Nottingham Forest busca títulos y ambición en la Premier League
El viejo espíritu de los años dorados vuelve a rondar el City Ground. Nottingham Forest, asentado de nuevo en la élite desde hace cuatro temporadas y con un banquillo ahora en manos de un técnico austríaco que viene de hacer historia en Crystal Palace, se permite mirar al futuro con algo más que nostalgia. Ya no se trata solo de sobrevivir en la Premier League. La palabra “títulos” vuelve a pronunciarse sin bajar la voz.
El entrenador, de 51 años, llega a orillas del Trent con un currículum que pesa: FA Cup, Community Shield y Conference League con Palace. No es un proyecto improvisado ni un fichaje de urgencia. Su contratación temprana en verano le da algo que pocos técnicos disfrutan en estos tiempos de vértigo: una pretemporada completa para moldear un vestuario heredado de Vitor Pereira y adaptarlo a sus ideas.
Movimiento en el mercado y un presidente sin miedo
El primer gran golpe ya ha sacudido las cuentas del club. Elliot Anderson se ha marchado a Manchester City en un traspaso récord de 116 millones de libras. Una cifra que cambia la escala de cualquier planificación deportiva y que, sobre todo, obliga a acertar con las incorporaciones.
Evangelos Marinakis, el enigmático magnate naviero griego que manda en el club, nunca se ha escondido. Cambia entrenadores con una facilidad que asusta, pero a quien se sienta en el banquillo le da algo esencial: dinero y poder de decisión. Ahora, con esa inyección millonaria, su mensaje es claro: quiere ver resultados tangibles. No solo buenas sensaciones, no solo semifinales.
Forest ya ha saboreado noches grandes en este regreso a la Premier: ha pisado las semifinales de Carabao Cup, FA Cup y Europa League. Se ha vuelto competitivo, incómodo, capaz de llevar al límite a cualquiera en un mal día. El siguiente paso es el más difícil: transformar esa competitividad en metal, en copas, en finales.
La sombra de Clough y los “Miracle Men”
El problema para cualquier Forest moderno es que el listón histórico es casi inalcanzable. El club sigue viviendo a la sombra de Brian Clough y de sus “Miracle Men”, aquellos equipos que conquistaron Europa y convirtieron Wembley en una segunda casa a finales de los 80 y principios de los 90.
Des Walker lo vivió en primera persona. Formó parte de la segunda gran versión de aquel Forest que crecía a rebufo de las gestas en la European Cup y que se acostumbró a viajar a Londres con una naturalidad pasmosa. Desde entonces, la vitrina apenas ha cambiado: solo se ha añadido el triunfo en la final del play-off de Championship que devolvió al equipo a la Premier. Nada más.
Por eso sus palabras, hoy, resuenan con un punto de desafío. En conversación con GOAL, en un acto con talkSPORT Bet Online Slots, el exdefensa no se esconde al hablar del potencial del club bajo el mando de Marinakis.
“El presidente pone el dinero donde pone la boca. Quiere ganar algo. Tiene un gran ego, le gusta ser el centro de atención. Quiere llegar a Wembley y estar saltando sobre el césped. No me sorprendería”, admite Walker, dibujando con pocas frases el carácter del propietario.
La lógica de las copas
Walker recupera una lección que le marcó de joven, cuando compartía vestuario con Steve Hodge allá por 1987. “Me dijo: ‘cualquiera puede ganar una copa. El mejor equipo gana una liga, cualquiera puede ganar una copa’. Y ese año ganamos dos”. La anécdota se ha quedado grabada en su cabeza y encaja a la perfección con el momento actual de Forest.
En un torneo del KO, todo se reduce a un día, a 90 minutos, a una eliminatoria bien gestionada. “Miras el Mundial y piensas: es una copa. Cualquiera puede ganar una copa. Por supuesto que tienes que rendir, pero cualquiera puede rendir un solo día. Solo tienes que ganar el siguiente partido para llegar al próximo. Y nosotros siempre teníamos eso: mantente en el bombo”, recuerda.
Esa mentalidad, aplicada al Forest de hoy, abre un horizonte muy concreto. Nadie habla de pelearle la Premier League a los gigantes de siempre. Ahí la regularidad, la profundidad de plantilla y la diferencia económica siguen marcando distancias abismales. Walker lo asume sin rodeos: “¿Puedes construir un equipo para ganar la liga? Eso va a ser difícil”.
Pero la conversación cambia cuando se pronuncian otros torneos: FA Cup, League Cup, competiciones europeas. “¿Puedes ganar la FA Cup? ¿Puedes ganar la League Cup? Por supuesto que sí. ¿Podrías entrar en una competición europea y ganarla? Por supuesto que sí”. El mensaje es directo, casi un reto.
Un club, una ciudad y una oportunidad
Forest ya ha demostrado que puede plantarse en semifinales. Con un dueño dispuesto a gastar, un entrenador con pedigrí reciente en torneos de copa y un mercado de fichajes alimentado por una venta récord, la sensación es que el club se acerca a una encrucijada: o da el salto definitivo o se queda atrapado en el territorio cómodo de “equipo molesto, pero sin títulos”.
Walker, como muchos exjugadores, mira más allá del césped. “Sería bonito ver recompensados a los aficionados. Sería bonito verles ganar. Nos encantaría. Sería fantástico para la ciudad. Para todos”. No es solo una cuestión de palmarés; es identidad, orgullo, la posibilidad de que una nueva generación deje de escuchar historias de Clough y empiece a contar las suyas.
El dinero está ahí. La ambición, también. Falta comprobar si este nuevo Forest es capaz de hacer algo tan simple y tan difícil como lo que decía Hodge hace casi cuatro décadas: entrar en la copa, mantenerse en el bombo… y volver a acostumbrarse a levantar trofeos.





