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Pedri y Rodri: la encrucijada del fútbol español

Durante meses, la idea sedujo a todo un país: un centro del campo con Rodri y Pedri como columna vertebral podía llevar a España de la Eurocopa conquistada en Alemania a un título mundial en Norteamérica. El plan sigue vivo, pero el reparto de papeles ya no es el mismo. Rodri ha recuperado el nivel de Balón de Oro que lo convirtió en el metrónomo del torneo. Pedri, en cambio, se ha convertido en tema de tertulia diaria en casa.

El torneo del canario empezó con una paradoja. Ante Cabo Verde, en ese 0-0 que dejó mal sabor de boca, fue el jugador que más ocasiones generó: cinco, ninguna capitalizada por sus compañeros. Cifras que en otro futbolista serían munición para elogios. En él, alimentaron críticas. No bastó con dirigir, se le exigió decidir.

El tiempo ha suavizado el juicio sobre aquel debut. Los resultados posteriores de Cabo Verde han dado otro contexto a ese empate sin goles. Pero la lupa sobre Pedri no se ha movido. Al contrario, se ha acercado más. Cuanto más avanza el Mundial, más se repite la misma pregunta: ¿dónde está su último pase, dónde está su gol?

La comparación con Jude Bellingham ha encendido aún más el debate. Son futbolistas distintos, con funciones diferentes, pero el contraste es demasiado jugoso para parte del madridismo como para dejarlo pasar. Uno, vestido de blanco, encadena actuaciones decisivas, goles, asistencias, portadas. El otro, emblema del Barcelona, pelea por no caerse del once y apenas roza los focos. El análisis es simplista, sí. El fútbol de élite, en cambio, hace tiempo que se guía por la crudeza del resultado: Bellingham marca y asiste; Pedri, de momento, no.

Por eso sorprendió tanto que Luis de la Fuente lo sacara del equipo titular. Venía de cinco titularidades seguidas en este Mundial 2026, nueve si se cuenta desde Qatar. El seleccionador, sin embargo, fue claro: la competencia es feroz, sobre todo en la sala de máquinas. Y no todos caben.

El propio De la Fuente recordó que Mikel Merino tenía incluso más motivos para protestar. Venía de marcar el gol agónico ante Portugal y volvió a empezar en el banquillo. No se quejó. Volvió a salir. Volvió a decidir, esta vez contra Bélgica, con otro tanto en el 2-1. Un centrocampista que encadena goles decisivos… y aun así no tiene garantizado el puesto.

“Es injusto que Mikel no juegue de inicio, pero también sería injusto que se quedara fuera otro”, explicó el técnico. “Solo pueden jugar 11”.

Es la frase que mejor retrata el ecosistema actual de la selección: jerarquías flexibles, nombres grandes aceptando roles cambiantes y un entrenador dispuesto a mover piezas sin mirar el escudo del club de origen.

En ese contexto, nada indica que Pedri haya perdido los papeles. Unai Simón lo desveló tras eliminar a Bélgica: “Lo ha encajado bien. Todos queremos jugar, pero no hay sitio para todos”. El portero tiró de ejemplo propio: David Raya y Joan García, ambos a la altura del máximo nivel, también asumen su papel desde la sombra. El mensaje es nítido: aquí se viene a ganar un Mundial, no a ganar una batalla de egos.

La cuestión, claro, es qué papel le espera ahora al canario ante Francia. Su última aparición no ayudó a despejar dudas. Entró desde el banquillo y desperdició una contra clarísima con un pase impropio de su precisión habitual. Mientras tanto, Fabián Ruiz aprovechó su oportunidad en Los Ángeles: gol para abrir el marcador ante Bélgica y una actuación que refuerza su candidatura a seguir en el once. Unai Simón no escatimó elogios: “Es un talento inmenso” y llega con el aura de quien “ha ganado dos Champions seguidas”.

Pedri también lo es. En su mejor versión, roba y entrega con una naturalidad que parece de patio de colegio, no de Mundial. Pero esa versión apenas ha aparecido en Norteamérica. Y quizá tenga explicación táctica. De la Fuente ha dejado entrever que, para él, existen dos Pedri distintos: el de España y el del Barcelona.

“Pedri es un jugador de clase, uno de los mejores del mundo, si no el mejor”, ha llegado a decir el seleccionador. Ha puesto en el mismo escalón a Fabián. Y luego ha marcado la diferencia clave: el contexto. “Pedri no puede jugar como lo hace en el Barça, porque nosotros jugamos diferente. Tenemos similitudes, pero no es lo mismo. Tampoco tenemos los mismos jugadores”.

Hay un nombre que lo cambia todo: Rodri. Con el mediocentro del Manchester City como eje, el acompañante debe adaptarse a otro mapa. De la Fuente ve a Pedri capaz de actuar como 6, 8 o 10, pero insiste en que cada decisión está “muy elaborada, muy analizada y muy ajustada al rival”. Traducido: el canario ya no es intocable, sino una herramienta más, de altísima gama, en una caja repleta.

Francia plantea el siguiente dilema. ¿Quién debe arrancar al lado de Rodri? Existe la opción de juntar a Fabián y Pedri, como ante Cabo Verde, y construir un trío de seda para intentar someter a los de Didier Deschamps a través de la posesión. Si España tiene una zona claramente superior a la francesa, es el centro del campo. Tres centrocampistas técnicos, asociativos, pueden ser el escudo más eficaz contra un ataque galo devastador.

Pero ese plan tiene víctima probable: Dani Olmo. El mediapunta se ha ganado el puesto en el tramo decisivo del torneo, ha interpretado bien el rol de enlace, ha aparecido entre líneas con inteligencia, aunque sus cifras aún no exploten. Sentarlo sería una decisión valiente… y polémica.

De la Fuente, en cambio, ha dejado pistas de otra idea. Considera a Pedri un “talento especial” al que prefiere “cerca del área rival”, donde puede hacer daño con sus giros, paredes y amagos. Valora que “siempre marca un tono muy bueno, esté o no en su mejor momento”. Pero su discurso tras Bélgica sonó a plan repetido: Fabián para desgastar, Pedri para rematar el trabajo cuando el partido se rompe y aparecen espacios.

“Pedri puede beneficiarse del trabajo de Fabián”, deslizó el seleccionador. Trabajo en equipo, lo llamó. Reparto de esfuerzos. Uno para abrir la puerta, otro para entrar con bisturí.

Esa generosidad colectiva es, hoy, el gran músculo de esta España. Choca ver el nombre de Pedri discutido, sí, pero encaja con la realidad de un vestuario cargado de talento en el que nadie está blindado. Ni siquiera el jugador que, hace no tanto, se consideraba el futuro indiscutible de la selección.

Francia llega como examen definitivo. Deschamps ya ha mostrado el potencial de una plantilla descomunal. España también. El propio De la Fuente lo resumió: será un partido abierto, que exigirá piernas frescas y la mejor versión de todos.

La incógnita es si, en algún momento de esa noche, aparecerá el Pedri del Barcelona. Y si esa versión, en un solo partido, puede cambiar el rumbo de un Mundial.

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