pasiondecancha full logo

Tony Dorigo opina sobre Cesc Fàbregas como entrenador del Chelsea

Tony Dorigo no se anda con rodeos cuando se le menciona el nombre de Cesc Fàbregas para el banquillo de Chelsea en 2026. Para el exdefensa de los Blues, el salto directo desde Como al banquillo de Stamford Bridge llega demasiado pronto, por brillante que esté siendo el arranque de la carrera del técnico español.

Dorigo, que ha seguido de cerca la temporada de Como, se rinde al fútbol que propone Fàbregas. Habla de “un trabajo increíble”, de “un estilo maravilloso”, de un equipo construido a partir de ideas que el excentrocampista ha ido absorbiendo a lo largo de su trayectoria y que ahora se mezclan en un conjunto “realmente, realmente bueno”. El elogio es claro. El matiz, también.

Porque ahí aparece el pero. Cada vez que Como se ve por delante en los grandes escenarios, algo se rompe. Dorigo recuerda partidos concretos. Ante Inter: 2-0 arriba, derrota 4-2. En Coppa Italia: 2-0 de ventaja, remontada hasta el 3-2 en contra. Un patrón que, para él, delata que todavía falta un punto competitivo, una madurez que en un gigante como Chelsea no se perdona.

Ese contexto, sostiene, marca la diferencia. En Como, Fàbregas trabaja bajo un tipo de presión muy particular, exigente pero todavía contenida. El salto a Chelsea sería otra galaxia. “Ir directamente a un club como Chelsea sería un poco demasiado”, advierte Dorigo, convencido de que el español está llamado a ser “un gran entrenador”, capaz de llevar a Como a Europa. Le ve peleando por la Champions League, aunque cree que el destino más probable a corto plazo es la Europa League. Un techo alto, pero aún lejos de la montaña que supone Stamford Bridge.

El exdefensa introduce entonces un aviso que en Londres debería resonar. Cuando habla de “estilos” y de “maravillosos entrenadores jóvenes”, recuerda al técnico anterior, Rosenior, y lo que terminó ocurriendo con él. El mensaje es transparente: el potencial no basta en un club que devora proyectos si no ofrecen resultados inmediatos.

Chelsea, mientras tanto, analiza datos, tendencias y perfiles de cara al verano de 2026, con el rendimiento en Premier League como filtro central. Ahí Dorigo entiende por qué el nombre de Fàbregas está sobre la mesa. El excentrocampista conoce como pocos la élite, entiende el vestuario de los grandes, sabe tratar con jugadores de máximo nivel. Esa conexión con las estrellas, admite, es una ventaja clara respecto a otros candidatos.

Pero el salto no se mide solo en pizarra y carisma. Dorigo tira de un ejemplo reciente que todavía escuece en el oeste de Londres: Graham Potter. Brillante en Brighton, dominador del contexto Premier League, admirado por su propuesta. Y, sin embargo, superado por la dimensión de Chelsea. Allí, recuerda, no solo se trata de sistemas y automatismos, sino de manejar “otro nivel de jugador y de mentalidad”.

Ese cambio de escala, unido a una presión constante y abrasiva, ha tumbado a más de un entrenador con cartel. Para Dorigo, poner a Fàbregas en ese escenario sin haber vivido antes algo parecido sería añadirle una dificultad innecesaria. Demasiado pronto, demasiado grande, demasiado rápido.

Su veredicto es tajante: “Fàbregas, no, no en este momento. Yo miraría a otro lado”. El futuro, sin embargo, lo ve teñido de azul. Si el español sigue creciendo, acumula experiencia y pule ese punto competitivo que hoy le falta a sus equipos en los grandes días, la puerta de Stamford Bridge volverá a abrirse. La cuestión es si Chelsea tendrá la paciencia para esperar a ese Fàbregas definitivo o apostará, una vez más, por adelantarse al tiempo.