Raphinha regresa al césped: esperanza para Brasil en el Mundial
La imagen que Brasil llevaba días esperando por fin llegó en New Jersey: Raphinha, botas puestas y balón en los pies, volvió a trabajar sobre el césped. No fue una sesión con el grupo, ni mucho menos a pleno ritmo, pero sí un paso clave en su carrera contrarreloj para llegar a los octavos de final del Mundial.
El atacante del Barcelona completó este martes su primer entrenamiento individual en el campo desde que una lesión en el muslo derecho lo apartara de la fase de grupos. Un simple rondo ya habría sido una buena noticia. Verlo acelerar, golpear y cambiar de dirección, aunque fuese con control médico total, cambia el ánimo de todo el campamento de la Seleção.
Trabajo a contracorriente mientras el grupo descansa
Mientras el resto de la plantilla disfrutaba de un descanso hasta la tarde del miércoles, Raphinha eligió el camino opuesto. Nada de desconexión. Nada de pausa. Se quedó en la base de entrenamientos para seguir un exigente plan de rehabilitación, mano a mano con el departamento médico de Brasil.
A sus 29 años, el extremo sabe que está ante el tramo decisivo del torneo y se ha entregado por completo a la recuperación. Sesiones específicas, control de cargas, trabajo de fuerza y una vigilancia casi obsesiva sobre cualquier señal del muslo derecho. Su mensaje es claro: quiere estar listo cuando lleguen los partidos que definen un Mundial.
Pero el cuerpo técnico no se deja arrastrar por el entusiasmo de las imágenes.
Prudencia obligada: Paquetá se suma a la enfermería
El contexto obliga a Brasil a medir cada paso. Lucas Paquetá también está en tratamiento por un problema en el muslo, sufrido en el duelo ante Japón, y el margen de maniobra se estrecha. Con dos piezas importantes tocadas, la tentación de acelerar los plazos con Raphinha es evidente. El riesgo, aún mayor.
Dentro del cuerpo técnico se ha instalado una consigna: nada de heroísmos innecesarios. La prioridad es evitar una recaída que pueda dejar al extremo fuera no solo de este Mundial, sino también comprometer su temporada con el Barcelona.
Según informa ESPN, pese al avance visible, Raphinha sigue siendo seria duda para el cruce de octavos frente a Noruega. Los médicos revisan a diario sus datos, ajustan cargas y reportan directamente a Carlo Ancelotti, que tomará la decisión final a última hora: convocarlo ya o reservarlo pensando en un hipotético pase a cuartos.
Una lesión que se repite demasiado
La frustración del jugador no es casual. Este nuevo contratiempo no es un episodio aislado, sino parte de un patrón preocupante. Es la quinta vez en la temporada 2025-26 que Raphinha sufre un problema en la misma zona del muslo. Barcelona y la propia selección ya lo han perdido en varias ocasiones por distintas molestias musculares.
El último golpe llegó en el 3-0 ante Haití en Filadelfia. En la primera parte, el gesto lo delató. Mano al muslo, mirada al banquillo, y poco después, la caminata lenta hacia fuera, con el rostro desencajado. Raphinha se marchó temiendo lo peor, con la sensación de que su Mundial podía haberse terminado en un suspiro.
Las pruebas, sin embargo, ofrecieron un respiro: se trata de una distensión muscular y no de una rotura completa. Esa diferencia mantiene abierta la puerta a un regreso durante el torneo, siempre que el músculo responda al aumento progresivo de la carga esta semana.
Rayan aprovecha su oportunidad y Brasil se siente cubierto
Mientras tanto, el vestuario no entra en pánico. De acuerdo con ESPN, en la concentración reina la convicción de que el equipo tiene recursos suficientes para superar los octavos sin forzar a su extremo estrella.
La prueba está sobre el césped: en ausencia de Raphinha, el joven Rayan ha tomado el relevo en el once inicial. No es un clon, aporta otra textura al ataque, otra forma de encarar desde la banda bajo el libreto de Ancelotti. Más vertical en algunos tramos, más imprevisible en el uno contra uno, el joven ha respondido al desafío y ha dado oxígeno al plan ofensivo.
Esa irrupción permite a Brasil mantener la calma. El objetivo no es ver a Raphinha “como sea” ante Noruega, sino tenerlo al cien por cien cuando el torneo entre en zona roja. El dilema es evidente: ¿arriesgar ahora para ganar un partido o proteger a un futbolista que puede marcar la diferencia cuando el Mundial ya no conceda segundas oportunidades?





