Jorge Jesus: nuevo seleccionador de Portugal tras la era de Cristiano
La Federación Portuguesa ha elegido experiencia, carácter y una idea de juego innegociable. Jorge Jesus, a los 71 años, toma el relevo de Roberto Martínez al frente de la selección, justo después del golpe que supuso la eliminación en octavos de final del Mundial ante España.
El adiós de Martínez, que había asumido el cargo a comienzos de 2023, se consumó tras la derrota del lunes. Portugal vuelve a mirar hacia dentro y se aferra a un técnico que conoce el fútbol luso como pocos y que ha hecho carrera exportando su estilo por tres continentes.
Un currículum que impone respeto
La trayectoria de Jorge Jesus abarca 36 años en los banquillos. Su nombre está ligado de forma inevitable a Benfica, donde vivió dos etapas y conquistó tres ligas portuguesas, pero su huella se extiende también por Sporting CP, Flamengo, Fenerbahce y el emergente universo de la Saudi Pro League.
En Brasil levantó el Brasileirao con Flamengo y dejó una marca futbolística que aún se recuerda. En Arabia Saudí firmó títulos con Al Hilal y Al Nassr, confirmando que su fútbol agresivo, de líneas adelantadas y obsesión por el detalle, es exportable y competitivo en cualquier contexto.
Su palmarés habla solo: 25 trofeos como entrenador, repartidos entre Portugal, Brasil y Arabia Saudí. No es un revolucionario de laboratorio; es un técnico que ha ganado, mucho y en escenarios muy distintos.
De Al Nassr a la Selección: el puente de Cristiano
Su última aventura de clubes fue precisamente en Riad. Antes de fichar por Al Nassr el verano pasado, Jesus fue claro: no podía rechazar la invitación de Cristiano Ronaldo. Aceptó el reto, se reencontró con el máximo goleador de la historia de las selecciones y devolvió al club saudí a la cima, guiándolo a su primer título en siete años.
Al Nassr se convirtió en el último capítulo de una relación cada vez más estrecha entre el técnico y el núcleo duro del fútbol portugués. Desde allí, con Cristiano como faro, Jesus reforzó su imagen de entrenador capaz de gestionar grandes egos y vestuarios globales.
Terminó su etapa en el club al final de la temporada 2025-26. El puesto pasó después a manos de Ange Postecoglou, pero para entonces el nombre de Jorge Jesus ya había vuelto a sonar con fuerza en el panorama de selecciones.
El seleccionador que pudo ser de Brasil
En marzo de 2025, se le situó entre los principales candidatos a dirigir a Brasil. Compartía terna con Carlo Ancelotti, que finalmente asumió el cargo tras cerrar su etapa en Real Madrid en mayo. El interés de una potencia como la brasileña no fue casualidad: su trabajo en Flamengo y su conocimiento del fútbol sudamericano lo habían colocado en primera línea.
Brasil se decidió por Ancelotti. Portugal, tiempo después, recurre ahora a uno de sus entrenadores más influyentes de las últimas décadas. La sensación es clara: el momento de Jorge Jesus con la selección lusa había quedado pendiente.
Una Portugal entre la nostalgia y el futuro
El reto es mayúsculo. Portugal no pisa unas semifinales de Mundial desde 2006, pero en este tiempo ha levantado la Eurocopa de 2016 y la Nations League en 2019 y de nuevo en 2025. Es una selección acostumbrada a competir por títulos, no a conformarse con octavos de final.
El contexto, además, es singular. Cristiano Ronaldo, autor de 146 goles en 233 partidos con Portugal, ya ha anunciado que no disputará otro Mundial. Es el fin de una era. La figura que ha moldeado el imaginario reciente de la selección no estará en el próximo gran escenario.
Y ese escenario, precisamente, será en casa. Portugal coorganizará el Mundial de 2030 junto a España y Marruecos, con Uruguay, Argentina y Paraguay albergando partidos inaugurales. El torneo que viene no será uno más: será un examen histórico al proyecto que ahora encabeza Jorge Jesus.
Un técnico de decisiones incómodas
Jesus no es un hombre de consensos fáciles. En 2015 dejó Benfica de forma dramática para cruzar la ciudad y sentarse en el banquillo de Sporting CP, un movimiento que incendió Lisboa y marcó su imagen pública. Tampoco le ha temblado el pulso para salir de grandes clubes cuando sintió que el ciclo estaba agotado.
Su carácter frontal y su exigencia diaria encajan con una selección que necesita sacudirse la sensación de haber desaprovechado talento. Portugal dispone de una generación amplia, profunda, con recursos en casi todas las líneas. Lo que le ha faltado en los últimos grandes torneos es continuidad, colmillo en los momentos clave y una identidad reconocible cuando el plan inicial se atasca.
Ese es el terreno natural de Jorge Jesus: equipos intensos, estructuras claras, automatismos trabajados hasta la obsesión. No se trata solo de atacar; se trata de mandar.
Un horizonte marcado en rojo: 2030
El nuevo seleccionador llega con un Mundial en el horizonte y con la obligación implícita de construir algo que trascienda nombres propios. Sin Cristiano, la jerarquía del vestuario cambiará. También lo hará el foco mediático. El peso recaerá en el colectivo y en la capacidad del técnico para ensamblar un equipo que responda en las grandes noches.
Portugal ya sabe lo que es ganar. Ahora busca algo más difícil: sostenerse en la élite sin su figura más determinante y con un torneo planetario en su propio territorio.
Jorge Jesus ha vivido casi todo en los banquillos. Le falta, quizá, lo más grande: firmar su legado al frente de la selección de su país. La pregunta ya no es si está preparado. Es si el fútbol portugués está dispuesto a seguirle hasta el final de su idea.





