Marruecos avanza a cuartos de final del Mundial con autoridad
HOUSTON — Marruecos vuelve a llamar a la puerta de la élite. Ya no como invitado incómodo, sino como huésped habitual. Un 3-0 autoritario ante Canadá lo instala de nuevo en los cuartos de final del Mundial y lo convierte en el primer país africano que alcanza esa ronda en más de una edición.
Mohamed Ouahbi lo resumió sin rodeos: su selección ha dejado de ser una sorpresa.
“Ya no somos una sorpresa. Ahora, cuando la gente habla de Marruecos, somos un candidato importante”, afirmó el seleccionador, a través de traductor. No sonó a eslogan, sonó a declaración de estatus.
Ounahi rompe el partido
Durante 45 minutos, el duelo fue un pulso tenso, físico, trabado. Ocho amarillas en total, cuatro por lado, marcaron el tono de un encuentro que se jugaba al límite. Achraf Hakimi y Richie Laryea se cruzaron en el minuto 40: empujones, caída al césped, revuelo y tarjeta para ambos. El Mundial no perdona distracciones.
Antes, Marruecos había recibido un golpe delicado: la lesión de Ismael Saibari en el 22', obligado a abandonar el campo. Pese a todo, el bloque marroquí resistió el ímpetu canadiense y esperó su momento.
Ese momento llegó nada más arrancar la segunda parte.
Minuto 50. Falta a favor de Marruecos. Hakimi se planta sobre el balón y sirve en corto. Azzedine Ounahi, desde fuera del área, arma la pierna derecha entre un bosque de piernas. El disparo, raso y ajustado, se cuela pegado al palo derecho. Gol. Estallido de la grada. 1-0 y el partido, por fin, con dueño.
El tanto cambió el paisaje. Marruecos se soltó, Canadá tuvo que abrirse y el encuentro se convirtió en un ida y vuelta en el que el oficio marroquí pesó más que la energía norteamericana.
Canadá empuja, Bounou responde
Canadá, coanfitrión de este Mundial y recién estrenado en las rondas de eliminación directa tras eliminar a Sudáfrica, se negó a bajar los brazos. El equipo de Jesse Marsch, sin su gran estrella Alphonso Davies —fuera por una lesión de isquiotibiales que no remitió a tiempo—, siguió buscando la portería de Yassine Bounou.
Las mejores opciones llegaron en el tramo final. En el 78', Jonathan David dispuso de una falta peligrosa desde la frontal. Su disparo, potente pero desviado, se marchó por encima del larguero. Poco después, Tajon Buchanan probó desde unos 30 metros con un disparo envenenado que obligó a Bounou a volar hacia su derecha para firmar una parada de foto.
Bounou, nacido en Canadá de padres marroquíes, terminó con tres intervenciones decisivas y una portería a cero que vale un billete a cuartos. Un símbolo perfecto de esta selección: raíces diversas, identidad clarísima.
“Estamos muy orgullosos de representar a África porque es un continente con mucho talento y África merece estar en el mejor nivel del fútbol”, reivindicó el guardameta.
El golpe final
Canadá seguía vivo, al menos en el marcador. El juego, no tanto. Marruecos olía la sangre y manejaba los tiempos con una madurez que ya no sorprende a nadie.
En el 82', la calidad volvió a decantar la balanza. Brahim Díaz filtró un pase al corazón del área y allí apareció de nuevo Ounahi. Control, derecha seca desde el centro del área y 2-0. Doble para el centrocampista, partido sentenciado.
La selección norteamericana, pese al golpe, continuó empujando con orgullo. Pero el castigo definitivo llegó en el último suspiro. En el minuto final del tiempo añadido, Soufiane Rahimi culminó una contra y firmó el 3-0 que cerró la noche y puso el marcador en línea con la sensación del césped: superioridad marroquí en las áreas.
Choque de discursos
El resultado no impidió que Jesse Marsch defendiera con vehemencia el rendimiento de los suyos ante la sexta selección del ranking FIFA.
“Les dije que estaba orgulloso de ellos y les desafié a entender que podemos jugar así todo el tiempo contra los mejores equipos del mundo. Podemos ser mejores en el día. Y el reto es: ¿podemos mantener ese estándar durante 90 minutos?”, explicó el técnico.
Marsch fue más allá al valorar el partido: “La forma en que presionamos, cómo estuvimos en el partido, la calidad que mostramos, el impacto global en el encuentro, fuimos mejores. Fuimos mejores que el equipo número 7 del mundo hoy”.
Ouahbi, informado de esas palabras, no las dejó pasar.
“En términos de intensidad, estuvieron bien. Estuvieron bien durante 98 minutos. ¿Fueron mejores? Es difícil decirlo. Hay que tener valor para decir eso cuando pierdes 3-0”, respondió el seleccionador marroquí, con una mezcla de respeto y ironía.
Marruecos ya no pide permiso
Marruecos, semifinalista en 2022 y ahora de nuevo entre los ocho mejores, ha convertido la excepción en hábito. Antes eliminó a Países Bajos en los penaltis; ahora aparta del camino a una Canadá que vivía la mejor campaña mundialista de su historia, apenas en su tercera participación.
El guion se repite: bloque sólido, personalidad con balón, pegada en los momentos clave y una convicción que se palpa en cada declaración. “Queremos seguir. No queremos parar”, avisó Ouahbi.
El próximo obstáculo saldrá del duelo entre Paraguay y Francia. La cita, el jueves, en el Boston Stadium. El continente africano mira a su representante con orgullo. El resto del mundo, con respeto creciente.
La pregunta ya no es si Marruecos puede competir con la élite. La cuestión, a estas alturas, es quién se atreve a frenarlo.





