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Thomas Tuchel y su camino hacia la historia con Inglaterra

Thomas Tuchel camina hacia la historia sin temblar. A un paso de meter a Inglaterra en su primera final de Copa del Mundo en 60 años, el técnico alemán insiste en que no siente el peso del pasado, ni de los fantasmas que acompañan cada gran cita de los Three Lions.

El escenario: una semifinal contra Argentina, el miércoles, con Lionel Messi al frente. Un duelo que parece escrito para la posteridad.

Tuchel, sin miedo al pasado

En Atlanta, en la víspera del partido, Tuchel se mostró tenso, sí, pero lejos de la imagen de un seleccionador abrumado por la magnitud del momento.

“No siento una carga. Sentimos la tensión y estaremos nerviosos, pero eso es normal”, explicó. El mensaje fue directo: respeto por la historia, pero cero complejos.

Su Inglaterra llega empujada por dos figuras gigantescas del torneo: Jude Bellingham y Harry Kane, ambos con seis goles. Entre los dos han tirado del equipo en los momentos más ásperos de un camino lleno de baches, sin que el juego haya sido siempre brillante, pero sí competitivo.

Tuchel ve un grupo listo para la batalla: “Siento que los jugadores son realmente competitivos, hambrientos y emocionados por jugar este partido”. No habló de miedo. Habló de hambre.

Dos camisetas que pesan

Inglaterra contra Argentina no es un partido más. Nunca lo ha sido. Nunca lo será.

“Las dos camisetas son icónicas. Hay partidos históricos, momentos icónicos, y todo el mundo reconoce las camisetas y a los jugadores al instante”, recordó Tuchel.

El pasado se cuela solo: México 1986, el “Hand of God” de Diego Maradona y ese 2-1 que marcó a una generación inglesa. Francia 1998, la expulsión de David Beckham por su patada a Diego Simeone y el drama en los penaltis. Cinco cruces mundialistas, una colección de heridas y leyendas.

Tuchel no quiere que ese relato invada el vestuario. “Si un partido ofrece tantos momentos icónicos, no puedes decir que es solo otro partido de fútbol, pero como entrenador hacemos exactamente eso: centrarnos en lo que podemos influir”. Una línea fina: entender el peso del duelo, sin dejar que lo aplaste todo.

Messi, a los 39, por primera vez ante Inglaterra

Hay un detalle casi increíble en medio de tanta historia compartida: será la primera vez que Lionel Messi se enfrente a Inglaterra en una Copa del Mundo. A los 39 años. En una semifinal. Con ocho goles en el torneo y persiguiendo la Bota de Oro que, de momento, lidera Kylian Mbappé.

Tuchel se rindió ante lo indefinible: dijo que no tenía palabras para describir al argentino. No las buscó. Prefirió subrayar el bloque.

“Se ve la cohesión, se ve que tienen experiencia en fútbol de torneos”, analizó sobre Argentina. Habló de un núcleo que lleva años junto, de una selección que sabe sobrevivir a las noches malas y a los partidos que se enredan. Y señaló a Lionel Scaloni como un seleccionador “muy experimentado y muy, muy bueno”.

La frase que deja claro el desafío: “Sabemos lo grande que es el obstáculo, pero estamos preparados”.

Sin combustible extra de rivalidad

Con tanto material emocional a mano, cualquiera pensaría que Tuchel querría encender el fuego de la rivalidad histórica. Él, en cambio, lo apaga.

No usará el pasado como gasolina. No habrá charlas encendidas sobre Maradona, Simeone o viejas cuentas pendientes. “Sabemos por qué estamos aquí, sabemos lo que queremos, nunca fuimos tímidos a la hora de esperarlo de nosotros mismos, de decirlo o de soñarlo”, afirmó. El motor, insiste, está dentro del propio grupo.

La ruta inglesa hasta esta semifinal ha sido irregular. Partidos trabados ante la República Democrática del Congo, México y Noruega, sin esa sensación de equipo que “vuela” sobre el torneo. Tuchel lo asume: “Es mi primer Mundial como entrenador, y es muy raro que atravieses un torneo volando y que todo encaje de un partido a otro”.

Lo importante, para él, es otra cosa: “No hemos alcanzado nuestro techo todavía, pero el partido sacará lo mejor de nosotros, y estamos emocionados”. No suena a consuelo. Suena a advertencia.

Inglaterra, entera y hambrienta

Las noticias desde el campo de entrenamiento también juegan a favor. Toda la plantilla se ejercitó en la víspera del duelo. Declan Rice, pieza clave en el equilibrio del equipo, está recuperado tras su enfermedad y disponible para el once. Solo Jarell Quansah sigue fuera, cumpliendo sanción por la roja que vio en el triunfo de octavos ante México.

Tuchel repite una palabra: hambre. “Estamos en semifinales y llegamos con mucha hambre”, subraya. No hay triunfalismo, pero sí una convicción clara de que este grupo no ha venido a Estados Unidos a aprender, sino a competir hasta el último día.

Enfrente, una Argentina que ha sufrido más de lo esperado para llegar hasta aquí, pero que siempre encuentra la manera. Los sudamericanos han tenido que remar en casi cada cruce, igual que Inglaterra. Ninguno llega limpio, ninguno llega perfecto. Ambos llegan curtidos.

Tuchel, sin embargo, no se fía de las dudas ajenas: “Nos prepararemos para la mejor versión de Argentina. Esperamos y exigimos lo mejor de nosotros mismos”. Nada de confiar en un mal día del rival. El plan pasa por asumir que Messi y compañía aparecerán en su versión más afilada.

El resto lo pondrán la noche, la tensión y dos camisetas que han marcado la historia de los Mundiales. Sesenta años después de 1966, Inglaterra vuelve a mirar de frente a la posibilidad de una final. Esta vez, con un alemán al mando y Messi en el otro lado del tablero.

La pregunta ya no es si pesa la historia. Es si este grupo está listo para escribir la suya.