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Brenden Aaronson se casa durante el campamento de la selección de Estados Unidos

En Fayetteville, Georgia, el campamento de la selección de Estados Unidos vivió este viernes una ausencia poco habitual… y perfectamente justificada. Brenden Aaronson no se saltó el entrenamiento por una molestia física ni por un compromiso comercial. Se lo perdió porque estaba dando el sí quiero.

El centrocampista de Leeds, pieza del grupo que se prepara con miras al Mundial, se casó con su novia de toda la vida, Milana D’Ambra, hija de Don D’Ambra, entrenador del equipo masculino de fútbol de Saint Joseph’s. Una boda en pleno parón internacional, con permiso oficial y regreso programado casi como si fuera un viaje relámpago para disputar un partido.

Aaronson abandonó la concentración tras la sesión del jueves, con la agenda marcada al minuto: ceremonia, celebración familiar y vuelta al trabajo. La federación lo esperaba de nuevo para el entrenamiento del sábado, sin privilegios en lo deportivo, pero con comprensión para un momento que marca una vida.

A sus 25 años, el mediocampista no solo representa a Leeds en la Premier League. También encarna a una de las familias más reconocibles del fútbol estadounidense. Criado en Medford, Nueva Jersey, comparte profesión y balón con sus hermanos: Paxten, jugador de Colorado Rapids en la MLS, y Jaden, que el otoño pasado disputó su temporada de debut universitario con Villanova. El fútbol no es solo oficio en casa Aaronson; es idioma común. Su padre, Rusty, completa el cuadro familiar como director deportivo de Real Futbol Academy en Medford, epicentro de la formación de los tres.

No es la primera vez que el combinado nacional abre la puerta a un momento personal de una de sus figuras. Christian Pulisic también tuvo su día especial lejos del césped. El cuerpo técnico le permitió ausentarse de un entrenamiento para asistir a su baile de graduación de Hershey High School, el 27 de mayo de 2016, en el Hershey Hotel de Pensilvania. Volvió a tiempo y jugó al día siguiente el partido de Copa América ante Bolivia en Kansas City, Kansas.

Entre un baile de graduación y una boda, la selección de Estados Unidos ha dejado claro algo sencillo pero contundente: sus estrellas pueden vivir los grandes hitos personales sin perder el ritmo competitivo. Y esa combinación, en un vestuario joven y ambicioso, puede pesar tanto como cualquier sesión extra en el campo.