Zinedine Zidane asume el mando de la selección francesa
Zinedine Zidane ya está donde muchos llevaban años imaginándolo: en el banquillo de la selección francesa. El mito de Marsella sucede a Didier Deschamps tras la eliminación de Les Bleus en semifinales del último Mundial y pone fin a cinco años de silencio en los banquillos. Vuelve el técnico. Vuelve el símbolo. Y lo hace en casa.
La Federación Francesa de Fútbol lo hizo oficial a través de la cuenta de la Equipe de France en X con un mensaje tan simple como contundente: “ZINEDINE ZIDANE, NEW [MANAGER] OF THE FRENCH NATIONAL TEAM”. El secreto peor guardado del fútbol europeo ya es realidad.
El relevo del hombre de 14 años
Zidane toma el testigo de su antiguo compañero de vestuario. Deschamps se marcha tras 14 años al frente de Francia, un ciclo que devolvió a la selección a la cima con el título mundial de 2018 y que reconstruyó la imagen de un equipo golpeado por crisis deportivas e institucionales.
Philippe Diallo, presidente de la federación, no escondió el peso del momento: han pasado 14 años desde la última vez que el organismo tuvo que elegir seleccionador. Subrayó la obra de Deschamps, su capacidad para “llevar a la selección a lo más alto” y “restaurar la imagen de Les Bleus sobre el césped”. El reconocimiento al pasado era obligado antes de abrir la puerta a una nueva era.
Ahora el foco se desplaza a Zidane, a su figura, a su idea de liderazgo. Y a sus ambiciones.
Orgullo, responsabilidad y una sola obsesión
El nuevo seleccionador fue presentado en una rueda de prensa especial este martes por la mañana. No necesitó grandes artificios para marcar el tono. Habló de orgullo, de alegría, de responsabilidad. Y de una certeza que arrastra desde niño.
“Es una gran fuente de orgullo asumir el cargo de mi selección”, explicó. “Lo he dicho muchas veces: no hay nada más grande que la selección francesa. Es una alegría y, obviamente, un gran orgullo convertirme en el seleccionador de esta selección. También es una responsabilidad”.
Zidane agradeció a Philippe Diallo, al comité ejecutivo y a toda la Federación Francesa de Fútbol la confianza, y tuvo un recuerdo explícito para Deschamps y su cuerpo técnico por esos 14 años de servicio. No hubo ruptura en el discurso. Hubo continuidad en el respeto.
También se acordó de todos los entrenadores que marcaron su carrera. Y dejó una frase que resume su horizonte inmediato: tiene “grandes ambiciones” para Francia.
Cinco años de espera… por un solo banquillo
Durante su intervención, Zidane desveló lo que muchos sospechaban: en estos cinco años lejos de los banquillos no le faltaron ofertas. Las rechazó. Todas. Esperaba solo una llamada.
“Estoy realmente feliz. Estoy listo para el reto, me motiva”, afirmó. “Después de mi experiencia en Real Madrid, lo único que quería hacer era esto”.
Recordó su propio viaje con la camiseta azul: desde las categorías inferiores hasta la absoluta, “la cima”. Desde niño, dijo, conocía lo que significaba esa camiseta y ese escudo. Y ahí aparece el motor que le empuja ahora: “Lo único que me motiva es poder trabajar para este equipo y verlo seguir ganando”.
No lo escondió: dirigir a Francia era “lo único” que quería tras su etapa en el banquillo del Real Madrid. Rechazó propuestas precisamente por esperar el puesto de seleccionador. Esa fidelidad a una idea, a una camiseta, explica buena parte del magnetismo que provoca su figura en Francia.
Un palmarés que impone respeto
Zidane llega a Clairefontaine con una ausencia prolongada de los banquillos, pero con un currículum que sigue pesando como pocos. Está considerado uno de los mejores entrenadores del mundo a pesar de su paréntesis desde 2021.
En Real Madrid firmó una de las gestas más difíciles de igualar: tres Champions League consecutivas. A eso añadió dos títulos de LaLiga, dos Supercopas de Europa y dos Mundiales de Clubes. Un impacto inmediato y demoledor en la élite.
Su carrera como futbolista tampoco necesita demasiada presentación. Campeón del mundo con Francia en 1998, Balón de Oro ese mismo año, figura central de una generación que cambió para siempre la historia de Les Bleus. Ese doble legado —como jugador y como entrenador— se cruza ahora en el mismo punto: el banquillo de la selección.
Rumbo a la próxima gran cita
El primer gran objetivo ya está marcado en rojo: la preparación para la Eurocopa 2028, que se disputará en Reino Unido e Irlanda. Zidane tendrá tiempo para moldear el equipo, ajustar jerarquías y dar forma a una Francia que ya es potencia, pero que busca un nuevo impulso tras quedarse a las puertas de otra final mundialista.
No llega un técnico cualquiera. Llega un seleccionador que sabe lo que es ganar como pocos, que ha vivido todas las etapas de la camiseta azul y que ha elegido este puesto por encima de cualquier otro.
La pregunta ya no es si Zidane iba a entrenar a Francia. Esa se ha cerrado hoy. La que se abre ahora es distinta: ¿hasta dónde puede llevar a Les Bleus este Zidane de traje y pizarra?






