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Jude Bellingham enfrenta competencia en la selección inglesa

Thomas Tuchel no se esconde. Ni con los rivales ni con sus propias estrellas. Y ahora el mensaje va directo a Jude Bellingham: nadie tiene el puesto garantizado en la Inglaterra que va al Mundial.

El seleccionador inglés, que asumió el cargo en enero de 2025, fue tajante al ser preguntado si el centrocampista de Real Madrid tendrá que pelear por un sitio en el once inicial. “Sí, la tiene”, respondió. Sin paños calientes.

Tuchel matizó a su manera, sin rebajar la exigencia: Bellingham es “uno de los titulares”, pero dentro de un grupo muy cerrado. El técnico habla de “14 o 15 potenciales titulares”, una élite interna en la que el madridista está incluido… pero no por encima del resto. En esta Inglaterra nadie manda por decreto.

De intocable con Southgate a pieza más con Tuchel

El contraste con la etapa anterior es evidente. En la Eurocopa 2024, Bellingham apenas se sentó: solo se perdió 29 minutos en todo el torneo y fue titular en los siete partidos. Era el eje emocional y futbolístico del equipo.

Con Tuchel, el panorama ha cambiado. Desde que el alemán tomó el mando, el centrocampista solo ha sido titular cuatro veces y ha salido tres más desde el banquillo. Lejos de ese rol de intocable que tenía con Gareth Southgate.

Mientras tanto, otro nombre ha ido ganando peso: Morgan Rogers. El jugador de Aston Villa se ha convertido en uno de los hombres de confianza de Tuchel. Ha participado en 12 de los 13 partidos del alemán al frente de la selección y fue el único futbolista presente en los ocho encuentros de la fase de clasificación para el Mundial. Esa continuidad explica muchas cosas.

Lesiones, ausencias y una relación bajo la lupa

El camino de Bellingham hacia este Mundial no ha sido limpio. A sus 22 años, ha tenido que lidiar con golpes físicos y también con fricciones públicas con su seleccionador.

En septiembre se perdió dos partidos de clasificación por una lesión en el hombro. En octubre, ya recuperado, Tuchel no lo convocó para la ventana internacional, que incluía un duelo clasificatorio ante Letonia. Un mensaje fuerte. El madridista regresó a la lista en noviembre, pero una persistente lesión de isquiotibiales le impidió disputar los amistosos de marzo.

En paralelo, la relación entre ambos ha sido objeto de escrutinio constante. Tras una derrota ante Senegal el pasado mes de junio, Tuchel calificó el comportamiento en el campo de Bellingham como “repulsivo”. Una palabra durísima, que el propio técnico se vio obligado a rectificar después con una disculpa pública.

El episodio no quedó ahí. En noviembre, tras la reacción airada del jugador al ser sustituido en un clasificatorio frente a Albania, Tuchel avisó que revisaría su comportamiento. No era una simple reprimenda: era una advertencia de jerarquía.

Un brazalete, un guiño y un “sweet spot”

Y sin embargo, justo cuando parecía que la cuerda se tensaba demasiado, llegó un giro. En el amistoso del sábado ante Nueva Zelanda, en Tampa, Bellingham dejó una actuación que Tuchel no quiso pasar por alto.

Entró tras el descanso, con el marcador aún abierto, y acabó luciendo el brazalete de capitán en la victoria por 1-0. No es un detalle menor. En un vestuario repleto de figuras, el gesto habla de confianza y de responsabilidad.

“Se ve que Jude tiene, seguro, la determinación y el mordiente”, dijo Tuchel después del encuentro. “Es su rasgo clave. Se nota que viene de una lesión y está lleno de energía, feliz de volver al campo”. El técnico recordó que el parón le llegó en el peor momento: en plena fase decisiva de la Champions League y en la lucha por el título en España. Un golpe duro para Real Madrid y para el propio jugador.

Ahora, en cambio, Tuchel percibe otra cosa. Asegura que Bellingham se encuentra en un “sweet spot”: fresco, con ganas de jugar y en plena forma. Justo donde quiere tenerlo antes de un gran torneo.

Una lucha de gigantes… dentro del mismo vestuario

El mensaje de Tuchel es claro: Bellingham es importante, pero no intocable. Forma parte de ese núcleo de “14 o 15 titulares de verdad” que el seleccionador maneja como si fueran piezas intercambiables de altísimo nivel. Un grupo donde también se ha ganado un lugar de privilegio Morgan Rogers, símbolo del nuevo orden que intenta imponer el técnico alemán.

Para Bellingham, acostumbrado a ser el centro del universo allá donde juega, el reto es distinto. Ya no se trata solo de marcar diferencias con el balón, sino de encajar en la disciplina y el código interno de un seleccionador que no perdona gestos, reacciones ni comportamientos.

Llega el Mundial y el escenario es perfecto: un futbolista que se sabe estrella mundial, un entrenador que no regala galones y una Inglaterra con más talento que nunca. La pregunta ya no es si Jude Bellingham puede ser titular. La verdadera cuestión es: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar para que nadie vuelva a atreverse a dudarlo?