pasiondecancha full logo

Milos Kerkez y su nueva vida en el Liverpool

Milos Kerkez llega a la terraza del hotel del Liverpool en Chicago con una sonrisa amplia y un malentendido que le persigue desde hace semanas.

“¡No! ¡Esto está mal, todos se equivocan!”, suelta entre risas cuando vuelven a felicitarle por “su boda”. La foto que dio la vuelta a Serbia —él, trajeado, llevando a una novia a la iglesia en Vrbas— encendió las redes. Pero el lateral zurdo corta el tema de raíz.

“Era mi hermano mayor. En Serbia es normal que los hermanos pequeños lleven a la novia a la iglesia. Eso hice yo y ahora todo el mundo piensa que me casé. Fue Rade, no yo. Somos tres: Rade es el mayor, yo el pequeño y Marko el del medio. Tengo que ir explicando por todas partes que nunca me casé. Volvimos al club y la gente me felicitaba. Yo: ‘¡No, todavía no estoy listo para eso!’”.

El matrimonio puede esperar. Lo que no admite demora es su nueva vida en el Liverpool.

Del verano balcánico al régimen Iraola

El verano de Kerkez ha sido una montaña rusa: días en casa en Serbia, vacaciones en Montenegro y España, un golpe frenético en la puerta de su habitación para anunciarle que Arne Slot había sido despedido… y, poco después, una noticia que le cambió el gesto: la llegada de Andoni Iraola.

En el campus de pretemporada, en el centro de alto rendimiento del Chicago Fire, se ha visto algo distinto. En un vestuario rejuvenecido, Kerkez y su compatriota de selección Dominik Szoboszlai se han colocado al frente del grupo. Mandan, hablan, marcan el tono. Con 22 años, el lateral ya no se esconde.

Tiene una ventaja evidente en esta nueva era: conoce a Iraola mejor que nadie en ese vestuario. Bajo las órdenes del técnico vasco en Bournemouth se convirtió en un lateral de 40 millones de libras y en miembro del equipo del año de la PFA en la temporada 2024-25. Sabe qué le espera. Y sabe que el entrenador le tiene fe.

“Estaba encantado, honestamente”, recuerda al enterarse del elegido para sustituir a Slot. “Me ayudó y me mejoró mucho en los dos años que pasé con él. Estaba muy contento, obviamente por mí, pero también por el equipo. Todo el mundo sabe qué tipo de fútbol juega, así que creo que es perfecto para nosotros”.

La palabra clave con Iraola es una: intensidad. Y Kerkez lo describe con precisión.

“No tiene miedo de jugar uno contra uno por todo el campo, de presionar alto y estar siempre hacia adelante. Si ves imágenes de cómo acabamos después de entrenar, todos tirados en el suelo, se ve para qué nos está preparando. Necesitas piernas y una condición muy buena para hacer lo que quiere, pero estaremos bien. Cuando jugamos partidillos con tres o cuatro equipos lo llama ‘consecuencias’ y el que pierde y el que queda segundo tiene que correr. Cuánto se corre depende de lo que decida en ese momento, pero siempre hay carrera para el que pierde”.

El mensaje es claro: correr, repetir, sufrir. Y luego, volver a correr.

“Es intenso y le gustan los detalles. Es muy profesional. Le gusta hablar a veces, pero no mucho. Creo que no quiere acercarse demasiado a algunos jugadores y quiere mostrar que todos son iguales en el equipo, así que no quiere estar demasiado cerca de nadie en particular. Lo mantiene profesional, con mucho trabajo duro”.

De la jaula de Slot al carril largo

El contraste con la temporada pasada es evidente. Con Slot, el Liverpool construía desde atrás de forma casi dogmática, con laterales que se metían por dentro. Kerkez, explosivo, vertical, parecía a veces encorsetado. No se queja, pero se le nota el alivio cuando habla del nuevo libreto.

“El míster quiere jugar más con los laterales por la banda, haciendo underlaps, overlaps. Me funcionó bien en Bournemouth, así que creo que también me irá bien aquí”, explica. Ahí está su juego: campo abierto, metros por delante, duelos en banda.

Pero Iraola no le compra sólo por lo que hace en ataque.

“Siempre me dijo que defender es muy importante, para él eso es lo primero, y como eres lateral tienes que defender muy duro. Todo lo que hagas por delante es como un bonus. Así que yo estaba siempre centrado primero en defender y luego en correr hacia adelante para ayudar a los extremos. Me enseñó que cuando haces tu trabajo, entonces eres libre para hacer lo que quieres, y me sentí muy libre con él. Te deja más libertad para hacer tus cosas”.

