Zinedine Zidane como seleccionador de Francia: un sueño hecho realidad
Zinedine Zidane ya está en casa. No en Burdeos, ni en Turín, ni en Madrid. En el lugar que siempre señaló como la cima absoluta de su carrera: el banquillo de la selección francesa.
Durante años, cada vez que su nombre aparecía ligado a un gran club europeo, flotaba la misma idea: Zidane estaba esperando a Francia. Ahora, esa espera ha terminado.
El sueño que manda sobre todos
“Lo he dicho a menudo: no hay nada más grande que la selección francesa. Es una alegría y, por supuesto, un gran orgullo convertirme en seleccionador de Francia”, declaró en la web oficial de la FFF. No es una frase de cortesía. En su caso, suena a confesión largamente contenida.
Zidane llega después de una carrera en los banquillos tan brillante como breve: títulos encadenados con Real Madrid, autoridad en el vestuario, respeto unánime. Con ese currículum, ofertas no le faltaron. Él mismo lo admitió ante los medios: recibió propuestas de clubes y las rechazó todas. Las aparcó, una tras otra, esperando solo una llamada. Esta.
La camiseta azul ha marcado su vida. “Conocí a la selección francesa cuando era un niño, y pasé por todas las etapas hasta llegar al equipo absoluto. Hoy, convertirme en su seleccionador representa la cima. Lo daré todo para mantener a Francia en lo más alto”, aseguró, sin rodeos.
Continuidad, pero con sello propio
Zidane no aterriza en un solar, sino en una estructura consolidada. “Hay un gran equipo aquí, y estoy feliz de poder construir sobre esta continuidad. Es un sueño hecho realidad”, dijo en rueda de prensa. Hereda un grupo acostumbrado a competir por todo y un legado pesado: catorce años de Didier Deschamps al frente.
El nuevo seleccionador no esquivó ese pasado reciente. Agradeció públicamente a Deschamps y a su cuerpo técnico, y también se detuvo en un gesto poco habitual en este tipo de presentaciones: “Tengo un pensamiento especial para todos mis entrenadores”. Una forma de subrayar que su llegada no borra nada, sino que se apoya en todo lo que le ha traído hasta aquí.
Al mismo tiempo, la palabra que más repite es ambición. “Tengo grandes ambiciones para la selección francesa”, remarca. No se conforma con administrar una herencia; quiere elevarla.
El peso del escudo
Ser seleccionador de Francia no es un trabajo más. Es un cargo de Estado en un país que vive el fútbol con una mezcla de pasión y exigencia feroz. Zidane lo sabe mejor que nadie. Ha sido héroe mundialista, símbolo generacional, referente de una Francia diversa que se miró en él en 1998 y 2000.
Por eso insiste en la idea de responsabilidad. Agradece la confianza del presidente Philippe Diallo, del Comité Ejecutivo y de la FFF, pero deja claro que el listón no se mide en discursos, sino en resultados y en altura competitiva. Mantener a Francia “en la cima” no es una frase hecha: es la vara con la que se medirá cada convocatoria, cada lista, cada gran torneo.
Zidane ha renunciado a los banquillos de élite de clubes para este reto. Ha esperado su momento. Ya lo tiene.
Ahora, la gran incógnita no es si estaba destinado a este cargo, sino hasta dónde puede llevar a una generación que ya ha tocado el cielo… y que vuelve a mirar hacia arriba.






