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Francia avanza a semifinales y Mbappé lanza un aviso

La maquinaria de Didier Deschamps sigue avanzando. Francia se metió en semifinales tras doblegar 2-0 a Marruecos el jueves, en un partido que exigió paciencia, temple y una autoridad casi rutinaria de un grupo acostumbrado a vivir en el filo de los grandes torneos. El premio: una cita con España o Bélgica, que se juegan el otro billete más tarde este viernes.

No hubo alardes innecesarios ni fuegos artificiales gratuitos. Hubo control. Hubo madurez. Y, cuando hizo falta, apareció la pegada.

Mbappé, cifras de leyenda y un discurso de freno

Kylian Mbappé se mueve en la Copa del Mundo como si fuera su hábitat natural. Suma 20 goles en 20 partidos mundialistas, cuatro de ellos en finales. En esta edición lidera la tabla de artilleros con ocho tantos, igualado con Lionel Messi. Números de otra dimensión.

Pero el delantero, ahora con 27 años y una mochila de títulos que no pesa, aprieta el freno cuando se habla de grandeza definitiva.

“Fui campeón en 2018 y subcampeón del mundo en 2022 y este equipo todavía no ha logrado nada”, recordó. Lo dice alguien que ya ha visto la cima y también el vértigo del descenso. “Es, sin embargo, el que tiene el mayor potencial. Hay tantas cualidades en este grupo que te permite soñar”.

El mensaje, pese al elogio, no se mueve un milímetro del guion que quiere el vestuario. Nada de autocomplacencia.

“Hasta donde yo sé, este grupo no ha ganado nada todavía. Siempre he dicho que los equipos más fuertes son los que ganan trofeos. No es el caso de este equipo aún, así que no, no es el más fuerte”, remató Mbappé, poniendo una línea roja muy clara entre talento y legado.

Una selección de era y comparación con la historia

Los hechos sostienen la sensación de estar ante una selección de época. Francia ha alcanzado cuatro de las últimas siete finales de la Copa del Mundo: levantó el trofeo en 1998 y 2018, y cayó en 2006 y 2022. Una regularidad brutal en el escenario más duro.

Si el equipo de Deschamps alcanza la final del 19 de julio en Nueva York, el paralelismo con la vieja Alemania Occidental será inevitable. West Germany jugó cuatro finales entre 1974 y 1990 y quedó instalada para siempre como el arquetipo de “selección de torneo”. Francia se está acercando peligrosamente a ese territorio reservado para muy pocos.

Mbappé, sin embargo, insiste en bajar el volumen al ruido exterior. “Conocemos el potencial de este equipo. Pero tenemos que demostrarlo en el campo. Tenemos confianza, pero aún nos queda mucho por probar si queremos ser considerados un equipo casi imbatible”, advirtió.

Del susto defensivo al muro en eliminatorias

La fase de grupos dejó dudas atrás. Francia enseñó grietas en defensa, desajustes que invitaban a pensar que el castillo no era tan sólido como parecía. Desde entonces, la respuesta ha sido contundente: ni un solo gol encajado en las rondas de eliminación directa.

En el centro del campo, Manu Koné ha dado una respuesta de veterano en un rol de emergencia. Sin Aurelien Tchouameni, lesionado, el mediocentro ha asumido la responsabilidad con una actuación muy seria ante Marruecos, tapando líneas de pase, dando salida limpia y sosteniendo al equipo cuando el rival intentó rebelarse.

El mensaje es claro: donde antes había dudas, ahora hay fiabilidad.

Arriba, la rutina del gol

En ataque, el libreto ya es conocido, pero no por ello menos devastador. Mbappé y Ousmane Dembélé volvieron a marcar y firmaron otra noche de eficacia casi automática. Francia se convirtió en la primera selección en una Copa del Mundo con dos jugadores alcanzando al menos cinco goles desde aquel Brasil de 2002, con Ronaldo (ocho) y Rivaldo (cinco) como dupla letal.

Aquel año, Brasil levantó el quinto y último de sus títulos mundiales. La estadística suena a presagio, pero Mbappé la mira con frialdad. Sabe que, si Francia no llega al menos a la final, todo ese caudal de goles quedará reducido a una curiosidad de archivo.

Los números impresionan. La historia, sin embargo, solo se escribe con trofeos. Y ahí, para esta Francia que asusta a todos, todavía falta el capítulo decisivo.