pasiondecancha full logo

Popovic bajo fuego tras la eliminación de Australia

“De cualquier manera ganás”, decían.
“Pase lo que pase, habrá consuelo”, repetían.

Pero cuando Hossam Abdelmaguid ajustó el cuarto penal de Egipto y dejó a Australia fuera del Mundial, en la mañana del sábado, nada de eso sonó siquiera cercano a la verdad. No había consuelo. Solo un nudo en el estómago. Gutted se queda corto. Exhausto también. Lo único que salía era: “Me siento mal”.

En Dallas Stadium, la campaña de los Socceroos terminó desde los once metros: 4-2 para Egipto en la tanda, tras un 1-1 al cabo de la prórroga. Otro intento, otro golpe en la misma pared: Australia sigue sin conocer la victoria en las fases eliminatorias de un Mundial.

El cambio de arquero y el penal del chico de 18

En el centro de la tormenta, Tony Popovic. El seleccionador defendido con firmeza por la dirigencia, pero cuestionado con dureza por voces históricas del fútbol australiano.

Football Australia salió al cruce de las críticas y aseguró que Popovic sigue siendo “absolutamente” la mejor opción para dirigir a la selección. La palabra oficial es clara. El debate público, no tanto.

El técnico se jugó dos decisiones enormes justo antes de la tanda de penales. Sacó al arquero titular Patrick Beach para darle paso al veterano Mat Ryan. Y eligió a Lucas Herrington, 18 años, para ejecutar uno de los lanzamientos. El chico falló.

Para muchos, el riesgo fue excesivo. Mark Bosnich, exarquero de los Socceroos, confesó estar “asombrado” por la sustitución de Beach. Robbie Slater, otro exinternacional, puso en duda la conveniencia de exponer a un adolescente a ese nivel de presión en el momento más tenso de la noche.

El escenario no ayudaba. Un Mundial, un cruce a vida o muerte, un país buscando su primera victoria en una fase de eliminación directa. Y un chico con la camiseta pesada como nunca, caminando hacia el punto de penal.

El balón no entró. Y la decisión de Popovic quedó marcada.

Francia resiste el calor y se aferra a Mbappé

A miles de kilómetros, otra historia mundialista se escribía bajo un sol implacable. Francia sobrevivió al calor sofocante de Philadelphia y al juego áspero de Paraguay, sostenida por el hombre que parece vivir para este torneo: Kylian Mbappé.

Su penal en la segunda parte, el séptimo gol que firma en este Mundial, selló el 1-0 y le dio a los campeones una plaza en cuartos de final, donde les espera Marruecos. El delantero de Real Madrid sigue pisándole los talones a Lionel Messi en todos los frentes: en la carrera por la Bota de Oro de esta edición y en la persecución del récord histórico de goles en Copas del Mundo.

La tarde fue brutal. Advertencia por calor extremo, 37 grados en el primer tiempo, el ritmo del partido claramente ralentizado. El aire ardía, las piernas pesaban, pero Francia impuso su jerarquía y manejó el encuentro con autoridad.

El tanto de Mbappé lo dice todo: 19 goles en 19 partidos mundialistas. Un promedio demoledor que lo deja a solo uno de los 20 de Messi. Cifras de época.

Un penal que lo cambia todo

Paraguay había resistido, como se esperaba. Cerrado atrás, intenso en cada choque, empujando el partido al límite. El encuentro se calentó dentro y fuera del balón, y la tensión se extendió incluso después del pitazo final, con reproches cruzados entre jugadores de ambos equipos antes de que Francia se volcara por fin a celebrar.

La jugada clave llegó en el minuto 70. Doué cayó en el área, el árbitro dejó seguir y las protestas francesas no tardaron. El VAR entró en acción. Las repeticiones mostraron el contacto claro de Gómez, un tropiezo que no admitía demasiadas interpretaciones.

El colegiado corrió hacia la pantalla, revisó la acción y regresó al campo señalando el punto de penal. Primera pena máxima a favor de Francia en todo el torneo. Dembélé tomó el balón primero, pero fue Mbappé quien se plantó frente al arquero.

Carrera entrecortada. Golpe seco. Disparo ajustado abajo, a la derecha. 1-0.

El gol no solo lo elevó a la cima de la tabla de artilleros junto a Messi. También redujo casi a cero el riesgo de una prórroga en un clima que rozaba lo inhumano.

Paraguay intentó reaccionar con cambios: salieron Gómez y Almirón, entraron Mauricio y Ávalos, buscando velocidad y algo de vida en un ataque que no encontraba caminos. A esas alturas, era más un acto de fe que un plan.

Francia, en cambio, se aferró a lo que mejor sabe hacer: controlar, sufrir lo justo y salir con el resultado en la mano. No hubo segundo gol, pero sí una cuarta clasificación consecutiva a cuartos de final de un Mundial.

Les Bleus se marchan de Philadelphia exhaustos, irritados por la batalla física, pero con su estrella encendida y la historia todavía abierta. Australia, en cambio, vuelve a casa con preguntas incómodas, un técnico bajo la lupa y la sensación amarga de haber dejado escapar otra oportunidad única desde el punto de penal.

Popovic bajo fuego tras la eliminación de Australia