Raphinha: del Mundial al plan de Flick en el Barça
Raphinha regresa al punto de partida. Tres semanas después de ver el Mundial desde el banquillo y de encadenar otra lesión muscular, el brasileño se dispone a cambiar de guion. Su próxima parada: la pretemporada de Barcelona en Inglaterra, donde Hansi Flick ya le reserva un papel central en su libreto ofensivo.
El extremo de 29 años se incorporará el 29 de julio a la concentración en suelo inglés, que se alargará hasta el 3 de agosto y que incluye dos amistosos, ante Birmingham City (31 de julio) y Preston North End (3 de agosto). En el club ni siquiera descartan que se presente antes en la Ciutat Esportiva para viajar con el grupo desde el primer día. Señal clara: cuentan con él. Y mucho.
De Orlando e Ibiza al centro del proyecto
Mientras el ruido del Mundial se apagaba, Raphinha se alejaba también de los focos. Pasó días en Orlando, luego en Ibiza con su familia. Tiempo para curar la musculatura, pero también para enfriar titulares incómodos: la eliminación de Brasil, las dudas sobre su estado físico, incluso una supuesta oferta de 80 millones de euros de Al-Hilal que, según su entorno, nunca llegó a sus manos y que él decidió ignorar.
Ahora el contexto es otro. Mundo Deportivo sitúa a Flick con motivos de sobra para sonreír: a las llegadas de Anthony Gordon (25 años) y Karim Adeyemi (24) se suma la mejor noticia posible dentro de casa, la recuperación total de Raphinha. No es un fichaje, pero se comporta como tal. Bajo el mando del técnico alemán ha sido pieza clave en los cinco títulos levantados por el club desde su aterrizaje en el banquillo.
Un Mundial que se le escapó entre las manos
El contraste duele. Raphinha llegó al Mundial como uno de los atacantes más destacados de Brasil, con galones ganados en Barcelona y una temporada de altibajos que parecía encaminarse hacia un cierre dorado. Todo se torció ante Haití: molestias en el isquio de la rodilla derecha, cambio obligado y diagnóstico confirmado en las pruebas médicas.
No le descartaron de inmediato. Se aferró a la esperanza de reaparecer en el torneo. Contra Noruega, en ese 1-2 que dejó a la selección brasileña fuera el 5 de julio, ya tenía el alta médica. Pero se quedó sentado, mirando el partido desde el banquillo. Para un futbolista que había llegado como líder del proyecto, fue un golpe directo al orgullo y al ánimo. Ahí se cerró, de forma cruel, una temporada marcada por las recaídas.
La misma lesión, dos veces traicionado
La historia se repite en un punto concreto del cuerpo: el isquio de la rodilla derecha. Esa zona le ha perseguido todo el año. En marzo, en un Brasil–Francia previo al Mundial, ya había caído por el mismo problema. Aquella lesión le dejó fuera de los planes de Barcelona durante cinco semanas, un tramo que coincidió con la eliminación en la Copa del Rey y en la Champions League. El equipo se jugaba la temporada y él miraba desde la grada.
Antes ya había sufrido contratiempos físicos en septiembre y durante el parón internacional de marzo. Aun así, logró sostener el nivel lo suficiente como para llegar al Mundial como referencia ofensiva de su selección y como uno de los futbolistas más influyentes del primer curso de Flick en el banquillo blaugrana.
El desenlace fue el peor posible: recaída con Brasil justo antes de que rodara el balón en el torneo, adiós a sus aspiraciones y un verano teñido de frustración.
Rumores, problemas y un objetivo: pasar página
A la decepción deportiva se le sumaron informaciones sobre supuestos problemas económicos y familiares. El entorno del jugador tuvo que salir al paso y desmentirlas. Demasiado ruido alrededor de un futbolista que ya cargaba con la presión de un Mundial fallido y un cuerpo que no terminaba de responder.
Raphinha ha decidido cortar por lo sano. Recuperado de sus molestias musculares, quiere centrar todas sus energías en un único frente: volver a su mejor versión. Esa que, durante el primer año con Flick, le permitió romper varios registros personales en goles, asistencias y rendimiento global, y le colocó incluso entre los candidatos al Balón de Oro de la temporada 2024-2025.
No se trata solo de brillar. Se trata de hacerlo de forma continuada, sin interrupciones, sin ese miedo constante a una nueva rotura.
El plan Flick: proteger a una pieza capital
En Barcelona lo tienen claro: hay que blindar su físico. El club ha diseñado para él un plan de trabajo específico, casi artesanal, con el objetivo de reforzar la zona castigada y cortar de raíz la cadena de lesiones musculares que le han lastrado. Menos improvisación, más prevención. Menos carreras al límite, más control del esfuerzo.
Flick, que ya sabe lo que es construir un ataque ganador alrededor de extremos determinantes, ve en Raphinha algo más que un buen regateador. Es profundidad, último pase, gol y carácter competitivo. Con Gordon y Adeyemi como nuevas armas, el brasileño se perfila como uno de los vértices de un tridente que puede marcar la 2026-2027.
El mensaje desde los despachos acompaña esa visión. El presidente Joan Laporta fue tajante: “No tenemos intención de que se vaya de Barcelona”. Ni dudas, ni puertas entreabiertas. Con contrato, confianza y un entrenador que le considera esencial, el escenario para el brasileño es inmejorable.
Ahora la pelota vuelve a estar en su tejado. Inglaterra será el primer examen de una temporada que puede definir si Raphinha se queda en el terreno de las promesas interrumpidas o confirma, por fin sin lesiones, todo lo que su fútbol lleva años anunciando.






