techo de este equipo parece mucho más alto. Si no, el torneo puede cambiar de guion en un suspiro.






