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Marruecos busca su primera victoria en el Mundial 2026

Marruecos busca su primera victoria en el Mundial 2026 con sabor a deuda pendiente. Hace cuatro años fue la gran revelación de Qatar, cuarto del mundo y orgullo de un continente. Hoy, en Estados Unidos, todavía no ha ganado un partido.

El estreno dejó una sensación agridulce: golpeó primero, no remató. El equipo de Mohamed Ouahbi se adelantó ante Brasil con un tanto de Ismael Saibari, pero un zarpazo de Vini Jr. en el minuto 32 congeló la euforia y fijó el 1-1. Un punto ante un gigante siempre se firma, pero el listón de este Marruecos ya no es el de un invitado simpático. Es el de una selección que se acostumbró a morder.

Ahora le espera Escocia, líder del Grupo C tras derrotar a Haití en su debut. El escenario: un Gillette Stadium teñido de azul por una Tartan Army que promete convertir Foxborough, Massachusetts, en un pequeño Glasgow. Escocia nunca ha superado una fase de grupos en sus ocho participaciones mundialistas. Precisamente por eso, sabe que sumar ante Marruecos puede abrirle una puerta histórica. El choque huele a partido bisagra para los dos.

Un once con jerarquía y colmillo

Ouahbi no está para experimentos. Ante una Escocia intensa, física y directa, todo apunta a un once continuista, armado sobre la columna vertebral que plantó cara a Brasil.

En la portería, Yassine “Bono” Bounou, ahora en Al-Hilal, sigue siendo el gran seguro de vida. Mundialista, especialista en noches grandes, el guardameta vuelve a situarse como primer ladrillo de un bloque que se siente cómodo sufriendo.

La defensa combina talento, velocidad y músculo. Achraf Hakimi, referencia absoluta en el carril derecho, ofrece profundidad constante y amenaza en transición. En el eje, Issa Diop (Fulham) y Chadi Riad (Crystal Palace) forman una pareja poderosa en el juego aéreo, clave ante una Escocia que vive de centros y balones frontales. En la izquierda, Noussair Mazraoui, ahora en Manchester United, aporta salida limpia y capacidad para meterse por dentro y sumar un hombre más en la creación.

Por delante, un doble pivote joven pero con personalidad: Ayyoub Bouaddi (Lille) y Neil El Aynaoui (Roma). Dos centrocampistas que mezclan recorrido, lectura táctica y buen pie. Su misión será doble: cerrar líneas ante las segundas jugadas escocesas y lanzar rápido a los hombres de talento cuando recuperen el balón.

Más arriba se enciende la luz. Brahim Diaz, hoy jugador de Real Madrid, se perfila como enganche, flotando entre líneas, girando al equipo rival y pidiendo el balón en zonas de daño. A su lado, Azzedine Ounahi (Girona), siempre elegante, capaz de romper líneas con conducción y pases verticales. Completa la línea de tres Bilal El Khannouss (Stuttgart), un mediapunta fino, asociativo, que ofrece apoyos constantes y pausa en los metros finales.

En punta, el héroe del estreno: Ismael Saibari. El atacante de PSV ya demostró que no se arruga ante defensas de élite. Se mueve bien entre centrales, ataca el espacio y llega con decisión al área. Su gol ante Brasil no solo le dio confianza; también le aseguró, salvo sorpresa, repetir como referencia ofensiva.

El once proyectado ante Escocia, línea por línea, quedaría así:

  • Portero: Bono
  • Defensas: Achraf Hakimi, Issa Diop, Chadi Riad, Noussair Mazraoui
  • Mediocentros: Ayyoub Bouaddi, Neil El Aynaoui
  • Mediapuntas: Brahim Diaz, Azzedine Ounahi, Bilal El Khannouss
  • Delantero: Ismael Saibari

Un equipo reconocible, con jerarquía atrás y muchos recursos entre líneas. Exactamente lo que se necesita para templar un partido que, desde la grada, se vivirá como una batalla.

Un grupo abierto y un calendario sin red

El empate frente a Brasil mantiene a Marruecos vivo, pero no le permite relajarse. El Grupo C se ha apretado desde el primer día. Escocia llega lanzada tras imponerse a Haití, y el duelo en Foxborough puede redibujar completamente la clasificación.

Después de medirse a los escoceses el 19 de junio en el Gillette Stadium, la selección de Ouahbi cerrará la fase de grupos ante Haití el 24 de junio en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Sobre el papel, el rival más accesible. En la práctica, podría ser un partido a vida o muerte.

El seleccionador cuenta con una lista profunda, pensada para responder a distintos escenarios. Bajo palos, junto a Bono, están Munir El Kajoui (RS Berkane) y Ahmed Reda Tagnaouti (AS FAR). En defensa, además de los titulares, opciones como Anass Salah-Eddine (PSV), Youssef Belammari (Al Ahly), Nayef Aguerd (Marseille, posteriormente reemplazado por Marwane Saâdane de Al Fateh), Redouane Halhal (Mechelen) o Zakaria El Ouahdi (Genk) ofrecen variantes de altura, perfil zurdo y polivalencia.

En la sala de máquinas, Ouahbi dispone de recursos para cambiar el guion: Samir El Mourabet (Strasbourg), Sofyan Amrabat (Real Betis), el propio Bouaddi, El Aynaoui, Ounahi, El Khannouss y Saibari dan la posibilidad de pasar de un mediocampo de control a uno más físico o más creativo según lo exija el partido.

Arriba, la competencia también aprieta. Abde Ezzalzouli (Real Betis) salió de la lista y fue reemplazado por Amine Sbaï (Angers), mientras que el ataque se completa con Chemsdine Talbi (Sunderland), Soufiane Rahimi (Al Ain), Ayoub El Kaabi (Olympiacos), Gessime Yassine (Strasbourg), Ayoube Amaimouni (Eintracht Frankfurt) y el propio Sbaï. Un abanico que permite desde un delantero de área puro hasta extremos verticales o segundos puntas móviles.

Marruecos llega a este segundo partido con una mezcla peligrosa: memoria reciente de grandeza y una clasificación todavía en el aire. No es una final, pero se le parece mucho. Escocia sueña con romper su techo histórico. Marruecos, con demostrar que lo de 2022 no fue una excepción.

En un estadio tomado por la Tartan Army, la pregunta es sencilla y brutal: ¿volverá a imponerse el Marruecos que desafió al mundo o se verá obligado a jugarse el todo por el todo ante Haití?

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