Mbappé rompe el cerrojo paraguayo y clasifica a Francia
Francia sudó mucho más de lo esperado en Filadelfia. En un Lincoln Financial Field abrasado por los 38 grados y un ambiente espeso dentro y fuera del césped, necesitó un penalti de Kylian Mbappé en la segunda parte para derribar el muro de Paraguay (1-0) y sellar su billete a los cuartos de final del World Cup, donde le espera Marruecos.
Durante 70 minutos, el partido fue una batalla más que un ejercicio de fútbol ofensivo. Paraguay, número 41 del ranking mundial, se aferró a su plan con una disciplina férrea y una buena dosis de picardía sudamericana. Línea de cinco atrás, bloque bajo, faltas tácticas, roces constantes con las estrellas francesas. Nada de espacios, nada de ritmo. Justo lo contrario de lo que Francia había exhibido en sus anteriores partidos.
El calor apretaba, el juego se espesaba y la tensión crecía. Mbappé, habitualmente imperturbable, acabó entrando en un encontronazo con Andrés Cubas. Poco después, Matías Galarza soltó un pequeño manotazo lejos del balón al capitán francés. Señales claras de que el plan paraguayo estaba funcionando: sacar de quicio al talento rival, cortar el partido, enfriar cada intento de aceleración.
Francia tenía la pelota, casi siempre. Pero la tenía lejos del área. Condenada a disparos lejanos, sin encontrar grietas entre centrales y carrileros. Manu Koné probó suerte mediado el primer tiempo con un tiro que se marchó rozando el poste tras un desvío. Recién iniciada la segunda parte, obligó a Orlando Gill a una buena estirada para enviar otro disparo por encima del larguero. Eran avisos, no amenazas constantes.
El contexto alrededor del partido dibujaba una gran cita. Día del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, en la misma ciudad donde se firmó la Declaración de Independencia en 1776. Concierto previo sobre el césped, Idina Menzel entonando el himno estadounidense, actuación de The Roots y un sobrevuelo de la Fuerza Aérea. Las verdaderas “luces artificiales” se esperaban de Francia. Paraguay se encargó de apagarlas durante mucho rato.
No era la primera vez que Les Bleus visitaban este estadio en el torneo. En la fase de grupos, una tormenta eléctrica había provocado dos horas de retraso en su 3-0 ante Iraq. Esta vez no hubo rayos ni truenos en el cielo. Tampoco en el juego francés, domado por un rival que venía de eliminar a Alemania en los penaltis y soñaba con otra gesta histórica.
Deschamps veía cómo Michael Olise y Ousmane Dembélé no encontraban la forma de desbordar por fuera. Bradley Barcola tampoco terminaba de pesar en el partido. El seleccionador movió ficha pasada la hora de juego: Barcola al banquillo, entrada de Désiré Doué en la banda izquierda. Un cambio aparentemente menor, pero que alteró la historia de la noche.
Doué pidió el balón, encaró, insistió. En una de esas acciones, se lanzó a través de un bosque de piernas paraguayas. Regate corto, otro paso, un contacto claro de Diego Gómez. El joven francés cayó y, tras revisión, el árbitro uzbeko señaló el punto de penalti. Nada de polémica: falta evidente, castigo inevitable para una defensa que por fin había llegado tarde.
Dembélé se plantó sobre el punto de penalti para protegerlo mientras varios jugadores paraguayos intentaban destrozarlo con los tacos. Escena clásica de partido al límite. Cuando el césped quedó más o menos intacto, apareció Mbappé. Carrera corta, mirada fija, disparo ajustado. Gol al minuto 70. Francia respiraba. Paraguay, que había vivido del alambre, se vio por detrás sin haber disparado a puerta.
El tanto encendió de nuevo al estadio, pero no desató una avalancha francesa. No era un día para exhibiciones. Era un día para sobrevivir. Paraguay, que había ganado por penaltis en la ronda anterior, esta vez quedó herida precisamente desde los once metros. Se vio obligada a adelantar líneas, pero su amenaza ofensiva fue mínima: no logró su primer tiro a puerta hasta el minuto 90.
Mientras tanto, Mbappé siguió ampliando su propia leyenda mundialista. Con este penalti, alcanzó los siete goles en el torneo y dio caza a Lionel Messi como máximo goleador de la competición. Sus números globales asustan: 19 goles en 19 partidos de World Cup. Solo uno menos que el récord absoluto de Messi, que se sitúa en 20. Una carrera que ya no parece una persecución lejana, sino un duelo directo con la historia.
Francia, sin brillar, dio otro paso. No fue una versión de gala, ni una tormenta ofensiva como en sus anteriores compromisos. Pero ganó, mantuvo la portería a cero y encontró soluciones en un partido que se le estaba atragantando. En el tiempo añadido, Mbappé rozó el segundo tanto, como para subrayar que, incluso en un día espeso, siempre tiene un recurso más.
El guion dejó un eco inevitable a 1998. Aquel año, en el mismo cruce de octavos, Francia también necesitó un desenlace agónico para tumbar a Paraguay: un gol de oro. Después levantó el trofeo. Ahora, 28 años después, vuelve a eliminar al mismo rival en la misma ronda, de nuevo con sufrimiento, de nuevo con la sensación de que estas victorias duras forjan campeones.
El equipo de Deschamps regresará ahora a su base en Boston para preparar el duelo de cuartos en Foxborough el próximo jueves, frente a una Marruecos que llega lanzada tras su 3-0 ante Canadá. Filadelfia ya es pasado. Lo que espera es un examen muy distinto: menos cerrojo, más intensidad, otra batalla física y emocional.
Francia no enamoró, pero sigue viva, con Mbappé en plena explosión y el récord de Messi al alcance. La pregunta ya no es si puede ganar. La pregunta es quién será capaz de detener a este equipo cuando los partidos de verdad empiecen a decidir el destino del torneo.