Esa libertad la echa de menos desde Bournemouth. Ahora la recupera en Anfield.

Un título, un despido y un vestuario bajo lupa

Kerkez no señala a Slot. Al contrario. El neerlandés, despedido apenas 12 meses después de ganar la Premier League, sigue en su teléfono.

“Me sorprendió”, admite sobre el cese. “No lo sabía. Estaba en Serbia, durmiendo, y mi hermano me despertó. Llama a la puerta y fue una gran sorpresa. Nadie lo sabía. No podía creerlo, estaba como: ‘Wow’. He estado en contacto con él desde entonces, hemos intercambiado algunos mensajes”.

La temporada, reconoce, fue “dura para todos” en el Liverpool. Cada vez que el equipo parecía arreglar un problema, aparecía otro. Con el enorme gasto del verano anterior, el foco se clavó en los fichajes. Y, entre ellos, en el lateral zurdo.

Él asegura que no le pesa.

“Honestamente, no me importa la presión”, dice el defensa, que se medirá al Wrexham en el segundo partido de la gira estadounidense, en Nueva York. “No me gusta la ‘presión’ y esas cosas. Crecí un poco diferente en Serbia. Crecimos diferente. Podrías decir que estamos hechos un poco diferente. Por ejemplo, empecé a conducir un camión cuando tenía 10 años”.

Se detiene un segundo. Sonríe al ver la cara de sorpresa.

“Era con mi padre. Me subía y cogía el volante. Él hacía los pedales, yo era muy pequeño y no llegaba”.

Un camión, un padre y un recordatorio constante

Ese padre, Sebastijan, sigue siendo una figura central en la vida de Kerkez. A veces incluso le lleva en coche al centro de entrenamiento del Liverpool. Él y su madre, Tijana, se mudaron a Inglaterra para ayudar a su hijo a asentarse en la Premier League.

“Son muy importantes”, subraya. “Mis hermanos tienen ya su propia vida, pero mis padres están conmigo y soy mucho más feliz con ellos aquí. Mi padre está para darme un coscorrón en la cabeza y recordármelo. A veces juegas unos cuantos partidos buenos y quizá empiezas a venirte un poco arriba. Pero mi padre está para darme un golpe. Vuelvo directamente al suelo y vuelvo a enchufarme”.

Entre los camiones de la infancia y los coscorrones del presente se ha forjado un lateral que no se asusta ni de la grada de Anfield ni de la etiqueta de relevo de una leyenda.

La sombra de Robertson y el ejemplo de Salah

Porque el otro gran nombre en la historia de Kerkez es Andy Robertson. El capitán de Escocia, ahora en el Tottenham, es el hombre al que el serbio ha venido a reemplazar. No es un rol ligero. Tampoco un vínculo cualquiera.

Durante la pasada temporada, Robertson se lo llevó a un lado en más de una ocasión. Charlas breves, muy concretas, de especialista a especialista.

“No quería cargarle mucho”, explica Kerkez sobre el adiós del escocés en mayo. “Estaba un poco emocional porque todo se estaba acabando. No quería meterme demasiado, pero durante el año me ayudó. Tuvimos algunas conversaciones sobre centros y sobre los pulmones grandes que necesitamos para poder correr hasta mañana. Él hizo muchas temporadas, yo también debería tener lo mismo. Tuvimos conversaciones así. También, dónde poner el último pase, concentrarte, levantar la cabeza y a veces poner mejores centros”.

Respeto absoluto, pero sin complejo.

“Todos sabemos lo que Andy hizo por el club. No voy a huir de eso. Quiero hacer mi propio camino. Voy a trabajar duro. Sé lo que significa jugar para el Liverpool. Lo mostré un poco el año pasado y lo voy a mostrar más este año”.

En ese camino también aparece otro gigante del vestuario: Mohamed Salah. Con el egipcio, Kerkez ha construido una amistad cercana. Y una vara de medir casi inhumana.

“Antes de salir del Axa para venir a Chicago vi en la tele un programa sobre cuántos goles y asistencias tenía Mo, algo así como 380”, cuenta. “Simplemente me fui. ‘¿Qué es esto?’, pensaba. El tiempo vuela. Llega una nueva generación y ojalá todo salga bien”.

La nueva generación ya está aquí. Kerkez, con Iraola en el banquillo, ya no es sólo “el que no se casó en Vrbas”. Es el lateral llamado a escribir el siguiente capítulo por la banda izquierda de Anfield. La pregunta es sencilla y brutal: ¿está preparado para convertir ese carril en suyo mientras el Liverpool se reinventa a toda velocidad?

Milos Kerkez y su nueva vida en el Liverpool